A la subida del precio del alquiler, y de la vivienda, le sigue otro incremento silencioso que también copa el sueldo de muchas familias. Los costes relacionados con el hogar. Desde suministros hasta reformas, pasando por reparaciones y mantenimiento, estos gastos, que a priori no son tan voluminosos, también pesan en la economía cotidiana. Y dejan, como de costumbre, un panorama mucho más adverso entre las mujeres, quienes cuentan de media con menor poder adquisitivo que los hombres debido a la brecha salarial.
En este sentido, y según datos del informe ‘III Barómetro Planeta Propietario’ de Grupo Mutua Propietarios, un 34% de ellas reconoce enfrentar bastantes o muchas dificultades a la para cubrir estos gastos, frente al 28% de los hombres. Aunque la diferencia absoluta pueda parecer modesta – de apenas seis puntos porcentuales-, en términos relativos revela que las mujeres tienen un 21% más de probabilidad de verse atrapadas por el peso económico del hogar.
Principales alzas en los gastos
El estudio, elaborado del 27 de octubre al 4 de noviembre a partir de 2.339 entrevistas repartidas proporcionalmente en cada Comunidad Autónoma, pone el acento en las variables que han condicionado esa principal alza en los gastos. La mayoría de los consultados percibe un aumento más acusado en los costes vinculados a los suministros básicos, como agua, luz o gas, señalados por el 51% de los participantes. En segundo lugar, un 28% identifica un incremento notable en los impuestos relacionados con la vivienda, como el IBI o la tasa de basuras.
Otros conceptos también mencionados, aunque con menor intensidad, incluyen el alquiler (15%), los seguros del hogar (13%) y los gastos de comunidad (11%). Así, la percepción de repunte de costes se concentra principalmente en los pagos fijos e inevitables del hogar. Aspectos como la hipoteca (9%), las mejoras en la vivienda (6%) o el precio de mobiliario o electrodomésticos (3%) se perciben como menos afectados.
La percepción de aumentos en la renta del hogar se muestra mucho más moderada en este estudio que en otros como el del CIS. En este último, el coste de la vivienda aparece ya como el principal problema para la ciudadanía. La razón es sencilla: durante los cinco primeros años, la subida de los alquileres está limitada por ley. Y los ajustes se regulan conforme al Índice de Referencia de Precios de Alquiler (IRAV) o al Índice de Precios al Consumo (IPC). Esto impide que los caseros incrementen las cuotas conforme al mercado, lo que suaviza el impacto en el bolsillo de los hogares y amortigua la sensación de encarecimiento.
Casi la mitad de los ingresos
En consecuencia de la escalada del gasto, los hogares destinan ya el 43,6% de su presupuesto total al hogar. Es decir, casi la mitad de sus ingresos va a cubrir los pagos vinculados a la vivienda, la cesta de la compra y la energía. Un aumento de casi el 5% en tan solo un año y el nivel más elevado de los últimos tres ejercicios.
Ante la necesidad de reducir gastos en el futuro, los hogares tienden a ajustar primero aquellas partidas que no comprometen necesidades básicas inmediatas. Según el estudio, un 16% de los encuestados afirma que renunciaría a realizar arreglos o mejoras en la vivienda. Una de las opciones más mencionadas, y que empata con la estrategia de comprar más marcas blancas y reducir la compra de productos frescos. Muy cerca, con niveles similares de elección (15%), se sitúan otras medidas. Consumir menos energía (luz, gas o agua), intentar rebajar el coste de los seguros del hogar y evitar la adquisición de muebles o electrodomésticos.
En cambio, solo un 7 % considera probable reducir los pagos de hipoteca o alquiler, ya sea mediante refinanciación o cambios en las condiciones del contrato. Por lo que los hogares priorizan el ahorro en gastos flexibles antes que tocar partidas imprescindibles.
Mayor presión en las mujeres
La mayor presión que se produce en las mujeres, motivo por el que denuncian afrontar más dificultades que los hombres para pagar los gastos de la casa, se cimienta principalmente en sus salarios. Según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística (INE), el sueldo medio bruto mensual a 12 pagas de los varones se sitúa en los 2.593 euros. Mientras, el de ellas desciende hasta los 2.163. Es decir, 430 euros menos. O lo que es lo mismo, un sueldo un 20% inferior al de ellos. Porcentaje que coincide con la mayor percepción de preocupación a la hora de abonar los costes del hogar.
En definitiva, el aumento del precio de la vida golpea los presupuestos familiares, pero lo hace con mayor fuerza entre ellas por las desigualdades que persisten.

