Tras la captura de Nicolás Maduro, medio mundo ha girado la cabeza hacia el precio del petróleo. La incertidumbre geopolítica puede romper con la racha de tranquilidad que ha tenido el barril de Brent durante el 2025 y son varias las compañías petroleras llamadas a tener un papel fundamental en el futuro de Venezuela como la estadounidense Chevron o la española Repsol. Es un sector históricamente dominado por hombres y en el que pocas mujeres consiguen alcanzar los puestos de mayor relevancia.
Pero hay excepciones, como Vicki Hollub, que lleva ya una década al frente de Occidental Petroleum, mientras que otra gran ejecutiva, Meg O’Neill, se prepara para asumir la dirección de la británica BP. Dos mujeres, dos trayectorias muy distintas y un rasgo común: liderar grandes petroleras en un mundo que, incluso en plena transición energética, todavía funciona con inercias del pasado.
Vicki Hollub es la pionera. Nacida en Alabama y formada como ingeniera de minerales con especialización en petróleo, inició su carrera hace ya más de cuarenta años, en 1981 en Cities Service, compañía que posteriormente fue adquirida por Occidental. Desde entonces, ha desarrollado toda su trayectoria dentro de la empresa, con responsabilidades técnicas y ejecutivas en Estados Unidos y en países productores como Venezuela, Ecuador o Rusia. En abril de 2016 fue nombrada presidenta y consejera delegada, convirtiéndose en la primera mujer en dirigir una gran petrolera estadounidense.

El papel de Occidental
Su llegada a la cima no coincidió con un momento cómodo para el sector. Al contrario, asumió el cargo en un entorno de precios bajos del crudo y profunda reordenación de la industria. Bajo su liderazgo, Occidental reforzó su posición en la cuenca del Pérmico, situada en el oeste de Texas y el sureste de Nuevo México, corazón de la producción de petróleo de Estados Unidos. Ejecutó en 2019 la adquisición de Anadarko Petroleum. Una de las mayores operaciones corporativas del sector en la última década. Aquella compra, compleja y controvertida, consolidó a Occidental como un actor clave del mercado norteamericano.
Más recientemente, Hollub ha situado a la compañía en el centro del debate sobre el futuro del petróleo. Occidental se ha convertido en uno de los grandes impulsores de proyectos de captura y almacenamiento de carbono en Estados Unidos, una apuesta que refleja cómo las grandes petroleras tratan de adaptarse a un entorno marcado por la presión climática, sin renunciar a su negocio principal.
Una tecnología respetuosa
Esa captura de dióxido de carbono es una tecnología que consiste en atrapar las emisiones contaminantes -o incluso extraer CO₂ directamente del aire- y almacenarlas bajo tierra para evitar que lleguen a la atmósfera. Con esta apuesta, la compañía intenta responder a la presión climática y regulatoria a la que se enfrenta el sector. En 2026, Hollub sigue siendo una de las pocas mujeres con poder real de decisión sobre producción, inversiones y estrategia en el sector energético global.

La otra gran excepción es Meg O’Neill. Ejecutiva estadounidense, con una carrera construida fuera de las grandes petroleras europeas. O’Neill ha desarrollado buena parte de su trayectoria en el ámbito internacional. Antes de su salto definitivo al primer plano, trabajó durante años en ExxonMobil y posteriormente asumió la dirección ejecutiva de Woodside Energy. La mayor petrolera independiente de Australia.
Al mando de una de las super majors
En diciembre de 2025 se anunció su nombramiento como consejera delegada de BP, cargo que asumirá en los próximos meses de 2026. Así, será la primera mujer en dirigir una de las grandes super majors europeas en los más de cien años de historia de la compañía. Su llegada se produce en un momento clave para BP. Presionada por la volatilidad del crudo, la geopolítica y las tensiones internas sobre la velocidad de su transición energética.
El hecho de que solo dos mujeres encabecen grandes petroleras en 2026 ilustra hasta qué punto el sector sigue siendo un espacio de poder profundamente masculinizado. Mientras los mercados observan con atención los movimientos de Venezuela, Oriente Medio o Estados Unidos, la fotografía del liderazgo energético global apenas ha cambiado. Hollub y O’Neill no representan aún una nueva normalidad, sino una excepción muy concreta.


