Aquel 24 de abril, cuando Pedro Sánchez se retiró en La Moncloa para reflexionar, solo su esposa, Begoña Gómez, y José Luis Rodríguez Zapatero sabían que el presidente seguiría al frente de su cargo. Ambos se habían conjurado para convencerle de ello, ambos pertenecen a ese reducido círculo al que aún escucha.
El expresidente del Gobierno ha sido y es un padrino leal y desinteresado de Sánchez pese a que él fue quien urdió el plan para derrocarle de la secretaría general del PSOE en 2016. A diferencia de José María Aznar, Zapatero rema en la misma dirección que su sucesor con la aspiración de preservar su modelo de sociedad. Él resucitó las dos Españas que han mantenido a Sánchez en el poder y hoy engordan a Santiago Abascal.
Zapatero ha puesto su experiencia y contactos al servicio de Sánchez. Le tejió la investidura con Podemos y repitió hazaña con Puigdemont. Aún en las horas bajas de las relaciones con ambos socios, el expresidente del Gobierno ejerce de correo del zar. Siempre amable con Ione Belarra e Irene Montero cuando Pablo Iglesias quería cobrarse la cabeza de Sánchez, siempre comprensivo y convincente cuando el de Waterloo amagaba con sentarse con Alberto Núñez Feijóo.
Zapatero, el ‘amigo’ de Delcy Rodríguez
En Venezuela, Zapatero también es protagonista. Conocida es su relación de amistad con la nueva todopoderosa, con permiso de Trump, Delcy Rodríguez. El expresidente lleva años trabajando con el chavismo convencido de que el régimen sólo se puede cambiar desde dentro.

Parece que Trump ha llegado a la misma conclusión a la vista de la operación exprés con la que sacó a Maduro del poder para colocar a su ‘número dos’. El resultado es una dictadura más conveniente para EE UU. La incógnita es si a futuro también será mejor para los venezolanos o sólo un negocio para las petroleras norteamericanas.
El “dinero por principios” sobrevuela en la intervención de Trump y también en la relación de Zapatero con el régimen. El expresidente ha sido una pieza clave en la excarcelación de presos no sólo en esta ocasión. Su papel como mediador fue determinante para que el ganador de las últimas elecciones en Venezuela, Edmundo González Urrutia, recibiese asilo en España. La pregunta es a qué precio.

En lo moral es evidente que le ha faltado empatía con la oposición venezolana, en lo económico la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) lleva meses rastreando el patrimonio del expresidente que ha aparecido citado en los sumarios referentes al rescate de Plus Ultra y la bautizada trama de los hidrocarburos. Queda por ver si hay o no fundamento en las pesquisas.
Hasta el momento, el único proceso judicial en marcha contra el expresidente es la apertura de diligencias previas en la Audiencia Nacional por una denuncia de Hazte Oír en relación a la colaboración de Zapatero con el ahora preso Nicolás Maduro. El juez tendrá que decidir si los recortes de prensa aportados en la querella son “notitia criminis” y base suficiente para proseguir con la investigación. La doctrina del Supremo lo desaconseja, pero el “caso Bárcenas” se construyó sobre titulares.

El otro frente judicial está en EE UU, desde donde llegan informaciones extraoficiales de que Zapatero figura en la lista de un tribunal de Nueva York que investiga las conexiones del dictador venezolano. Hay quienes apuntan a que el propio Maduro ha dado el nombre del socialista tras su detención.
Ante la declaración del “Pollo Carvajal”
En unos meses se espera que la declaración del ex jefe de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) venezolana, Hugo Armando Carvajal, conocido como “el pollo Carvajal” arroje luz sobre la dimensión de la relación de Zapatero con el chavismo.
La única certeza hoy es que Zapatero es el amigo -según él mismo manifestó al ministro José Luis Ábalos- de la presidenta venezolana Delcy Rodríguez, que a su vez es la elegida por Trump para pastorear su transición descafeinada.
Mano directa con la nueva presidenta venezolana
El hilo directo con Delcy Rodríguez y la ascendencia sobre el chavismo de Zapatero le servirán de salvoconducto ante posibles procesos judiciales en EE UU. Trump tiene en el expresidente del Gobierno un aliado más que un enemigo y Zapatero siempre ha sido un gran mediador.
El golpe en Venezuela que a priori parecía rentable en términos políticos para la derecha se ha tornado en una baza para Sánchez. En los trackings de Moncloa hay brotes verdes a cuenta del perfil internacional del presidente en los últimos días.
El presidente y sus contradicciones
Sánchez se siente cómodo en la contradicción de criticar el imperialismo de Trump y a la vez anunciar el envío de tropas a Ucrania y Palestina dentro de la alianza europea que se promovió en coordinación con la Casa Blanca.
Poco importa que el peso de España cada vez sea menor en el debate europeo o que nuestros vecinos tengan la sana costumbre de aprobar en sus parlamentos las operaciones militares antes de anunciarlas en las redes sociales.
En política ya nada es lo que parece. Trump ha echado a Maduro, pero los que celebran no son María Corina Machado o Feijóo. En la mesa del presidente de EE UU quien pondrá las botas encima de la mesa serán Sánchez y Zapatero.



