La Fiscalía Provincial de Barcelona ha abierto diligencias de investigación contra el catedrático emérito Ramón Flecha tras una denuncia colectiva de dieciséis mujeres que lo acusan de prácticas sistemáticas de coerción psicológica, acoso sexual, maltrato, explotación, intimidaciones y vejaciones en el entorno del grupo de investigación CREA, fundado por él en la Universidad de Barcelona (UB).
Esta decisión, anunciada por el Ministerio Fiscal, ha sido valorada positivamente por las denunciantes y su equipo jurídico, que consideran la apertura de diligencias un paso clave para que los hechos “sean analizados con rigor y en todas sus dimensiones” y con las “garantías de seriedad” que, hasta ahora, aseguran no haber tenido.
Un patrón que se remonta a décadas
Las acusaciones salieron a la luz en julio de 2025, cuando catorce mujeres —alumnas, becarias, doctorandas y personal subordinado— remitieron una carta al rector de la UB.
En ella describían un patrón reiterado de relaciones íntimas y sexuales mantenidas en un contexto de clara desigualdad jerárquica. Con el avance de la investigación interna, el número de denunciantes se amplió a dieciséis. En diciembre de 2025, la universidad decidió trasladar formalmente el caso a la Fiscalía tras un informe interno que apuntaba a indicios compatibles con un “grupo coercitivo de alto control” dentro de la estructura del CREA.

La posición de la Universidad
Ante las primeras denuncias, la UB emitió un comunicado institucional en el que expresó su rechazo frontal a cualquier forma de violencia o acoso y asumió su responsabilidad para esclarecer los hechos.
Entre las medidas adoptadas figuraron la activación de una investigación interna, la creación de una comisión de expertos en violencia de género, la suspensión cautelar de Flecha como catedrático emérito y la puesta a disposición de las denunciantes de recursos de acompañamiento y asesoramiento.
La universidad se comprometió públicamente a una política de tolerancia cero y a colaborar con las autoridades judiciales.
Acusaciones, negaciones y polarización
Las denunciantes sostienen que las conductas se habrían prolongado durante más de treinta años, aprovechando la posición de poder académico y simbólico de Flecha para vincular oportunidades profesionales, protección y reconocimiento a la disponibilidad emocional o sexual.
Flecha ha negado todas las acusaciones, calificándolas de falsas y asegurando que se trata de una “fabricación”. La confrontación pública ha generado una fuerte polarización, con apoyos y cuestionamientos cruzados, mientras la investigación penal da ahora sus primeros pasos.
Análisis psicológico: ¿cómo opera la coerción?
Para la psicóloga especializada en violencia machista Alba Alfageme, este tipo de casos no pueden entenderse como episodios aislados ni como simples relaciones “consentidas”. Se trata, explica, de procesos de manipulación psicológica bien conocidos. “Buscan la proximidad y cuando saben que su objetivo es crecer profesional o académicamente, les empiezan a prometer muchas cosas para, cada vez, tenerlas más atadas”, señala. El agresor se presenta como mentor, protector o referente, alguien que “da oportunidades”, pero —advierte— “¿a qué precio?”.

Según Alfageme, el patrón suele repetirse: “Esta manera de acercarse a las mujeres, de hacerlas sentir especiales y de golpe buscar más proximidad, y cuando ellas ponen un límite es cuando se desatan las consecuencias”. Es entonces cuando se activaría el castigo: retirada de apoyo, desprestigio o aislamiento.
La psicóloga subraya que estos hombres construyen espacios de falsa confianza: “Detectan cuáles son sus puntos débiles y ahí es donde van a ir a tocar”. Y no actúan solos. “Son grandes manipuladores colectivos. Hacen que todo el mundo los admire y que haya un margen de aceptación de situaciones que a otras personas no se les permitiría”.
Ese clima de admiración, explica Alfageme, dificulta que el entorno identifique la violencia y facilita que se cuestione a las víctimas. “Trabajan muy bien el entorno para que piensen que, si hay trato de favor, es porque ella también participa. Así se normaliza”.
Consentimiento bajo amenaza
Uno de los elementos clave es la idea de consentimiento. Para Alfageme, es clara: “Cuando decir ‘no’ implica consecuencias, ese ‘no’ no es libre. Por tanto, aquí el consentimiento no existe”.
La responsabilidad, subraya, recae en quien ostenta la autoridad: “Quien ocupa el poder debe tener conciencia del espacio que ocupa y de cómo lo gestiona”.
Estos mecanismos, añade, son idénticos a los que operan en la violencia de pareja: dependencia emocional, culpa, pérdida de autonomía. “Acabas viendo la realidad a través de sus ojos”.
Nombrar el daño
“Poner nombre a lo que has sufrido es muy doloroso”, reconoce Alfageme. Por eso muchas mujeres tardan años en denunciar. El miedo a perder una carrera, un proyecto vital o un reconocimiento pesa tanto como el daño sufrido. “En los ámbitos laborales y académicos aún hay mucho que hacer”, advierte.
Los datos lo respaldan: una de cada tres mujeres ha sufrido acoso sexual en el trabajo. “Es una barbaridad”, concluye.
Un proceso que acaba de empezar
La apertura de diligencias no implica una condena, pero sí marca el inicio de una investigación penal formal que deberá determinar si existen responsabilidades penales.
El caso de Ramón Flecha ha reabierto el debate sobre poder, consentimiento, presunción de inocencia y la capacidad de las instituciones para proteger a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad.
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