La polémica en torno al fresco del ángel de la Basílica de San Lorenzo in Lucina ha entrado en una nueva fase. Este miércoles, la Diócesis de Roma ordenó recuperar el aspecto original de la imagen tras la controversia generada por la restauración que había dotado al rostro del ángel de un notable parecido con el de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni.
En un comunicado, la vicaría romana explicó los motivos de la medida: “Constatado que la obra presentaba una fisionomía no conforme con la iconografía original y el contexto sacro, en plena sintonía con el párroco, se ha pedido (…) que se proceda a recuperar el aspecto original del rostro”. El texto subraya que la decisión responde al “exclusivo interés por la protección de un lugar de culto y de su función en su función espiritual”, alejando así cualquier lectura política de la intervención.
La iglesia, situada en pleno centro de Roma, se había convertido en un destino inesperado para curiosos y visitantes desde que se conoció que un fresco fechado en el año 2000 mostraba ahora un ángel con rasgos identificables con los de la jefa del Ejecutivo. El autor de la restauración, Bruno Valentinetti, de 83 años, insistió desde el inicio en que no había añadido nada nuevo. Según su versión, se limitó a retocar la cara que ya existía, aunque reconocía la evidente semejanza que muchos observaban.

“Lo cubrí porque me lo ordenó el Vaticano”
Tras la orden eclesiástica, el propio Valentinetti procedió a eliminar el rostro del ángel durante la noche. “Lo cubrí porque me lo ordenó el Vaticano”, aseguró este miércoles al diario La Repubblica. El restaurador añadió: “Anoche lo borré. Me da igual. Sigo diciendo que ella no era la primera ministra, pero la Curia así lo quiso, y lo borré”. Con estas palabras dio por cerrado su papel en una intervención que acabó teniendo repercusión nacional.
Desde el ámbito vaticano, el vicario del papa y obispo de Roma, el cardenal Baldo Reina, expresó su malestar por lo ocurrido. En una nota manifestó su “decepción por lo sucedido” y anunció que iniciaría “de inmediato las investigaciones necesarias para determinar las posibles responsabilidades de los implicados”. El cardenal fue más allá al recordar que “las imágenes del arte sacro y la tradición cristiana no pueden ser objeto de mal uso ni explotación, ya que su único propósito es apoyar la vida litúrgica y la oración personal y comunitaria”, una afirmación que dejaba clara la línea que guiaría la actuación de la diócesis.
La retirada del rostro no cierra, sin embargo, el proceso administrativo. Según explica el diario romano, ahora los trabajos se centrarán en la restauración fiel de la imagen original. Para ello, la Superintendencia Especial de Roma, a petición del ministro de Cultura Alessandro Giuli, ha iniciado una investigación de archivo con el objetivo de localizar documentación, ya sea fotográfica o en forma de bocetos, del proyecto original de la pintura de la Capilla del Crucifijo realizada en el año 2000.

“Definitivamente no me parezco a un ángel”
Tras la actuación, el Ministerio de Cultura recordó en un comunicado las normas que rigen este tipo de intervenciones. La superintendente especial de Roma, Daniela Porro, informó al rector de la basílica de que cualquier restauración debe ser previamente autorizada y tramitada ante el Fondo correspondiente, y que la solicitud debe ir acompañada de un boceto de la imagen.
La propia Meloni había reaccionado días antes con tono irónico cuando estalló la polémica. “No, definitivamente no me parezco a un ángel”, escribió en Facebook junto a un emoji de risa, una frase que se difundió ampliamente mientras la basílica se llenaba de visitantes deseosos de comprobar el parecido.

Con el rostro ya borrado y las investigaciones en marcha, San Lorenzo in Lucina vuelve poco a poco a la normalidad. El episodio, sin embargo, ha dejado al descubierto la sensibilidad que rodea la conservación del patrimonio religioso en Italia.
