El Gobierno francés enviará una carta a todos los ciudadanos que cumplan 29 años, hombres y mujeres por igual, con un mensaje claro: es momento de pensar en la fertilidad antes de que sea demasiado tarde. La iniciativa forma parte de un plan más amplio de 16 medidas destinado a frenar el descenso de la natalidad en el país, una tendencia que acaba de alcanzar un punto preocupante, por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Francia registró más muertes que nacimientos en un año.
Según los últimos datos del instituto nacional de estadística Insee, en 2025 se contabilizaron 651.000 fallecimientos frente a 645.000 nacimientos. La tasa de fecundidad cayó hasta 1,56 hijos por mujer, el nivel más bajo desde el final de la Primera Guerra Mundial y un 24% menos que hace 15 años, cuando se situaba en 2,01. Aunque el país aún mantiene cifras superiores a las de otras potencias como Reino Unido —donde la tasa cayó a 1,41 en Inglaterra y Gales en 2024—, el retroceso es evidente.
“Si lo hubiera sabido”
En este contexto, cientos de miles de jóvenes de 29 años recibirán información que el Ministerio de Sanidad describe como “dirigida, equilibrada y basada en la evidencia científica” sobre salud sexual y reproductiva. El objetivo declarado es evitar que, en el futuro, hombres y mujeres se enfrenten a problemas de fertilidad y piensen “si lo hubiera sabido”. El texto también subrayará que “la fertilidad es una responsabilidad compartida entre mujeres y hombres” y reconocerá que “los relojes biológicos no son iguales, pero los hombres también tienen uno”.

“Reloj biológico”
La elección de los 29 años no es casual. A esa edad, las mujeres pueden congelar sus óvulos sin certificado médico, y la seguridad social cubre el coste entre los 29 y los 37 años, un procedimiento que en España ronda las 5.000 euros por ciclo. Francia quiere además ampliar los centros de preservación de la fertilidad, pasando de 40 a 70, y consolidarse como referente en investigación en este ámbito.
Sin embargo, aunque el discurso oficial insiste en la corresponsabilidad, la presión social no se reparte de manera equitativa. La mención al “reloj biológico” tiene una carga histórica y cultural que recae, sobre todo, sobre las mujeres. Resulta difícil imaginar que a un hombre se le recuerde con insistencia, al cumplir 30, que el tiempo corre en su contra. La frontera simbólica de la treintena parece pesar más sobre quienes, en última instancia, gestan y dan a luz.
La ministra de Sanidad, Stephanie Rist, aseguró que el papel de los responsables públicos “no es dictar si se deben tener hijos o no”, sino informar y recordar opciones como la congelación de óvulos. Señaló además que los “desafíos de la infertilidad han sido analizados en todos sus aspectos” para permitir el “lanzamiento inmediato de medidas concretas y largamente esperadas”. En Francia, la infertilidad afecta a una de cada ocho parejas y, según un informe encargado en 2022, a 3,3 millones de personas.

No todos están convencidos de que una carta cambie la tendencia. La psicóloga Marie-Estelle Dupont sostuvo para The Times que ampliar el permiso de maternidad de 16 a 26 semanas tendría mayor impacto en la natalidad. Los propios jóvenes apuntan a factores que trascienden lo biológico. Según The Independent Paul Brunstein-Compard, humorista de 29 años, considera que la iniciativa es “un poco como tratarlos como niños”. Aunque desea tener hijos, afirma no encontrarse en una situación económica que lo permita y añade preocupaciones ambientales: “Procrear es crear un ser humano más que va a contaminar y consumir. Es una razón secundaria para mí, pero tengo amigos que tienen claro que no quieren hijos por eso”.
Una consulta pública realizada por la Asamblea Nacional francesa a más de 30.000 personas reveló que el 28% identifica el coste económico como principal obstáculo para tener hijos; el 18% menciona la incertidumbre sobre el futuro de la sociedad y el 15% señala las dificultades para conciliar vida familiar y profesional.
Mientras la esperanza de vida alcanza máximos históricos —85,9 años para las mujeres y 80,3 para los hombres— y el 22% de la población supera los 65 años, el debate demográfico se intensifica. Sin inmigración, la población podría descender hasta 59 millones en 2100, según proyecciones de Eurostat. En ese escenario, la carta a los 29 años es el reflejo de una inquietud nacional. Pero también abre una pregunta incómoda sobre quién siente, de verdad, el peso del “tic-tac”.
