Los conflictos armados del último año han dejado una huella devastadora en la infancia. Según el más reciente informe de Save the Children, el número de violaciones graves contra niños y niñas alcanzó niveles sin precedentes en 2024, con 41.763 casos verificados, lo que representa un aumento del 30 % respecto a 2023. Este incremento, calificado por la organización como alarmante, evidencia que los conflictos actuales son no solo más frecuentes, sino también “mucho más mortíferos y brutales para los niños y las niñas”.
Más de 520 millones de menores vivieron en zonas de conflicto activo el año pasado —uno de cada cinco en el mundo—, una cifra récord que coincide con el mayor número de guerras entre Estados desde el final de la Segunda Guerra Mundial. África concentra el mayor impacto: 218 millones de niños viven en contextos de violencia, equivalentes al 32,6 % de la población infantil del continente.
Infancia atrapada entre la violencia y el abandono
El informe, titulado No a la guerra contra la infancia: ¿Seguridad para quién?, denuncia cómo mientras los presupuestos militares alcanzan niveles históricos, la infancia está más desprotegida que nunca. “Menos del 2 % del gasto mundial en seguridad se destina al mantenimiento o consolidación de la paz”, advierte la organización.

El documento revela que más del 11 % de la superficie terrestre se encontraba a menos de 50 kilómetros de un conflicto activo y que, en promedio, 78 niños al día sufrieron violaciones graves —asesinatos, mutilaciones, secuestros, violencia sexual, reclutamiento o ataques a escuelas y hospitales—. Más de la mitad de los casos ocurrieron en el Territorio Palestino Ocupado, la República Democrática del Congo, Nigeria y Somalia, siendo el primero el más afectado, donde uno de cada tres niños asesinados o mutilados era palestino.
Desde 2010, el número de menores que viven en zonas de guerra ha crecido en un 60 %, pero las violaciones verificadas se han disparado un 373 %, una cifra que Save the Children interpreta como evidencia de “la profunda erosión de las normas internacionales destinadas a proteger a la niñez”.
“Los niños, no podemos defendernos solos”
Las estadísticas del informe se exponen en los testimonios de niños como Dieu Merci y Fabrice, ambos de 13 años y residentes en la República Democrática del Congo. Sus relatos, recogidos por Save the Children en septiembre de 2025, reflejan el terror cotidiano que han sufrido.
Dieu Merci recuerda cómo una madrugada escuchó gritos y disparos cerca de su casa: “Oí gritos de angustia: algunos pedían ser liberados, diciendo que los soldados los habían rodeado. Otros contestaban: ‘Ustedes llamaron a los soldados, ahora morirán aquí’”. Esa noche, uno de sus hermanos fue asesinado y dos fueron secuestrados. Desde entonces, vive con miedo constante: “Nosotros, los niños, no podemos defendernos solos. Esos hombres atacan sobre todo a los niños”.
El joven congoleño confiesa que a veces “se siente un poco mejor”, pero hay momentos en que “el miedo lo vence”. Su mayor deseo es que el ejército “aumente la presencia en la ciudad, sobre todo por la noche, y que sus hermanos regresen sanos y salvos”.

Fabrice, también de 13 años, sobrevivió a una masacre en una iglesia durante una vigilia de oración. “Dos jóvenes comenzaron a arrebatar los teléfonos, luego llegaron más hombres mayores armados”, relata. “Ordenaron a todos tirarse al suelo y empezaron a disparar al aire”. Los agresores separaron a las víctimas por grupos y ataron a los jóvenes con una cuerda. “Aproveché un momento en que la cuerda se soltó y escapé con tres personas”, recuerda. Desde entonces, vive “en miedo constante” y confiesa tener pesadillas. “Lo que viví me marcó profundamente”, dice, añadiendo que teme incluso ir al pozo por agua, “porque está en el mismo camino que tomaron los atacantes esa noche”.
Ambos testimonios ilustran lo que la directora ejecutiva de Save the Children, Inger Ashing, describe como una tragedia colectiva: “Se trata de niñas y niños que viven y respiran terror, dolor, pena, hambre y sufrimiento”. Para ella, el mundo se encuentra “en una encrucijada crítica” donde “la verdadera seguridad no tiene que ver con las armas o los muros, sino con que los niños y las niñas estén seguros, aprendan y vivan sin miedo”.

Un llamamiento urgente a la acción
El informe insta a los Estados a respetar el Derecho Internacional Humanitario, asegurar el acceso humanitario y aumentar la financiación para la infancia en emergencias. También exige rendir cuentas por las violaciones contra niños y niñas, reforzando los mecanismos internacionales de justicia y apoyando la agenda de la ONU sobre infancia y conflictos armados.
Además, Save the Children pide invertir en la prevención de conflictos y la construcción de paz, integrando la educación para la paz y abordando causas estructurales como la pobreza, la desigualdad o los impactos climáticos. Finalmente, subraya que las voces de los propios niños deben ser escuchadas de manera significativa y segura en los foros donde se decide su futuro.
Como recuerda Gudrun Østby, del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo, “detrás de cada cifra hay un niño o niña cuya seguridad, educación y futuro están en peligro”.


