El 28 de abril de 2025 fue tanto para España como para Portugal una jornada de desconcierto. A media mañana, un fallo en el sistema eléctrico que se originó en España desencadenó un apagón que dejó a millones de personas sin suministro durante horas en la península ibérica. Doce meses después, el episodio sigue generando interrogantes entre los ciudadanos portugueses, que combinan recuerdos de incertidumbre con una sensación persistente de falta de respuestas.
En el centro de Lisboa, la vida fluye con normalidad. Sin embargo, quienes vivieron aquel día recuerdan con nitidez el momento en que todo se detuvo. Paula Cristina Pereira, de 58 años, estaba en su vivienda cuando ocurrió el incidente. Describe a Efe la experiencia como “horrible”, marcada por la imposibilidad de actuar y la ausencia total de comunicaciones. Como otros ciudadanos, expresa dudas sobre la información disponible: “se sabe cuál es el origen y no lo quieren divulgar”.
Su reacción ante esa incertidumbre ha sido práctica. Pereira asegura estar preparada ante una eventual repetición, con un kit básico que incluye linternas, una radio y una pequeña reserva de gas. Esa actitud refleja una tendencia que se repite en varios testimonios: la percepción de que, ante la falta de certezas institucionales, la preparación individual cobra protagonismo.

También en Lisboa, Margarida Costa, contable en el sector sanitario, recuerda el impacto desde una perspectiva distinta. Para ella, el apagón fue especialmente complejo debido a sus efectos en la atención médica y en la movilidad. Lo que normalmente era un trayecto de 45 minutos en transporte público se transformó en una odisea de siete horas. “Fue complicado y estresante”, rememora, señalando además la dificultad para obtener información fiable en medio de rumores y noticias falsas. “No fue hasta pasadas dos horas que entendimos que era a nivel de Portugal entero, España y algunos países de Europa”, afirma.
Un año después, su valoración es crítica. Considera que no se han producido cambios visibles que garanticen una mejor respuesta en el futuro. En su opinión: “A nivel de Portugal, somos dependientes de España y creo que poco o nada fue hecho. Como ciudadana portuguesa no veo nada que desde el Gobierno portugués me diga ‘hemos hecho esto, esto y esto, a partir de ahora si esto ocurre tenemos esta opción’. No la tenemos”.
Los entrevistados coinciden en que durante el apagón, la población mantuvo la calma. Esa reacción colectiva, basada en la cooperación y la paciencia, es vista como un factor clave para evitar consecuencias más graves.

El apagón más grave en 20 años
Tanto el Gobierno español como organismos europeos coinciden en que no hubo una causa única. El apagón se debió a una combinación de factores, entre ellos sobretensiones, oscilaciones en la red y desconexiones rápidas de generación eléctrica. Este encadenamiento de eventos provocó un colapso del sistema en cuestión de minutos.
La falta de un responsable claro ha alimentado el debate. Diferentes actores del sector energético han ofrecido diferentes interpretaciones, lo que ha derivado en una situación de incertidumbre prolongada. Mientras tanto, organismos reguladores han iniciado decenas de expedientes sancionadores por posibles infracciones, aunque estos procesos aún no han concluido y podrían tardar años en resolverse.
En Portugal, el apagón también ha puesto de relieve la fuerte interconexión energética con España. Esa dependencia, clave para el funcionamiento del sistema en condiciones normales, se percibe ahora como una vulnerabilidad potencial. Algunos ciudadanos consideran necesario reforzar la autonomía o, al menos, mejorar los mecanismos de protección ante incidentes externos.
A nivel europeo, el suceso ha sido calificado como el más grave de su tipo en casi dos décadas. Las recomendaciones derivadas de las investigaciones incluyen mejorar la coordinación entre operadores, reforzar la supervisión del sistema y adaptar los marcos regulatorios a un entorno energético en transformación, donde las energías renovables tienen un peso creciente.
Sin embargo, más allá de los análisis técnicos y las discusiones institucionales, en Portugal el recuerdo del apagón también sigue ligado a experiencias cotidianas: hogares sin luz, hospitales bajo presión, desplazamientos interminables y la sensación de estar desconectados del mundo.
Un año después, y aunque la normalidad haya regresado, muchos portugueses no descartan que un episodio similar pueda repetirse. Y ante esa posibilidad, algunos han decidido no esperar respuestas definitivas para empezar a prepararse por su cuenta.
