Caso Epstein

Los príncipes de Gales rompen su silencio sobre el caso Epstein: “Profundamente preocupados”

Kensington Palace subraya que su “pensamiento está con las víctimas”, mientras el asunto vuelve a presionar la reputación de la Casa Real

El Palacio de Kensington afirma que apoyan a las víctimas mientras el escándalo vuelve a afectar a la Casa Real

Este lunes ha marcado un antes y un después en la estrategia de silencio que, durante años, ha rodeado el caso Epstein dentro del entorno monárquico. En una breve declaración transmitida por un portavoz de Kensington Palace, los príncipes de Gales se han pronunciado por primera vez sobre el escándalo que periódicamente regresa a la agenda pública británica con nuevas filtraciones y desclasificaciones documentales.

La frase elegida, medida, institucional y cargada de intención, apunta al corazón del debate: “Puedo confirmar que el príncipe y la princesa de Gales han estado profundamente preocupados por las continuas revelaciones. Sus pensamientos siguen centrados en las víctimas”.

El tono del comunicado encaja con la tradición de la prensa británica de referencia: sobriedad, distancia y un mensaje inequívoco sobre dónde quiere situarse el heredero. No hay nombres propios, no hay reproches explícitos, ni comentarios sobre responsabilidades concretas. Pero sí hay una toma de posición: la prioridad son las víctimas y el daño causado por un caso que se ha convertido en una prueba constante para la credibilidad institucional.

Los príncipes de Gales, en una imagen de archivo. Fotografía: EFE

La intervención llega, además, en un momento políticamente sensible. Según recogen medios británicos, el pronunciamiento se conoció mientras el príncipe Guillermo se desplazaba para una visita oficial a Arabia Saudí, un viaje que de por sí atrae focos por su carga diplomática y por la necesidad de la Corona de blindar la agenda del heredero frente a turbulencias domésticas.

El trasfondo es conocido, pero vuelve a adquirir volumen con cada nueva tanda de documentos y testimonios que emergen en Estados Unidos. La relación pasada del príncipe Andrés con Epstein (y la percepción pública de que ese vínculo comprometió a la institución) ha sido uno de los capítulos más corrosivos para la imagen contemporánea de la monarquía. En las últimas horas, la reactivación mediática del caso ha reabierto preguntas que Buckingham Palace lleva tiempo intentando cerrar: cómo se permitió aquella proximidad, quién sabía qué, y hasta dónde alcanzan las consecuencias reputacionales.

La declaración de los Gales se suma a una pauta reciente. Otros miembros senior han empezado a verbalizar, siempre con prudencia, mensajes centrados en las víctimas y en la gravedad de los hechos. Es un giro mínimo, pero significativo, en una institución que históricamente ha preferido la contención absoluta ante controversias judiciales o escándalos de terceros.

El movimiento también puede leerse como un intento de separar, con mayor nitidez, el proyecto de reinado futuro del heredero de los lastres que aún arrastra “la Firma”. “Profundamente preocupados” es una señal. Así, Kensington Palace reconoce que el tema no es un ruido pasajero, sino un asunto de conciencia pública que exige, al menos, una postura moral explícita. Y al colocar el foco en las víctimas, Guillermo y Catalina se alinean con el estándar de rendición de cuentas que la sociedad británica (y la prensa internacional) reclaman cada vez con menos paciencia.

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