Casi 100 kilómetros separan Ourense de la playa más cercana, en la costa de Pontevedra.
Es el camino que recorrió Elena Martínez (Ourense, 1998) para estudiar Oceanografía en la Universidad de Vigo. La ciencia y los misterios del mar, sus dos pasiones, unidas en alternativa profesional para su futuro. Cambió el Atlántico por el Mediterráneo y recaló en Valencia para cursar un máster en Biotecnología Marina. En La Rochelle, Francia, completó su formación.
Inesperadamente, un mensaje de LinkedIn conectó su formación y el mundo real.
Era de Andrés Bisonó, ingeniero mecánico y con un MBA en el MIT. Buscaba un perfil que le ayudara a liberar las costas de algas invasoras y darles un nuevo uso. La joven, que había hecho su trabajo de fin de grado en algas y el de fin de master en valorización de residuos, no se lo pensó.
Convencida de que “la línea que separa el residuo de la materia prima es muy frágil”, según ha explicado a Cadena Ser, Martínez puso rumbo al Caribe. En tres años, han recolectado más de 30 millones de toneladas de sargazo en República Dominicana, México, Antigua y Barbuda, Puerto Rico y San Bartolomé.
Finalista del Premio Princesa de Girona 2026 en la categoría CreaEmpresa, seleccionada por Forbes en la lista de jóvenes menores de 30 años con más impacto y por la Fundación Alberto II de Mónaco por su compromiso con la sostenibilidad y la acción climática, es doctora en Biotecnología y Biomedicina por la Universidad Católica de Valencia.
Tras años de trabajo en el Caribe, su próximo objetivo es ayudar a los pescadores españoles. Empezará en su Galicia natal.
Algas: residuo y materia prima
Las algas son el enemigo de los turistas y de las vacaciones: pueden llegar a alcanzar los dos metros de altura en algunas playas. Pero lo son aún más de las especies marinas y los pescadores. Cuando llegan las algas, el 90% de la vida marina desaparece: los peces mueren por la falta de oxígeno o huyen. Y, con ellos, el sustento de muchas familias.
Ahí es donde entra SOS Carbon, el proyecto de Bisonó y Martínez. “Transformamos las embarcaciones tradicionales en recolectoras de algas, como salchichas flotantes“, explica la oceanógrafa.
Cada embarcación puede extraer 700.000 kilogramos por día antes de que lleguen a la costa. Además de eliminar el peligro, los 180 pescadores de SOS Carbon reciben un sueldo mensual.
La otra mitad del proyecto, SOS Biotech, del que Martínez es cofundadora y responsable de Tecnología (CTO) busca una segunda vida a las algas.
“Se convierten en bioestimulantes, suplementos vitamínicos que aumentan la resistencia del cultivo, y en sustratos para tratar la tierra cuando la producción se ha sobreestimulado y se vuelve infértil“, explica. Son productos que se comercializan en el Caribe y Norteamérica, y que reemplazan componentes sintéticos y derivados del petróleo.
Como recuerda la veinteañera, las algas, aunque de forma discreta, siempre han estado presentes en nuestra vida cotidiana, tanto en productos cosméticos como en el alginato, que utilizan los dentistas para los moldes de los dientes.
“La sostenibilidad requiere cambios, pero el cambio no es malo. La humanidad tiene mucho que aprender”, sostiene.
El efecto del cambio climático

Ahora, SOS Carbon y SOS Biotech forman Grupo BlueGea junto a la Fundación Terra & Marre, una ONG comprometida con el impacto social y ambiental.
Según las estimaciones de BlueGea Group, el mercado de las algas alcanzará los 11.000 millones de dólares (9.550 millones de euros) a nivel mundial en 2030. El de los bioestimulantes moverá 6.000 millones de dólares.
De hecho, la NASA ha señalado recientemente que los registros de junio apuntan a 2026 como el segundo año con mayor cantidad de alga parda flotante desde que hay registros satelitales en el gran cinturón de sargazo del Atlántico, que se extiende desde la costa oeste de África hasta el golfo de México.
“El aumento de la temperatura y del dióxido de carbono en la atmósfera, así como los vertidos de nutrientes, ya que hasta el 40% de los fertilizantes llegan al mar porque los cultivos no los absorben, están favoreciendo la proliferación de las algas”, señala.
Un escenario al que también se enfrenta España, en su caso con la variante asiática rugulopteryx, que ya afecta a Canarias, Andalucía y Galicia. BlueGea Group espera conseguir la certificación para empezar a trabajar lo antes posible: “Este modelo de negocio puede generar muchos beneficios en cualquier ciudad costera”.


