¿Por qué soplamos velas y comemos tarta en los cumpleaños?

A lo largo de la historia, el cumpleaños fue perdiendo su connotación mágica o religiosa y ganando terreno como un rito social y familiar

Comer tarta y soplar las velas no es solo una tradición decorativa. Es un ritual de paso que nos conecta con nuestra historia.

Cada vez que alguien apaga las velas de una tarta rodeado de aplausos y deseos, está participando en un ritual con siglos de historia. Lo que hoy parece un gesto festivo universal es, en realidad, el resultado de una mezcla de tradiciones paganas, creencias religiosas y costumbres populares que se han ido entrelazando hasta formar el cumpleaños tal como lo conocemos.

Un origen con raíces en la antigua Grecia

La tradición de colocar velas sobre un pastel tiene sus primeras referencias documentadas en la antigua Grecia, donde se rendía culto a Artemisa, diosa de la caza y la luna. Para honrarla, los griegos preparaban pasteles redondos de miel que representaban la luna llena, y les añadían velas encendidas para que brillaran como el astro. La idea era que el humo de esas velas llevara las oraciones y deseos hacia el cielo, una creencia que persiste de alguna forma cuando, hoy en día, pedimos un deseo antes de soplar.

Los cumpleaños, cosa de faraones y emperadores

Pero la celebración del nacimiento como un evento especial no era común entre la mayoría de la población en la antigüedad. En el Egipto faraónico, solo los reyes y faraones celebraban su día, no cuando nacían, sino cuando eran coronados como dioses. Más tarde, los romanos institucionalizaron los cumpleaños, aunque solo los de los hombres y los de carácter público, como los de los emperadores o figuras destacadas del Estado.

Las mujeres tendrían que esperar hasta el siglo XII para tener derecho a festejar su nacimiento. Y no fue hasta la expansión del cristianismo, con su énfasis en el individuo y en el alma, cuando la costumbre de celebrar el cumpleaños empezó a popularizarse en Europa, sobre todo a partir del Renacimiento.

Alemania y la tarta moderna

Uno de los antecedentes más claros de la tarta de cumpleaños moderna aparece en la Alemania del siglo XVIII, con la celebración del Kinderfest. Era una fiesta especialmente dedicada a los niños, que recibían una tarta con tantas velas como años cumplían, más una vela extra por la buena suerte. Las velas se dejaban encendidas durante todo el día, y al final se soplaban de un solo intento para que el deseo se cumpliera.

Este gesto simbolizaba el paso del tiempo, pero también tenía una función casi mágica: alejar a los malos espíritus. Se creía que, en el día del cumpleaños, la persona estaba más vulnerable, y que las luces, la comida y los buenos deseos de los invitados ayudaban a protegerla.

De símbolo religioso a fenómeno global

La costumbre de comer tarta de cumpleaños, tal como la conocemos hoy —con bizcocho, cobertura y decoraciones— se consolidó durante el siglo XIX, gracias a los avances en la repostería y la mayor disponibilidad de ingredientes como el azúcar. Lo que antes era un lujo reservado a las clases altas se fue democratizando con la revolución industrial.

En paralelo, el cumpleaños fue perdiendo su connotación mágica o religiosa y ganando terreno como un rito social y familiar. Hoy, independientemente del país o la cultura, celebrar el cumpleaños suele incluir un pastel, velas, amigos, cantos y algún deseo secreto.

Más que un postre, un símbolo

Comer tarta y soplar las velas no es solo una tradición decorativa. Es un ritual de paso que nos conecta con nuestra historia, marca el tiempo vivido y permite que quienes nos rodean celebren nuestra existencia. Es un momento simbólico que nos devuelve al centro, aunque solo sea por un día.

Así que la próxima vez que soples las velas, recuerda que ese gesto sencillo es heredero de antiguas lunas, reyes coronados, supersticiones medievales y pasteles alemanes. Y que, más allá del azúcar, lo que importa es el deseo compartido de seguir cumpliendo años.

TAGS DE ESTA NOTICIA