Juana Olmedo pasa siete horas al día trabajando sin luz natural, en el interior de una mina. Es operaria de retroexcavadora, una máquina enorme pero que requiere de una precisión milimétrica para garantizar la seguridad de quienes están bajo tierra. Ha pasado de trabajar en el campo, al aire libre, a la oscuridad del subsuelo, con el mantenimiento de las pistas por las que circulan otros camiones y maquinaria pesada.
“No es una vocación de toda la vida en el sentido estricto porque siempre me he dedicado al sector agrario y he trabajado en el campo. Pero sí es verdad que desde pequeñita me han gustado la maquinaria y todo lo que tenga que ver con el motor”.
Este trabajo surgió gracias a una amiga del sector de la minería que lidera una comunidad llamada la Comunidad de Mara, centrada en la igualdad, la visibilización de las mujeres y la integración femenina en sectores tradicionalmente masculinizados. “Fue ella quien me habló de la oferta y decidí probar. Al final fue una mezcla de oportunidad y de algo que, en el fondo, siempre me había gustado”.

El grado de responsabilidad de su trabajo es muy alto. De ella depende que no haya sustos en la mina. “Mi trabajo en la mina consiste principalmente en el mantenimiento de las pistas del interior. Hay muchísimo tránsito de maquinaria pesada, camiones y otros vehículos, y todo ese movimiento provoca un deterioro constante del terreno, agravado también por el agua que corre de forma continua en el interior. Es fundamental señalizar correctamente las zonas donde estás trabajando, colocar balizas, avisar al resto de equipos y coordinarte bien con el tránsito de maquinaria. Todo tiene que estar muy controlado, porque cualquier descuido puede afectar directamente a la seguridad”. El miedo inicial por un trabajo tan exigente se convirtió en algo más llevadero.
“Cuando no conoces cómo se trabaja en el interior de una mina, es normal que se tenga respeto, y creo que ese respeto no se debe perder nunca. Al principio, en mi caso, tenía más pensamientos negativos precisamente por el desconocimiento. No sabía bien cómo sería el día a día ni a qué me enfrentaría. Con el tiempo, cuando vas entendiendo el entorno y cómo funciona todo, ese miedo inicial desaparece. A día de hoy lo llevo muy bien y me siento tranquila y segura en mi trabajo“.
Trabajar tantas horas sin luz natural no le ha pasado factura a su estado de ánimo. “Me gusta el trabajo que hago, me siento cómoda en él y eso hace que no me pese estar tantas horas bajo tierra. Además mi turno siempre es de mañana, de lunes a viernes, y la verdad es que me resulta bastante llevadero. Sé que en la minería hay personas que trabajan turnos de mañana, tarde y noche, y eso sí puede resultar más duro”.
Ser mujer en un sector masculinizado, dice, es hoy más común que hace años, aunque todavía queda un poso de prejuicio que a veces le obliga a demostrar más que sus compañeros. “Las están bastante más avanzadas que hace años. Sigue siendo un sector donde hay más hombres que mujeres, pero cada vez hay muchísimas mujeres trabajando en minería. Aun así, en algunos momentos sí sientes que tienes que demostrar un poco más, porque todavía existe la idea de que puedes ser menos capaz por ser mujer. Yo no lo comparto. Creo firmemente que no depende de ser mujer u hombre, sino de las cualidades, las ganas y la actitud de cada persona”.
También ha escuchado comentarios machistas, aunque no le han marcado: su manera de gestionarlos es seguir trabajando y dejar que hablen los hechos. En un entorno donde todos dependen de todos, su rendimiento coloca las cosas en su sitio. “Sí, me he encontrado con algún comentario machista porque por desgracia todavía existen, y hay mentes que siguen siendo bastante cerradas. Pero nunca han sido algo que me haya afectado de forma profunda. Tengo claro quién soy, lo que valgo y el trabajo que hago, y eso pesa mucho más que cualquier comentario fuera de lugar. Al final, cuando demuestras con hechos tu trabajo y tu constancia, esas actitudes se van quedando en un segundo plano. En la mina trabajamos todos juntos y cada uno tiene su función. Yo confío en mis capacidades y sé que puedo desempeñar mi trabajo igual de bien que cualquier compañero”.
Ahora, dice, hay más vías para que una mujer llegue a este tipo de empleos. Es optimista, cada vez hay más oportunidades y más normalización. “Hoy en día hay más facilidad que hace años. Aunque todavía existen barreras, las oportunidades son mayores y cada vez hay más mujeres en minería. Lo que más me enorgullece es terminar las tareas del día y ver que todo está hecho correctamente junto con mis compañeros. Me llena de satisfacción cuando ellos mismos nos dan la enhorabuena por el trabajo bien hecho”.
El género acaba siendo anecdótico, secundario. Lo que importa es que sus compañeros confíen en su trabajo, “Es una evolución: ver cómo confían en mi trabajo, cómo lo valoran y cómo lo agradecen”. El respeto, dice, “se gana día a día”.
