Aunque la faceta más brutal del ICE dio la vuelta al mundo con los dos asesinatos recientes de ciudadanos estadounidenses (Renée Good y Alex Pretti) durante redadas callejeras, el maltrato de niños migrantes en centros de detención es otra de las caras oscuras del controvertido cuerpo policial federal. A finales de enero, la detención de Liam Conejo Ramos, un niño de cinco años disfrazado de Spiderman en un suburbio de Minneapolis, se convirtió en otro símbolo de la intransigente política migratoria de la administración Trump.
Según los críticos con el gobierno, la detención de Liam es una evidencia que las deportaciones masivas y arrestos de inmigrantes tiene poco que ver con la lucha contra el crimen, y que la verdadera voluntad es aterrorizar a los niños y a sus familias. El ICE registró a unos 3.800 menores en centros de detención para familias inmigrantes entre enero y octubre de 2025 -incluyendo niños de tan solo uno o dos años-, según un análisis realizado por el diario The Guardian.
Un paso más en la Administración Trump
Estas cifras marcan un precedente. Las anteriores administraciones estadounidenses limitaban la detención de padres con sus hijos a migrantes que cruzaron ilegalmente la frontera por tierra. Además, los menores recluidos en centros de ICE gozaban de una protección especial aprobada en 1997, llamada el Tratado de Flores. Esta medida estipulaba que menores no acompañados no podían ser detenidos.
“Muchos menores pueden pasar varios días detenidos en lugares que no están equipados para atender a niños”, explicó Sergio Pérez, director ejecutivo del Centro de Derechos Humanos y Derecho Constitucional. El medio de investigación ProPublica se metió dentro de un centro de detención en Dilley (Texas), donde comprobó de primera mano la agonía de los niños apresados.

La pequeña Antonia cuenta cómo fueron apresadas y cómo la usaron para detener a su madre. Tras 113 días, contó que “me he desmayado dos veces aquí adentro. Cuando llegué todas las noches lloraba y ahora no duermo bien. Yo en dilei (Dilley) no estoy feliz. Por favor, sáquenme de aquí a Colombia“.
Niñas deprimidas
Ariana Velasquez, adolescente de 14 años, llevaba 45 días encerrada cuando la reportera Mica Rosenberg la entrevistó. Llegó con su madre desde Honduras cuando apenas tenía 7 años, y se asentaron en Hicksville (Nueva York). Su madre, Stephanie Valladares, pidió asilo tras casarse con un ex vecino suyo que ya vivía en Estados Unidos. Tuvieron dos hijos más, que Ariana se ocupaba de cuidar.
Tras la visita de la reportera al centro de detención, Ariana le escribió una carta. “Mis hermanos menores no han podido ver a su madre en más de un mes. Son muy pequeños, y necesitas a tus dos padres cuando estás creciendo”, escribió. Refiriéndose al centro de Dilley, explicó que “desde que llegué a este centro, solo sentí tristeza y, sobre todo, depresión”.
Amalia, detenida a los 18 meses
Uno de los casos más citados en documentos judiciales y en entrevistas con familiares es el de Amalia, una niña de 18 meses que fue detenida con sus padres tras un trámite migratorio en El Paso a mediados de diciembre de 2025. Según una demanda presentada en un tribunal federal en Texas, la salud de Amalia se deterioró rápidamente en el centro de Dilley. Desarrolló una fiebre persistente, dificultades respiratorias y otros síntomas que llevaron a su hospitalización el 18 de enero. Allí se le diagnosticó neumonía, COVID-19, bronquiolitis viral y otros problemas respiratorios, y permaneció ingresada alrededor de diez días bajo tratamiento médico.
Tras su alta, los abogados de la familia afirman que Amalia fue regresada a la instalación de Dilley sin acceso continuo a los medicamentos y equipos prescritos por los médicos, como un nebulizador y medicación para facilitar la respiración. Según la demanda, esos elementos fueron retenidos por el personal del centro y, en su lugar, la familia recibió suplementos nutricionales básicos mientras esperaba en filas al aire libre para solicitar medicinas. La familia fue finalmente liberada el 6 de febrero después de presentar el recurso legal.
Paralelamente, en el reportaje de ProPublica, que recoge múltiples cartas y entrevistas con decenas de niños detenidos, menores de diversas edades relatan sus experiencias día a día en Dilley. Otro de los casos es el de Susej Fernández, una niña de nueve años que escribió haber pasado más de 50 días en el centro. En su carta, Susej describe cómo lo vivido allí ha cambiado su percepción de Estados Unidos y expresa el deseo de salir de la instalación lo antes posible.
“No quiero estar en este lugar”
Mientras que Mia Valentina Paz Faria, de 7 años y origen venezolano, escribió que “no quiero estar en este lugar. Quiero ir a mi escuela, extraño a mis abuelos, a mis amigos. No me gusta la comida de aquí”. La pequeña, que vivía en Austin, Texas, pasó 70 días en uno de los centros del ICE.
La carta de Mía Valentina, de 7 años: “Extraño mi escuela” (ProPublica)
En otras comunicaciones, adolescentes y niños relatan retrasos en la atención médica, largos periodos sin acceso a medicamentos, descripciones de alimentos y agua que dificultan la vida cotidiana y el hecho de estar alejados de sus vidas normales, como la escuela y sus comunidades. En algunos casos, los menores expresaron que la espera para ser vistos por personal médico puede prolongarse varias horas, y que los síntomas de enfermedades comunes (fiebre, malestar general, problemas gastrointestinales) son tratados de forma mínima o con simples recomendaciones de beber agua.
Los datos recopilados por ProPublica sugieren que cientos de menores han permanecido en Dilley por periodos superiores a los 20 días, un límite previsto en acuerdos legales previos sobre detención de niños migrantes, aunque las autoridades han cuestionado la aplicación de esos acuerdos.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS), la agencia gubernamental que supervisa al ICE, ha rechazado públicamente que el servicio esté específicamente deteniendo y deportando niños, o “apuntando” a ellos como objetivo de sus operaciones. En comunicados oficiales, el DHS ha calificado las acusaciones sobre maltrato de “falsas” o intentos de demonizar a los agentes de ICE y ha defendido que los niños no son el foco de sus acciones migratorias.
