La calle Dinamarca de Toledo amaneció este miércoles como una más. Por la tarde, cortada al tráfico, custodiada por la Policía Nacional y la Policía Local y con furgones funerarios entrando y saliendo, se había convertido en el lugar donde empieza la tarea más dolorosa tras el choque de dos trenes de alta velocidad entre Urda y Los Yébenes: poner nombre a los 68 fallecidos.
El primer vehículo con víctimas mortales llegó al Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Toledo a las 15.19 horas. A lo largo de la tarde le siguió media decena de furgones que trasladaban los cuerpos desde el lugar del accidente, en la línea Madrid-Sevilla. El instituto había activado por la mañana su protocolo para grandes catástrofes, que organiza la recepción de los cadáveres, las autopsias y la identificación.
La Unidad Militar de Emergencias ha desplazado vehículos y camiones hasta Toledo para levantar una morgue auxiliar en un descampado junto al instituto, con contenedores isotermos para conservar los cuerpos. La UME ha desplegado en total unos 200 efectivos y 70 medios, centrados en las primeras horas en rescatar a las personas atrapadas entre los restos de los convoyes y en retirar elementos ferroviarios de gran tonelaje.
En el instituto trabajan 25 médicos forenses: 12 de Toledo, otros 12 de Ciudad Real y una profesional de Cuenca, según fuentes del Ministerio de Justicia. Tres facultativos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de Madrid se sumarán para recoger y enviar a analizar las muestras de ADN.

Mientras los cuerpos llegaban a Toledo, los familiares aún no estaban allí. El instituto armado ha habilitado cuatro oficinas en Madrid, Toledo, Sevilla y Córdoba para recoger las denuncias por desaparición y las muestras de ADN de los familiares que servirán para cotejarlas con los restos de las víctimas. En ellas hay médicos forenses y equipos técnicos, y se ofrece además apoyo psicológico a los allegados.
“Si sus familiares están desaparecidos, es fundamental que acudan a uno de los cuatro centros de denuncia”, pidió Ramón Cuevas, portavoz de la Guardia Civil en la zona cero. Cuevas recomendó que la denuncia la presente un familiar de primer grado, porque su perfil genético permite un cotejo más fiable. Los agentes preguntarán también por los rasgos físicos de la persona desaparecida: edad, tatuajes, cicatrices o lunares que ayuden a identificarla.
El portavoz pidió además a los allegados que no se desplacen al lugar del accidente y dejen trabajar a los equipos de emergencia, que, una vez descartado que queden supervivientes, recurrirán a las unidades caninas para localizar restos entre los vagones.
La experiencia de Adamuz
Al operativo se ha sumado José Sáez, director del Instituto de Medicina Legal de Córdoba, que dirigió la identificación de las 46 víctimas del accidente ferroviario de Adamuz. Llega con otro forense cordobés y dos sevillanos, enviados por la Junta de Andalucía para ayudar a la Guardia Civil en la toma de muestras.
La Administración andaluza ha puesto además a disposición psicólogos, trabajadores sociales y sus servicios de asistencia a víctimas para dar apoyo psicológico, social y jurídico a los afectados.

