El descenso brusco de las temperaturas, las fuertes rachas de viento y el frío intenso pueden llegar a afectar al cutis. Por ello, el cuidado de la piel requiere una revisión, e incluso una modificación, en invierno.
Para poder proteger la piel del rostro en esta estación, es importante escuchar a los expertos y seguir una rigurosa estrategia de blindaje cutáneo. Te contamos cómo hacerlo a continuación.
Las claves del cuidado de la piel en invierno

La primera modificación de rutina invernal debe pasar por el limpiador. El frío puede reducir la producción natural de sebo, por lo que los limpiadores agresivos podrían eliminar la escasa protección de la epidermis.
Por tanto, es ideal cambiarlo por un limpiador en bálsamo o leche, con menos nivel de agresividad. Así, puedes eliminar las impurezas del rostro sin retirar los lípidos esenciales. Eso sí, recuerda hacer la limpieza con agua tibia, ya que el agua muy caliente puede ir en contra de la hidratación.
Precisamente sobre esto último, los expertos recomiendan el sellado de la humedad por capas. Usa primero sérums humectantes, después los productos que suavizan el cutis (emolientes) y sella el proceso con los oclusivos. Especialmente, en esos días de viento extremo y gélido. Tu piel te lo agradecerá.
De igual manera, podrías considerar incorporar a tu rutina algunos productos con ectoína y ceramidas (tipos I, III y VI). De acuerdo con varios estudios publicados en el Journal of Dermatological Science, el primer componente ayuda a reducir la inflamación provocada por el viento invernal.
El segundo ayuda notablemente con la descamación, actuando como un “pegamento de células” que impide la llegada del frío en la profundidad de la piel.
Los principales enemigos invernales y el poder de la noche

Ya tienes algunas ideas para el cuidado de la piel en invierno. No obstante, es posible que se te haya olvidado una o que creas en el falso mito de la no necesidad del protector solar.
La realidad es que el viento gélido puede insensibilizar la piel ante una quemadura solar. Además, la nieve puede reflejar hasta el 80% de la radiación de los rayos UV.
Por lo tanto, es importante recuperar el protector solar en la rutina. Especialmente, si tiene componentes calmantes para la irritación que causa el viento, como la niacinamida o el pantenol.
Finalmente, igual que en primavera y verano, debes aprovechar el poder de la noche en favor de tu cutis. Abandona los exfoliantes o retinoides en esos días de frío extremo, en caso de que notes tu piel excesivamente sensible.
En esas fechas, puedes sustituirlos por las mascarillas de noche que vengan indicadas para el descanso en invierno. Uno de los ingredientes a buscar, de acuerdo con los expertos, es la centella asiática. Es un ingrediente de origen botánico, el cual puede ayudarte a reparar las microfisuras faciales causadas por la deshidratación del ambiente frío.
Recuerda que el cambio de la rutina en la estación más fría del año tiene como objetivo restaurar y mejorar la función barrera de tu piel. No sólo mejorarás las irritaciones y pequeñas fisuras causadas por las bajas temperaturas y el fuerte viento, pues también prepararás tu piel para que llegue a la primavera con mucha luz y salubridad.
