Fallos de protección en los dos primeros asesinatos machistas de 2026

Pilar, la víctima asesinada en Jaén, pidió ayuda y tenía una orden de alejamiento de su asesino. Las instituciones también conocían el maltrato a Grazina, la mujer asesinada en Canarias

Fallos de protección en los dos primeros asesinatos machistas del año
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La primera semana del año deja dos mujeres asesinadas (Pilar y Grazina) y una tercera ingresada en la UCI tras un ataque con arma blanca. Tres episodios distintos, un mismo patrón de violencia, y dos trayectorias institucionales opuestas que vuelven a poner en cuestión la capacidad del sistema para proteger a las víctimas.

Pilar: orden de alejamiento y en VioGén

El primer crimen tuvo lugar en Quesada, donde Pilar, una mujer de 38 años, fue hallada muerta en un paraje de Los Molinos en Jaén con signos evidentes de violencia. La Guardia Civil detuvo poco después a su expareja, un hombre de 61 años, como presunto autor del asesinato. Ambos figuraban inscritos en el sistema VioGén: ella como víctima y él como agresor. Existía una orden de alejamiento en vigor y constaban denuncias previas.

Concentración y minuto de silencio ante las puertas del ayuntamiento de Quesada por el asesinato de Grazina. EFE/José Manuel Pedrosa

Pese a ese seguimiento institucional, la mujer fue asesinada. El caso vuelve a evidenciar uno de los puntos más sensibles del sistema de protección: estar en VioGén no equivale a estar a salvo. La evaluación del riesgo, la eficacia real de las medidas y la capacidad de reacción ante posibles incumplimientos siguen siendo determinantes que, cuando fallan, tienen consecuencias irreversibles.

Grazina: ¿por qué no se le aplicó el Protocolo Cero?

El segundo asesinato se produjo en Las Palmas de Gran Canaria. En el interior de una vivienda fueron encontrados los cuerpos sin vida de Grazina, una mujer de 43 años y de su marido, de alrededor de 60 años. La investigación apunta a un asesinato machista seguido del suicidio del agresor. En este caso, la víctima sí había acudido previamente al sistema, pero su recorrido fue distinto.

Meses antes del crimen, la mujer compareció ante un juzgado de violencia sobre la mujer tras un aviso policial. En esa comparecencia manifestó que no quería denunciar, negó haber sufrido agresiones, aseguró no sentir miedo y rechazó cualquier medida de protección. Como consecuencia, el procedimiento no siguió adelante y la denuncia fue archivada. No se activaron órdenes de alejamiento, pero sí debería haberse puesto en marcha el Protocolo Cero. Un sistema de protección que funciona aunque la víctima no quiera denunciar ni declarar contra su agresor.

Ambos casos reflejan fallos distintos de un mismo engranaje. En Jaén, el sistema conocía, tenía información, había una denuncia y medidas activas, pero no logró evitar el crimen. En Canarias, el sistema detectó una señal de alerta, pero se retiró cuando la víctima no pudo o no quiso sostener el proceso judicial, dejándola sin protección.

La diferencia entre denunciar y no hacerlo no puede interpretarse en términos de responsabilidad individual. Las expertas llevan años advirtiendo de que la retirada o la ausencia de denuncia no elimina el riesgo, especialmente cuando existen indicadores previos de violencia. La obligación de diligencia debida del Estado no desaparece cuando una mujer se acoge a su derecho a no declarar.

Ataque brutal en O Porriño (Pontevedra)

A estos dos asesinatos se suma un tercer caso ocurrido también en las últimas horas del año. Una mujer joven permanece ingresada en la UCI tras ser atacada por su pareja. El pasado 31 de diciembre se presentó gravemente herida en el cuartel de la Guardia Civil de O Porriño tras ser brutalmente agredida por su pareja —que habría utilizado incluso un objeto cortante— ya había sufrido una agresión anterior de extrema violencia a manos del mismo hombre. Aquella paliza, sin embargo, quedó impune.

Una joven permanece ingresada tras sufrir una paliza por parte de su pareja
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Los hechos se remontan a varios meses atrás, cuando la joven, que no supera los 25 años, tuvo que ser ingresada en un centro hospitalario tras presentar lesiones compatibles con una agresión machista de gran gravedad. En aquella ocasión, ella protegió al presunto agresor y aseguró que había sido atacada en la vía pública por desconocidos.

La semana pasada, sin embargo, ya no pudo ocultar lo ocurrido. La mujer apareció en el cuartel de la Guardia Civil con múltiples golpes y heridas por todo el cuerpo, algunas de ellas compatibles con el uso de un arma blanca. Desde allí fue evacuada de urgencia al Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, donde permanece ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos, en estado muy grave. No era la primera vez que sucedía algo así, de hecho el hombre tiene antecedentes por hechos similares y con diferentes mujeres.

Tres hechos en pocos días que vuelven a situar el foco en los momentos críticos —la ruptura, la convivencia forzada, la falta de medidas eficaces— y en los límites de un sistema que, demasiado a menudo, llega tarde o se retira demasiado pronto.

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