La pregunta sobre si conviene dormir con calcetines puestos o es mejor hacerlo con los pies descalzos ha sido objeto de debate durante mucho tiempo. Lo que para algunos es una costumbre incómoda o incluso innecesaria, para otros resulta un hábito indispensable para conciliar el sueño. A lo largo de los años, las respuestas se habían apoyado en la experiencia personal o en consejos familiares transmitidos de generación en generación. Ahora, la ciencia ha decidido entrar en este debate y aportar datos objetivos sobre cómo influye realmente el uso de calcetines en la calidad del descanso.
Un estudio realizado en Seúl analizó en detalle este fenómeno. Los investigadores escogieron a seis hombres jóvenes y monitorizaron distintos indicadores mientras dormían con y sin calcetines: la frecuencia cardíaca, la temperatura de la piel, la temperatura corporal central e incluso la actividad neuronal. El objetivo era comprobar si cubrir los pies tenía un efecto medible en el descanso nocturno.

Calcetines y sueño: más minutos y menos despertares
Los resultados fueron llamativos. Según las conclusiones del experimento, dormir con calcetines no solo ayuda a conciliar el sueño más rápido, sino que también permite descansar más tiempo y con menos interrupciones. En concreto, los participantes durmieron una media de 32 minutos adicionales y tuvieron menos despertares a lo largo de la noche cuando llevaban los pies cubiertos.
El mecanismo detrás de estos beneficios no radica tanto en un cambio drástico de la temperatura corporal interna, sino en la vasodilatación periférica. Al mantener los pies abrigados, los vasos sanguíneos se dilatan, lo que facilita la regulación de la temperatura y manda al organismo la señal de que es momento de relajarse y dormir. Este proceso, además, se convierte en un aliado especialmente útil en climas fríos, donde los calcetines ayudan a mantener la comodidad térmica sin necesidad de aumentar la calefacción del dormitorio.
Un hábito saludable… con matices
Dormir con calcetines, sin embargo, no es una práctica libre de riesgos. Los especialistas advierten que hacerlo de forma inadecuada puede tener efectos contraproducentes. El problema principal es la humedad: mantener los pies cubiertos durante muchas horas puede favorecer la proliferación de hongos y bacterias si no se toman ciertas precauciones.
Por ello, los expertos recomiendan elegir calcetines de tejidos transpirables como el algodón o la lana fina, evitar los materiales sintéticos que no permitan la ventilación y asegurarse de que los pies estén limpios y secos antes de acostarse. También es importante que no sean calcetines demasiado ajustados, ya que podrían dificultar la circulación y generar el efecto contrario al buscado.
¿Conviene a todo el mundo?
La evidencia sugiere que la mayoría de las personas pueden beneficiarse de este hábito, especialmente aquellas que suelen tener los pies fríos o que tardan en conciliar el sueño. Sin embargo, en personas con problemas de circulación, exceso de sudoración o determinadas afecciones cutáneas, puede ser recomendable consultar con un especialista antes de adoptar este hábito de forma rutinaria.
Por eso mismo la ciencia respalda lo que muchos intuían: dormir con calcetines puede mejorar el descanso, al facilitar que el cuerpo regule mejor su temperatura y se prepare para dormir. Si se realiza con las condiciones adecuadas de higiene y utilizando materiales apropiados, este pequeño gesto puede marcar la diferencia entre una noche de sueño interrumpido y un descanso profundo y reparador.