El sueño es fundamental para el crecimiento y el desarrollo de los bebés, aunque sus patrones de descanso son muy diferentes a los de los adultos. Durante los primeros meses de vida, los recién nacidos necesitan entre 14-17 horas de sueño al día, mientras que entre los 4 y los 11 meses se recomienda entre 12 y 16 horas, incluidas siestas, según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Pero es normal que el sueño de los recién nacidos sea una de las principales preocupaciones de las familias, especialmente durante las primeras semanas de vida. Cada bebe tiene si propio ritmo de sueño, y esto hace que muchas familias se pregunten cómo actuar ante los despertares nocturnos o los periodos de sueño más largos. Durante los primeros días, el descanso del bebé debe ir acompañado de una alimentación adecuada y de una evolución favorable de su peso, explica Laura Sánchez Soria, enfermera pediátrica del Hospital Quirónsalud San José.
Aunque un recién nacido que duerme durante periodos prolongados pueda parecer una buena noticia, lo cierto es que es importante prestar atención a la frecuencia de las tomas y a sus necesidades nutricionales. No existe un horario único válido para todos los bebés, por lo que las pautas deben adaptarse a su evolución y a las recomendaciones de los profesionales sanitarios.
No es buena noticia que duerma tanto
Durante los primeros días de vida, los recién nacidos pierden habitualmente algo de peso antes de comenzar a recuperarlo. Lo normal es que vuelvan a alcanzar el peso que tenían al nacer aproximadamente entre los 10 y los 14 días. “Hasta entonces, uno de nuestros principales objetivos será comprobar que come suficientemente y gana peso de forma adecuada”, dice Sánchez Soria.

Por lo general, los recién nacidos necesitan alimentarse entre ocho y doce veces cada 24 horas, por lo que dormir muchas horas seguidas no siempre es beneficioso durante las primeras semanas, advierte Sánchez Soria.
La enfermera señala que, especialmente mientras el pequeño no haya recuperado su peso de nacimiento, puede ser necesario despertarlo para comer. Como orientación general, recomienda no dejar pasar intervalos demasiado largos entre tomas, evitando superar las tres o cuatro horas sin ofrecerle alimento, salvo que su pediatra haya establecido otras indicaciones.
Respetar horas de sueño
A medida que el bebé crece y su alimentación se consolida, las pautas pueden cambiar. Según explica Sánchez Soria, no todos los recién nacidos tienen las mismas necesidades. “El reloj no debe ser nuestro único indicador”, asevera la enfermera.

Cuando el bebé está sano, ha recuperado el peso del nacimiento, continúa ganándolo adecuadamente y realiza suficientes tomas, es posible empezar a respetar periodos de sueño más largos. Esta decisión, no obstante, debe tomarse siguiendo las recomendaciones del pediatra o de la enfermera que realiza su seguimiento.
Por tanto, los horarios ideales dependen de la edad, el peso y la situación particular de cada niño.
La especialista recuerda también que los bebés prematuros o aquellos que presentan alguna situación médica especial pueden necesitar pautas diferentes. En estos casos, es imprescindible seguir las indicaciones individualizadas de los profesionales sanitarios.
Claves a tener en cuenta
Para saber si un recién nacido está comiendo lo suficiente, conviene prestar atención a varias señales que van más allá de la duración de sus periodos de sueño.
Una de las primeras recomendaciones de Sánchez Soria es no esperar siempre al llanto para ofrecer alimento. Es importante identificar algunas señales ya que permite anticiparse y facilitar la toma. “Llevarse las manos a la boca, buscar el pecho, realizar movimientos de succión o estar más inquieto también pueden ser señales de hambre”, explica Sánchez Soria.
El seguimiento del peso también resulta esencial. Las primeras revisiones ayudan a comprobar que el bebé se alimenta correctamente y que recupera el peso perdido tras el nacimiento. La enfermera recomienda prestar especial atención a estos controles durante las primeras semanas, con visitas orientativas alrededor de los siete días de vida y, posteriormente, entre los 15 y los 20 días, de acuerdo con las indicaciones.
Los pañales mojados constituyen otra pista importante para valorar la alimentación y la hidratación. Si moja menos pañales de lo esperado, conviene consultar con un profesional sanitario.
Cuando el pequeño está muy dormido y necesita comer, se puede intentar despertarlo suavemente cambiándole el pañal, quitándole alguna prenda o acariciándolo y hablándole. La idea es estimularlo poco a poco, sin sobresaltos, para facilitar que se alimente.
Por último, hay señales que no deben pasarse por alto. Si cuesta mucho despertar al bebé, realiza pocas tomas, presenta dificultades para comer, moja pocos pañales o no gana peso adecuadamente, es importante consultar con el pediatra. Si resulta difícil despertarlo o muestra una respuesta anormal, necesita valoración médica urgente.
En definitiva, durante las primeras semanas de vida, el objetivo no debe ser que el recién nacido duerma toda la noche, sino garantizar que se alimenta correctamente, gana peso y crece de forma adecuada.
Como recuerda Laura Sánchez Soria, llegará el momento en que pueda dormir durante periodos más prolongados, pero hasta entonces el descanso debe adaptarse a sus necesidades nutricionales y a las recomendaciones de los profesionales que lo acompañan.

