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¿A qué edad pueden quedarse los niños solos en casa?

Lo importante es observar cómo vive las separaciones y ayudarle a desarrollar recursos para afrontarlas

Javier, desde Madrid, nos escribe preocupado porque su hijo de ocho años no soporta quedarse solo ni siquiera unos minutos. Cuando le dice que va a salir a hacer un recado, el niño se echa a llorar. Javier recuerda que, cuando él era pequeño, sus padres podían salir un momento y dejarle en casa. Ahora se pregunta si su manera de acompañar a su hijo está dificultando que aprenda a desenvolverse sin él.

Su duda es muy habitual entre las familias: ¿cómo podemos fomentar la autonomía de nuestros hijos sin provocarles inseguridad? ¿Y qué ocurre cuando, a pesar de su edad, todavía necesitan tenernos constantemente a la vista?

Javier, lo primero que te diría es que cada niño tiene sus propios tiempos. A los ocho años, algunos empiezan a desenvolverse con bastante autonomía, mientras que otros todavía necesitan mucha seguridad para afrontar determinadas situaciones. No podemos establecer una edad en la que todos estén preparados para quedarse solos en casa.

Además, hay una diferencia importante entre que un niño sea capaz de hacer cosas sin nosotros y que esté preparado para quedarse solo en casa. La autonomía es un aprendizaje progresivo, pero también debemos valorar su madurez, su capacidad para reaccionar ante un imprevisto y las condiciones de seguridad.

La autonomía empieza en casa

A veces pensamos que nuestros hijos serán autónomos cuando puedan quedarse solos, ir al colegio sin compañía o resolver sus problemas por sí mismos. Sin embargo, ese aprendizaje empieza mucho antes, en situaciones cotidianas.

Cuando un niño juega en su habitación mientras nosotros estamos en otra estancia, realiza una tarea sin que estemos pendientes de cada paso o busca una solución antes de pedir ayuda, está descubriendo que puede hacer cosas por sí mismo.

Vico Escorcia y Miquel Robusté en 'Femenino, singular'.
Vico Escorcia y Miquel Robusté en ‘Femenino, singular’.
Gaia Audiovisuals

Por eso, Javier, te propondría empezar por ahí. Si tu hijo necesita tenerte siempre a la vista, podéis trabajar pequeñas separaciones dentro de casa. Que juegue un rato en su habitación mientras tú haces algo en otra parte, por ejemplo. Al principio quizá necesite comprobar que sigues cerca. No pasa nada. La idea es que vaya ganando confianza sin sentirse obligado a afrontar una situación que todavía le supera.

También es importante que tenga oportunidades para resolver pequeñas dificultades sin que nos adelantemos constantemente a sus necesidades. Acompañar no significa estar encima de ellos ni evitarles cualquier frustración. Significa ofrecerles la seguridad necesaria para que puedan ir haciendo cada vez más cosas por sí mismos.

¿Qué hay detrás de su miedo?

Si tu hijo llora cuando le dices que vas a salir, conviene averiguar qué le preocupa. Puede temer que te ocurra algo mientras no estás, que entre alguien en casa o que suceda algo que no sepa resolver.

A estas edades, la imaginación puede ser muy poderosa. Un ruido en el pasillo puede convertirse en una amenaza y una sombra puede dar lugar a toda una historia. Lo que para un adulto es un recado de diez minutos, para un niño puede significar quedarse a solas con un miedo que todavía no sabe manejar.

Niño deprimido con síndrome de Asperger sentado solo contra una pared

Por eso, antes de intentar convencerle de que no tiene motivos para preocuparse, escúchale. Pregúntale qué cree que podría pasar y qué es lo que más miedo le da. Quizá descubras que lo que necesita no es una explicación sobre cómo quedarse solo, sino ayuda para comprender aquello que le asusta.

No debemos ridiculizar sus temores ni interpretar automáticamente que hemos hecho algo mal como padres. Que un niño necesite mucha compañía no significa necesariamente que hayamos favorecido su dependencia. Lo importante es observar cómo vive las separaciones y ayudarle a desarrollar recursos para afrontarlas.

De ‘Solo en casa’ a la vida real

Javier, me ha gustado tu referencia a la película Solo en casa. Su protagonista se encuentra de repente sin sus padres y tiene que buscar soluciones, tomar decisiones y desenvolverse por sí mismo.

La historia conecta con una fantasía muy propia de la infancia: sentirse mayor, demostrar que uno es capaz de hacer cosas sin la ayuda constante de los adultos y descubrir recursos que quizá no sabía que tenía.

Podemos aprovechar esa imaginación para hablar con nuestros hijos de situaciones cotidianas. ¿Qué harías si no encuentras algo? ¿A quién podrías pedir ayuda? ¿Qué harías si te encontraras ante una dificultad?

No se trata de llenarles la cabeza de peligros, sino de ayudarles a pensar y a reconocer que existen recursos a su alcance. Porque ser autónomo no significa resolverlo todo sin ayuda. Saber cuándo y a quién pedirla también forma parte de ese aprendizaje.

Eso sí, una cosa es jugar a imaginar que somos mayores y otra dejar a un niño solo en casa cuando todavía no está preparado para hacerlo.

¿Podemos empezar con quince minutos?

Javier, antes de plantearte salir durante quince o veinte minutos, hay que valorar si tu hijo está preparado para quedarse solo y si la situación es segura. A los ocho años no debemos dar por hecho que puede hacerlo, aunque otros niños de su edad sí tengan esa capacidad.

En España no existe una edad general que garantice que todos los menores puedan quedarse solos en casa. La responsabilidad de los adultos es valorar las circunstancias y evitar que el niño quede en una situación en la que no pueda recibir la atención que necesita.

Si todavía siente angustia ante una separación breve, no es necesario forzarla. Podéis empezar por los momentos en los que estáis en habitaciones distintas y observar cómo evoluciona. Si más adelante se plantea la posibilidad de dejarle solo, habrá que valorar cuidadosamente su madurez y las condiciones de seguridad, asegurarse de que sabe cómo contactar con un adulto y que dispone de ayuda si ocurre algo inesperado.

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Y si ese miedo es muy intenso, se mantiene en el tiempo o aparece también en otras situaciones cotidianas, puede ser conveniente consultar con un profesional para comprender mejor qué le está ocurriendo.

Crecer sin tenernos siempre a la vista

Javier, no necesitas conseguir que tu hijo soporte quince minutos sin ti de inmediato. Lo importante es que vaya descubriendo, a través de experiencias adecuadas a su edad, que puede desenvolverse sin tenerte constantemente a su lado.

No todos los niños necesitan el mismo acompañamiento ni avanzan al mismo ritmo. Nuestro papel consiste en ofrecerles oportunidades para crecer, sin hacer por ellos aquello que ya pueden intentar y sin exigirles aquello para lo que todavía no están preparados.

Porque la autonomía no consiste en aprender a estar solos cuanto antes. Consiste en adquirir la confianza y los recursos necesarios para desenvolverse en el mundo, sabiendo también que pueden pedir ayuda cuando la necesitan.