“El mal uso de la tecnología en jóvenes es un problema de salud pública”

Jesús Herrero Poza es desde finales de noviembre de 2023 el director general de Red.es, la entidad pública española encargada de promover la digitalización de la administración, las pymes y la sociedad en general. Licenciado en Ciencias Políticas por la...

El director general de Redes.es, Jesús Herrero

Jesús Herrero Poza es desde finales de noviembre de 2023 el director general de Red.es, la entidad pública española encargada de promover la digitalización de la administración, las pymes y la sociedad en general. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid y con un máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política, Herrero ha desarrollado la mayor parte de su carrera en gestión pública y transformación digital, con responsabilidades previas en el Ministerio de Hacienda y en la Secretaría de Estado de Digitalización. Bajo su dirección, Red.es ha publicado uno de los estudios más amplios realizados hasta ahora sobre tecnología y adolescentes, elaborado en colaboración con organizaciones como UNICEF y universidades públicas. Analizamos con él los resultados del estudio.

¿Cuál diría que es la conclusión más reveladora del informe?

Creo que hay un problema complejo en el que intervienen muchas partes y en el que todos tenemos responsabilidad. Instituciones, familias, niños, niñas y adolescentes, plataformas digitales, docentes… Las cargas están distribuidas. Y el gran mensaje es que tenemos que hablar de esto. El informe lanza una idea muy clara: estamos ante un problema de salud pública.

Ese cambio de enfoque es muy significativo. ¿Por qué hablamos de salud pública?

Primero, por una cuestión numérica. El público que analizamos, chicos y chicas de entre 10 y 20 años, suma unos cuatro millones de personas. Cada porcentaje del informe representa a cientos de miles de menores de edad. Pero además, el daño no es individual. Si un menor sufre un uso problemático del dispositivo, lo sufre su familia, su comunidad, su entorno educativo. Esto se traduce en problemas relacionales, emocionales y sociales. No afecta solo a quien lo padece, afecta a todos.

Tenemos un problema con los adolescentes y las violencias machistas
KiloyCuarto

¿Qué tipo de consecuencias están detectando?

Cada vez vemos una correlación más clara entre el uso problemático de los dispositivos y el malestar emocional: depresión, ansiedad, somatización, conductas suicidas. No hablamos aún de causalidad directa, pero sí de una relación evidente. Cuando hay uso problemático, se disparan todos esos indicadores. También empeoran las relaciones sociales y aparecen fenómenos como el acoso escolar, el ciberacoso o un consumo problemático de pornografía.

¿Estamos, entonces, ante una emergencia silenciosa?

Sí. Porque no es solo una cuestión de tiempo frente a la pantalla. Es la ansiedad que genera, la dependencia, el nerviosismo, la sensación de que elementos vitales dependen del dispositivo. Todo eso impacta directamente en la salud mental.

¿Las secuelas son más graves en niñas y adolescentes?

Claramente. Las chicas presentan peores datos en casi todos los indicadores: menor satisfacción con la vida, peor calidad de vida relacionada con la salud, más depresión y más dificultades en las relaciones familiares. Hay un ámbito donde los chicos destacan más negativamente, que es el rol de agresores, pero las víctimas siguen siendo mayoritariamente mujeres.

¿El acoso que sufren ellas es distinto?

Sí. Ellas sufren más acoso sexual y violencia sexual. Cuando hablamos de sexting, presiones para enviar fotos o vídeos íntimos, las cifras de chicas casi duplican a las de los chicos. Y eso no es casual.

¿Podemos decir que una adolescente es más vulnerable en el entorno digital?

Con matices, sí. Las chicas tienen un doble rol: son usuarias de redes, pero también son utilizadas como reclamo dentro de las plataformas. Además, suelen tener una gestión emocional más introspectiva, lo que las hace más vulnerables al daño psicológico. Y hay un factor clave: el consumo de pornografía.

unos niños muestran interés en el teléfono de un amigo que está viendo porno
El consumo de pornografía es más adictivo que el uso del móvil
KiloyCuarto

¿Qué han detectado ahí?

El 57% del alumnado reconoce que en la pornografía se trata mucho peor a las mujeres. Y casi un 9% presenta un patrón compatible con consumo problemático de pornografía, una cifra superior al uso problemático del propio móvil. El porno resulta más adictivo que el dispositivo.

¿Eso tiene consecuencias en las relaciones?

Sin duda. Muchas chicas relatan prácticas sexuales violentas normalizadas: asfixias, control, humillaciones. Todo eso tiene relación con los modelos que se consumen.

También se habla de ciberacoso. ¿Qué lo hace especialmente peligroso?

La escala. Antes, el acoso se limitaba al aula. Ahora continúa fuera, en casa, y se multiplica. Ya no son dos o tres personas, pueden ser cientos. Eso incrementa de forma brutal el daño psicológico.

¿Estamos viendo una relación con el suicidio?

Sí. Hay una correlación clara entre uso problemático de dispositivos y conductas suicidas. No es un dato aislado. Cuando aumentan la ansiedad y la depresión, aumenta también el riesgo.

¿Los docentes están preparados para afrontar esta realidad?

Están haciendo un esfuerzo enorme, pero no estaban preparados para algo así. No tenemos aún una capacidad clara de diagnóstico. Sospechamos que algo va mal, pero no siempre sabemos identificarlo ni responder. Y los docentes están sobrecargados.

¿Podemos decir que los menores están desprotegidos?

Hay avances, pero no es suficiente. Los protocolos existen, pero no siempre funcionan. Faltan recursos y formación. Esto requiere una respuesta mucho más coordinada.

¿Qué papel juegan las plataformas digitales?

Central. Hay modelos de negocio que se benefician de la atención constante y eso implica una responsabilidad enorme. No podemos seguir mirando solo a familias y escuelas mientras las plataformas se desentienden.

¿Y qué hacemos con quienes ya han sufrido el daño?

Ese es el gran reto. No basta con prevenir lo que viene. Hay que reparar lo que ya existe. Hay una generación amplia que ya ha sufrido estas dinámicas y necesita acompañamiento psicológico y social.

A nivel personal, ¿qué le ha impactado más del informe?

Ver a niños y niñas enfrentándose tan pronto a depresión, ansiedad y tristeza profunda. La infancia debería ser un espacio de protección y estamos viendo cómo se rompe demasiado pronto.

¿Le preocupa más el presente o el futuro?

El presente. Porque es donde podemos actuar. El futuro depende de lo que hagamos ahora.

¿Podemos convertir el miedo social en algo positivo?

Sí. El miedo es señal de conciencia. Esto no es un fracaso de padres o docentes, es un fenómeno social que nos ha superado. La solución pasa por generar comunidad, apoyarnos en asociaciones, exigir responsabilidades y actuar juntos.

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