En primera persona

“Es la crónica de una muerte anunciada; cada vez llegan con menos nivel”: el desplome histórico de España en PISA visto desde el aula

España tropieza y consigue el peor resultado de su serie en Lectura, Matemáticas y Ciencias. Tres profesoras españolas explican a Artículo14 las claves del desplome

El informe PISA 2025 ha dejado la peor fotografía de España desde que la OCDE empezó a evaluar a sus estudiantes en el año 2000. Los adolescentes españoles de 15 años han sacado 451 puntos en Lectura, 457 en Matemáticas y 477 en Ciencias, tres cifras que no sólo caen por debajo de la media de la OCDE y de la Unión Europea, sino que superan a la baja cualquier otro mínimo histórico del país. En Lectura, España pierde diez puntos respecto a su anterior peor marca, la de 2006, y 23 respecto a 2022. Pero en las aulas, la sorpresa no es tanta.

“No me sorprende porque las pruebas PISA se realizan con alumnado de cuarto de la ESO y, por ejemplo, en mi instituto hay mucho alumnado que viene de incorporación tardía”, explica Emilia Fernández, profesora de Matemáticas en el IES Gabriel Alonso de Herrera, en Talavera de la Reina (Toledo). “Por lo menos en institutos públicos, como en el que yo trabajo, hay alumnos que han estado tiempo sin escolarizar, o en otros sistemas, y la prueba es una media de muchos alumnos”. Su compañera de centro, Yolanda Fernández, es de letras. Ella imparte Lengua pero la perspectiva el diagnóstico es prácticamente idéntico. “No me sorprende en absoluto. Llevo más de 20 años dando clase y el nivel con el que llegan a la ESO es cada vez menor. Los chavales necesitan cada vez más apoyos y más instrumentos para llegar al mínimo”.

Mónica Sagarna, profesora en el IES San Agustín del Guadalix (Madrid) va más allá del aula concreta y habla de un desgaste acumulado durante años. “Esta es la crónica de una muerte anunciada. Llevamos años y años arrastrando males endémicos en la educación, empezando por unos planes de estudios nefastos, hechos sin cabeza y sin contar con el profesorado”, denuncia. Describe aulas con una diversidad que roza lo inmanejable: “En la misma clase, con 35 alumnos, nos podemos encontrar seis de necesidades especiales, tipo dislexia o TDAH, junto con retraso curricular, junto con altas capacidades, más el resto inmenso de chicos”. A eso suma un profesorado desbordado por la burocracia y unas comunidades autónomas que, a su juicio, anteponen la política a los alumnos.

Una de las aulas del El Colegio de Guardias Jóvenes “Duque de Ahumada” de Valdemoro con un ventilador.

Más esfuerzo pero menos resultados

Uno de los datos que más ha llamado la atención del informe es aparentemente contradictorio: el alumnado español dice esforzarse más que la media de la OCDE, pero obtiene peores resultados. Emilia lo pone en duda directamente: “Si tienen más perseverancia, yo no lo veo. En general, el alumnado tiene poca capacidad de esfuerzo y trabajo. Es la ley del mínimo esfuerzo”. Sí destaca, eso sí, un dato positivo que suele quedar en segundo plano: “He visto también que ha salido muy bien la integración y se sienten bien. No hay tantos chicos aislados y eso es una muy buena noticia”.

Yolanda, por su parte, prefiere mirar hacia dentro antes que hacia el alumnado. “Como docente, me surge una duda. ¿Cómo puede ser que repitiendo e insistiendo en ejercicios aprendan menos? Creo que no lo estamos haciendo del todo bien“, reconoce. “Repetimos contenidos, pero resulta que al final esos contenidos no se han conectado. Es cuestión del estudiante, pero nosotros como profesores tenemos que hacer esa autocrítica. Los niños de hoy en día no son los mismos que hace 20 años. La escuela no es más que un microcosmos de lo que existe en la realidad”.

Sagarna tampoco esquiva el debate de las pantallas, aunque matiza dónde está el verdadero problema. “A esto se une el uso excesivo de las pantallas, la no escritura a mano, la falta de alicientes para un alumnado que encuentra más respuesta en las redes sociales que en la escuela. Y la guinda del pastel, la inteligencia artificial: lo hacen todo con ella, sin control, sin pensarlo, sin leerlo. Antes se quejaban de que todos copiaban de Wikipedia, pero ahora ni siquiera hace falta copiar, simplemente se lo hace la inteligencia artificial”.

TOLEDO, 08/09/2026.- Vista del inicio del curso escolar en un colegio de Toledo este martes. Un total de 382.191 alumnos regresan a las aulas en Castilla-La Mancha, que cuentan con 34.539 docentes en una red integrada por 1.818 centros educativos.-EFE/ Ismael Herrero
TOLEDO, 08/09/2026.- Vista del inicio del curso escolar en un colegio de Toledo este martes. Un total de 382.191 alumnos regresan a las aulas en Castilla-La Mancha, que cuentan con 34.539 docentes en una red integrada por 1.818 centros educativos.-EFE/ Ismael Herrero

¿Dónde empieza el problema?

Ninguna de las dos apunta a un único curso. Emilia cree que tiene que ver más con la irregularidad de cada promoción más que con una etapa concreta: “No creo que esa sea la razón principal. Un año vienen muy preparados y el siguiente, con el mismo tutor, no tanto. Hay años en el que la hornada es mejor y otros no. Normalmente suele ser por una falta de trabajo. Pasan de curso pero sin asimilar conceptos y competencias“. Yolanda evita también cargar contra Primaria: “Yo no quiero poner en duda la labor de mis compañeros. Sin embargo, sí es cierto que este sistema en el que los alumnos pueden pasar con algún área suspensa hace que se agrave la situación en Secundaria. Cuando un alumno pasa con esas carencias porque el sistema lo permite, en la ESO se detectan muy bien. Hay casos excepcionales en los que se superan, pero no es la norma”.

Preguntadas por lo que cambiarían mañana mismo si tuvieran las manos libres, ambas coinciden en que el problema no se resuelve con más repetición, sino con otro enfoque. Emilia apuesta por la motivación: “Haríamos un programa que fomente la competencia lectora y matemática. No solo por la competitividad, sino para motivarles a que quieran aprender más, leer más, que tengan más interés. Intentaría otra forma de transmitirles las matemáticas o la lectura”. Yolanda lo tiene claro desde su asignatura: “Hay unas competencias que son clave y transversales para el resto: la comprensión y la producción escrita, y la profundización en saberes como la gramática o los conceptos literarios necesarios. Con la comprensión y la producción son esenciales”.

Mientras el debate político se reparte responsabilidades entre currículos, leyes educativas y comunidades autónomas, en Talavera de la Reina y en Madrid, hasta tres profesoras del mismo instituto describen un mismo síntoma desde asignaturas distintas: un alumnado que llega cada vez con menos base y al que cuesta cada vez más motivar. La solución, coinciden, no está en un examen más, sino en cambiar lo que ocurre mucho antes de que empiece. Sagarna lo tiene claro: todo pasa por el dinero. “La clave de la solución es una refinanciación de la educación. No podemos ir a mínimos. En mi instituto no hay ordenadores ni para los profesores en las clases. Faltan muchísimos medios, y la ratio es brutal, del tipo 38 alumnos en una clase de bachillerato”, denuncia, mientras responsabiliza a la inspección educativa de mirar hacia otro lado. “Hablo desde la enseñanza pública y realmente estamos en ropa interior”, resume. Sobre los plazos para mejorar, no es optimista: “Cuanto más tiempo se tarde en darse cuenta, peor, mucho peor. Solo espero que este bofetón sirva para que la administración, tanto autonómica como estatal, se dé cuenta del estado en el que está la educación. Precario es la palabra”.

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