“Balcells sabía que ‘los editores engañan’”: la trastienda del libro contada por quien apostó por autoras

En 'Personaje secundario', el editor Enrique Murillo repasa medio siglo de trastienda literaria —de Carmen Balcells a Dulce Chacón— y reivindica el papel decisivo de las mujeres en un sector marcado por el poder, el dinero y las jerarquías culturales

Enrique Murillo, editor, traductor y escritor, ha publicado con Trama Editorial un libro que es mitad memorias, mitad manual de edición. Se llama Personaje secundario y tiene más de quinientas páginas que fluctúan entre lo sorprendente, lo triste, lo jocoso y lo informativo. Murillo nos responde por videollamada y lo que aquí sigue es tan solo un poco de todo lo que nos contó para Artículo14.

Empiezas el libro hablando de de tu infancia y de tus orígenes. En la Barcelona y el Londres de tu juventud coincidisteis personas que quizá en otro contexto jamás hubieseis trabajado en la cultura.

A mí hay palabras que me dan repelús. Por ejemplo, la palabra cultura, porque la usan los políticos, entonces ya no tiene nada que ver con lo que yo llamaría cultura. Prefiero evitar la palabra. Yo nazco en la España gris, oscuro, del franquismo en el año 44. A los cuatro años ya sé leer bien y a los cinco ya leo mucho. Y digamos que yo no sé si estoy en el mundo de la cultura, pero sí en el de la lectura. A mí lo que más me ha gustado de pequeño, porque me salvaba, me salvaba la vida literalmente, era leer. La otra cosa que me salvaba la vida era jugar a fútbol. Me gustaba mucho. Y porque leía, seguí leyendo, excepto un periodo así de la adolescencia, en que me dediqué más al ligar y otras cosas. Pero luego recuperé la lectura en sí otra vez, y ¡oh, maravilla! De repente si lees este libro y haces un informe, te pagan. Y así entro yo en todo esto.

¿Cómo empezaste a elaborar informes?

Yo estudié Filosofía e hice una tesis doctoral en inglés. En Anagrama me pagaban por traducir y por leer. Como casi siempre, todas estas cosas estar muy mal pagadas. Y da la casualidad gigantesca de que me pasan un libro de 800 páginas, para que conteste la pregunta de si ese libro va a vender o no. Imagínate lo que es pagar una traducción de 300 páginas en una editorial que en ese momento apenas publicaba literatura. Acerté en que ese libro iba a vender. Era La conjura de los necios. Luego acerté en señalar al editor que Álvaro Pombo era el único escritor que se había presentado al primer premio real de novela.

El editor Enrique Murillo
El editor Enrique Murillo
J. Marimon

¿Así te convertiste en editor?

Así empecé. La función que tiene el editor, entre otras, es elegir. Elegir qué se publica pensando en calidad y pensando también en. En que tenga lectores. Las dos cosas a la vez.

En el libro se aborda sin tapujos la parte económica de la edición.

En las memorias de editores –en el sentido patricio de la cuestión grandes fortunas–  se pasa de puntilla sobre el tema del dinero. Este libro nace por mi sentido de la necesidad de enseñar qué es la edición a mis alumnos del Máster de Edición de la Autónoma. Este libro, antes de escribirlo, lo he contado.

Con la salvedad del dibujante Vázquez, creo que es la primera vez que leo a alguien hablar abiertamente de la edición como parte de la burguesía catalana.

La burguesía catalana la conozco bien porque eran los clientes de mi abuela paterna, que era modista, y les hacía vestidos para ir al Liceo y para las bodas y los trajes de té, que se llamaban entonces. Te lo explico con una imagen. Mi abuela está con mi edad de ahora, ochenta y algo, de rodillas en el suelo, sobre un almohadón. Lleva un acerico en el brazo izquierdo, alfileres en la boca, y tira de una pieza de tela que está apoyada en el suelo y la enrolla alrededor del cuerpo de una señora. La señora está de pie, mi abuela está de rodillas. Y mi abuela cobraba muy bien porque hay muy pocas modistas de alta costura. Hay una actitud desdeñosa desde la burguesía, de la alta burguesía catalana, hacia todo lo demás. Y esa actitud desdeñosa ahora ya se mezcla mucho con el racismo. Es, digamos, una de las formas más crueles, infundadas e innecesarias de relación entre seres humanos que he tenido que padecer.

Al leer Personaje Secundario te das cuenta de que hay muchas mujeres en el mundo del libro.

Hay muchas mujeres, y entre otras muchas mujeres editoras. Y fuera de España he tenido mucha amistad con muchas mujeres editoras, agentes, etc. En la época de Anagrama, cuando me llegó el manuscrito del El Sur y Bene, de Adelaida García Morales, yo me fui corriendo al despacho de Herralde para decirle que teníamos un auténtico genio de la narración en España y no nos habíamos enterado. Era buenísima, buenísima. De hecho, fui yo quien se empeñó en que ella ganara el premio Radionovela al cabo de un año o dos. Y fui quien publicó el primer libro de ficción de Laura Freixas, por ejemplo. Luego en Los Libros del Lince publiqué a Raquel Taranilla, que luego ha sido Premio Biblioteca Breve, y a Lucía Lijtmaer, nada conocida entonces. Una de las escritoras que más me gusta haber descubierto (y casi todas son autoras que ya habían sido muy despreciadas por muchos editores) es Dulce Chacón. Dulce, cuya hermana gemela ha seguido escribiendo, pero empezó a escribir mucho más tarde que Dulce, era una novelista extraordinaria; la conocí por casualidad, ella lo contó como si fuera un cuento de hadas y yo fuera ahí algún personaje mágico de un cuento, que es lo mejor que me ha pasado en la vida.

'Personaje secundario', de Enrique Murillo
‘Personaje secundario’, de Enrique Murillo

Uno de los personajes que más aparecen en el libro es la representante Carmen Balcells. ¿Qué la movía? ¿El dinero, la literatura, el trabajo?

Desde luego que era el dinero, pero además era lectora.  Intentaba ser lo más fría posible, pero no es que no tuviera emociones, pero las emociones lectoras las tenía que contener. Carmen Balcells sabía que, si tú eres demasiado amiga de tus autores o de tus clientes, no tendrás el pulso fuerte y la frialdad necesaria para hacer bien tu trabajo, que es conseguir que estos malditos editores que engañan siempre a los autores y no les dicen todo lo que han vendido y les roban parte de los royalties que les corresponden. Ella se hizo agente porque vio que había dinero a ganar, se podía vivir en el centro de París, ella tenía una casa en la Bora Nova y dos pisos en la Diagonal de Barcelona. Ella triunfó, lo que pasa que al final hizo muy mal su trabajo y acabó la empresa bastante endeudada hasta que más o menos la resucitaron al morir ella. Se pasó un poco de frenada y viendo la pandilla de pícaros con la que tenía que jugar,  aplicaba unas reglas propias. Decía “mira, Enrique, yo tengo cinco autores buenos y 500 autores bastante buenos, pero yo sé que sólo viviré de los buenos”. Entonces, cada vez que ella conseguía contratar una novela nueva de Eduardo Mendoza, de Juan Marsé, de García Márquez, de Vargas Llosa, entonces tenía que intentar colocar el resto de autores que tenía que no eran tan buenísimos y por los cuales no se podían conseguir cantidades enormes.

¿Qué opinas de la autoficción, tan en boga?

La calidad o falta de calidad de una obra literaria jamás depende del género. Por ejemplo, Mariana Enríquez es una narradora extraordinaria. Ahora está muy bien clasificada con la cosa esta del terror y todo esto, pero en realidad ella no es una escritora de ese género, simplemente cuenta historias y la cuenta de manera extraordinaria, como solo puede contar alguien que ha nacido en un país como Argentina, donde llevan un siglo y medio de grandes narradores, de Borges para acá. Esto por desgracia, no es lo que ocurre en España.

No hablas, creo que más ni una palabra de novela romántica en Personaje secundario, que imagino que es un género muy denostado, pero que por lo visto vende muchísimo, especialmente entre los jóvenes.

Sí que hablo de novela romántica porque hablo de la novela de la señora Ana Rosa Quintana. Por ella, pero no escrito por ella. Yo en Plaza y Janés era el director editorial y por lo tanto firmaba todos los contratos y de repente entraba Ángela, mi secretaria, me agarraba y decía “Murillo, no te vas a levantar de aquí hasta que firmes todos estos contratos”. Y venía con un montón así. Y allí firmaba muchas novelas románticas, las de Danielle Steel de tres en tres cada año, que en Estados Unidos salían con un millón y pico de ejemplares de primera edición en tapa dura y luego un millón y medio en primera edición en bolsillo. Imagínate lo que vendía. Aquí pagábamos un dineral por imposición de la compañía madre de Bertelsman y nos vendíamos más de 6.000. Perdíamos dinero a chorros con Danielle Steel hasta que (España que es única, un país misterioso, incomprensible) resulta que por ser la autora de novelas que copiaba Alfonso Rojo, el cuñado de Ana Rosa Quintana, que es quien escribió la novela que luego firmó Ana Rosa. Como era la copiada entonces se hizo popular y empezó a vender mucho más. Esto es lo mismo que… ¿Cómo es posible que en un país alguien es pillada in fraganti firmando un libro que no ha escrito, confiesa no que ha hecho esto, que es un delito, sino que confiesa que su ordenador ha hecho cosas por su cuenta y le ha mezclado novelas que tenía el ordenador entre sí, cosa que antes de la inteligencia artificial no se podía hacer? En un país como Francia o Alemania, una presentadora de televisión, por famosa que sea, tiene que retirarse de ese oficio porque la gente estas cosas no las perdona. En España no. Ella se hizo más famosa y Danielle Steel de paso, y Bertelsman resultó beneficiada de toda esta tontería.

Volviendo a la pregunta, no es lo mismo novela romántica tradicional que romantasy. Es decir, novela romántica mezclada con fantasía y diversos grados de Spicy One, Spicy dos, Spicy Three. Lo que leen mis últimas alumnas del máster de Edición. Hay una de ellas (de muchísimo talento, por cierto, y espero que algún día sea editora) que había leído mucha novela de romantasy desde los 15 o 16, que es cuando se empiezan a leer, hasta los 20 algo, y a partir de ahí empezó a leer ya cosas un poco más serias.

O sea que abandonó el mundo de Wattpad.

La principal cualidad es que son autoras tan jóvenes como las lectoras, pues de quince, dieciséis, dieciocho años, y los personajes tienen esa edad. Es incomprensible que nadie las lea porque son torpes narrativamente, que no te puedes ni imaginar una escena que da para una página en esas novelas da para 10, y por eso todos son trilogías, bilogías y no sé cuántas cosas más. Eso sí que ha crecido muchísimo. La novela romántica en general ha subido mucho, pero no tantísimo.

Libro 'El odio', de Luisgé Martín
Libro ‘El odio’, de Luisgé Martín

Me gustaría conocer tu opinión sobre el caso del libro El odio, de Luisgé Martín.

Si tú has tenido ese libro a tu disposición para decir sí o no, y no te has dado cuenta de que hay problemas, es que hay un problema anterior. Ese es un libro que, digamos, seguro que el autor hizo lo mejor posible y creyendo que además estaba haciendo una cosa que había que hacer y seguramente con las mejores intenciones del mundo, es decir, hacer la radiografía de un loco asesino, de una bestia. Bueno, se puede escribir sobre eso, claro que sí. Pero ¿qué pasa cuando ese manuscrito el autor se lo manda, por ejemplo, primero a su agente, luego el agente se lo pasa a la editorial que publica la obra anterior de ese autor y va pasando por manos y nadie se da cuenta de que a lo mejor hay que hacer algo ahí? A lo mejor hay que darse cuenta de que si hay otra parte afectada, y estamos hablando de un libro de faction, una especie de ficción sobre hechos, esa otra parte a lo mejor tiene que ser escuchada por quien escribe el libro. No es lo mismo que A sangre fría, porque ahí las víctimas mueren todas, y entonces los asesinos que están en la cárcel son los que pueden contar. Que no se hayan tomado los pasos adecuados significa que nadie leyó el libro como debe leerse en el mundo de la edición. No era un libro urgente, no era un libro que había que sacar hoy mismo, porque mañana dejaba de ser interesante el asunto que se trata. No era un libro perfecto tampoco, parece ser. Yo no lo he leído. Hay gente a quien le ha gustado y otros que no.

Ya para cerrar, ¿ha habido represalias por lo que cuentas en el libro?

Un par de personas han hecho llamadas pasivo agresivas, diciendo “Cómo te has atrevido a contar esto”.

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