CINE

1Los 10 años de Ingrid Bergman: una actriz más que indiscreta

Tal día como hoy, Ingrid Bergman, una de las actrices más carismáticas y rebeldes de la historia del cine, habría cumplido 110 años

Ingrid Bergman cumple hoy 110 años, pero no se nota nada.

Es imposible pensar en algunas de las películas más célebres y celebradas de la historia del cine en general, y de la historia del cine de Hollywood en particular, sin que nos venga de inmediato a la mente el rostro inconfundible de Ingrid Bergman.

Pese a su belleza luminosa, su desarmante sonrisa y encanto germano-escandinavo (la leyenda familiar acerca de sus ancestros judíos parece carecer de fundamento, según sus más serios y sesudos biógrafos), lo cierto es que la Bergman alcanzó las cumbres de su arte dramático siempre o casi siempre en papeles de mujer atormentada, acosada por las circunstancias y al borde no sólo del ataque de nervios, sino de la muerte misma.

Alfred Hitchcock junto a Ingrid Bergman, musa de tres de sus mejores películas

La sacrificada Ilsa Lund de la mítica Casablanca  (1942), capaz de renunciar a su verdadero amor para apoyar no sólo a su esposo, sino la causa antifascista en plena Segunda guerra mundial. La Paula Alquist de Luz que agoniza (Gaslight, 1942) de George Cukor, segunda y brillante adaptación cinematográfica del clásico teatral de suspense psicológico de Patrick Hamilton, amenazada por su encantador, siniestro y criminal marido (estupendo Charles Boyer).

La no menos sacrificada y destinada a la tragedia María, de esa deliciosamente kitsch versión de nuestra Guerra Civil que es Por quién doblan las campanas (1943) de Sam Wood, según Hemingway. O, por supuesto, su trilogía a las órdenes de Alfred Hitchcock: la heroica y entregada psiquiatra Constance Petersen de Recuerda (Spellbound, 1945); la Alicia Huberman de Encadenados (Notorious, 1946), atrapada en el filo del deber y la redención, entre el amor, la muerte y la traición; y la temperamental, alcohólica y aristocrática Henrietta del melodrama de gótico australiano Atormentada (Under Capricorn, 1949).

Ingrid Bergman junto al mítico fotografo Robert Capa, uno de sus amantes.

En todas ellas, la belleza de Bergman y sus dotes interpretativas le permiten pasar de mujer amenazada, sensible e indefensa a fémina empoderada, inteligente y determinada a salirse con la suya, pasando por todo el registro dramático necesario para resultar convincente no sólo en ambos extremos, sino en todo el proceso psicológico interno que conllevan. 

No es raro que así fuera. No tanto, que también, porque a su llegada a Hollywood para protagonizar el remake americano de su película sueca Intermezzo (1936) ya era una reputada estrella dentro del cine sueco y alemán, como por el hecho de haber vivido la tragedia desde su más tierna infancia.

Tenía poco más de dos años cuando falleció su madre, quedando al cuidado exclusivo de su padre, Justus Bergman, quien soñaba con que fuera cantante de ópera. Pero alrededor de su catorce cumpleaños, Justus fallecía también a causa de un cáncer de estómago. El trauma de la muerte de sus progenitores a tan tierna edad la acompañaría el resto de su vida. Para colmo, su tía Ellen, que la había acogido tras la muerte del padre, moría seis meses después debido a una afección cardíaca. 

Pero sería después de transformarse en auténtica estrella, cuando su vida se convertiría en todo un melodrama de dimensiones hollywoodienses. Casada desde 1937, cuando tenía 21 años, con el dentista y médico Petter Aron Lindström —de quien tendría a su hija Pia—, que se trasladó junto a ella a los Estados Unidos, sus relaciones se enfriaron rápidamente con el éxito de Ingrid.

Lindström era profundamente alérgico al estilo de vida de Hollywood y pronto la actriz comenzó una larga serie de romances con amigos y compañeros de reparto: Spencer Tracy, Gary Cooper, Anthony Quinn, Gregory Peck… Además de con el mítico Howard Hughes, el músico Larry Adler o el fotógrafo Robert Capa. Su esposo, como confesó, era consciente de todos estos affaires, pero se resistía al divorcio debido a su dependencia económica. Como se resistió todo lo que pudo cuando llegó el escándalo.

Un escándalo europeo con nombre propio, el del director Robert Rossellini, por el que la actriz sentía auténtica admiración como cineasta y quien la invitó a protagonizar su película Stromboli (1950). Durante el rodaje, estalló un volcánico romance entre ambos, mucho más que una simple aventura. Bergman quedó embarazada del realizador neorrealista casi de inmediato, anunciando su intención de contraer matrimonio con él, lo que hizo tras conseguir el divorcio en México.

Roberto Rossellini con Ingrid Bergman, con ellos legó el escándalo

El mismo mes en el que se estrenaba la película, Ingrid dio a luz a su hijo Renato, al que seguirían en 1952 las gemelas Isotta e Isabella Rossellini, la segunda, futura musa de David Lynch. Con Rossellini rodaría cuatro filmes en total, aparte de Stromboli, Europa ´51 (1952), Te querré siempre (Viaggio in Italia, 1954) y Ya no creo en el amor (La paura, 1954). En su día, fueron fracasos de taquilla e incluso de crítica. Hoy, son considerados justamente clásicos. 

El hecho es que el romance y matrimonio de Bergman con Rossellini causó una profunda y delirante conmoción en Estados Unidos. La más querida de sus estrellas, notable por sus papeles de mujer sacrificada y noble, incluyendo a Juana de Arco (1948), era una adúltera lasciva que había caído en las garras de un vicioso latin lover. Al menos, así lo veían prensa y público de entonces.

Se desató una auténtica campaña de odio contra la actriz, con miles de cartas dirigidas a prensa, productoras y hasta miembros del gobierno condenándola con insultos que harían palidecer a un poligonero alcoholizado. Finalmente, el senador Edwin C. Johnson certificó oficialmente su expulsión del país, instándola a no poner un pie más en los Estados Unidos.

Naturalmente, también recibió apoyo de muchos artistas e intelectuales, entre ellos John Steinbeck y Hemingway, Cary Grant o Helen Hayes. En Suecia, el cada vez más activo movimiento feminista hizo de su causa bandera, oponiendo la libertad personal de la actriz y su independencia a la persecución instrumentalizada por los sectores conservadores, reaccionarios y religiosos más moralistas y virulentos, tanto de Estados Unidos como de su propio país de origen.

Yul Brynner e Ingrid Bergman en Anastasia (1956), triunfal retorno de la actriz a Hollywood

Finalmente, tras el declive de su relación con Rossellini, que efectivamente resultó un poco demasiado latin lover, celoso y posesivo, la actriz se divorció de nuevo en 1957. Poco antes, en 1956, tras protagonizar algunas obras teatrales y películas más en Europa, el director estadounidense de origen ucraniano Anatole Litvak se empeñó en que protagonizara su Anastasia, consiguiendo que volviera a Estados Unidos, pese a la oposición de muchos. La película fue un éxito absoluto. Bergman logró su segundo Oscar. Y nada conquista mejor el perdón de Hollywood que el éxito.

Ingrid Bergman como Golda Meir, su último papel y su último galardón

En 1958, Ingrid Bergman volvió a casarse, esta vez con el empresario teatral sueco Lars Schmidt. Aunque el matrimonio terminó también en divorcio, en 1975, ambos mantuvieron siempre buena relación y Schmidt estuvo junto a ella prácticamente en el lecho de muerte, cuando falleció a causa de un cáncer de pulmón en Londres, el 29 de agosto de 1982, la medianoche de su 67 cumpleaños, poco después de haber conquista su segundo Emmy por Una mujer llamada Golda, telefilme biográfico de la líder israelí Golda Meir, que ya no llegaría a ver.

Hoy, 43 años después, es justo recordar que Ingrid Bergman fue tanto una excelente actriz de teatro, cine y televisión, ganadora de tres Oscar, como una deslumbrante estrella de la era más glamurosa de Hollywood. Una belleza incomparable, pero también y quizá sobre todo, una mujer culta y moderna que se atrevió a desafiar el machismo, la intolerancia y el puritanismo conservador de su tiempo, para hacer valer su independencia y así, al mismo tiempo, la de todas las mujeres.

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