Entrevista

“En los años 90 no me dejaron titular un libro con ‘violencia de género’, les parecía una expresión rara”

Charlamos con la socióloga Inés Alberdi sobre violencia de género, igualdad y los cambios en la familia. "La igualdad está mucho más en la ley que en la realidad"

La socióloga Inés Alberdi
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Inés Alberdi es socióloga y está considerada una de las primeras especialistas en sociología del género en España. Catedrática de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política, ha dedicado décadas a estudiar la transformación de la familia y las relaciones entre hombres y mujeres en España. Sus investigaciones han analizado cómo han cambiado el matrimonio, el trabajo doméstico o la violencia contra las mujeres desde la transición democrática. En esta conversación reflexiona sobre las desigualdades que persisten en la vida familiar, el peso de siglos de roles de género y los avance, lentos pero reales, hacia una mayor igualdad.

Usted fue una de las primeras sociólogas en estudiar la violencia contra las mujeres como un fenómeno estructural. ¿Hasta qué punto ha cambiado la forma de entender este problema en las últimas décadas?

Ha cambiado muchísimo. Cuando publiqué un estudio a finales de los años noventa quise titularlo violencia de género, pero la editorial me dijo que esa expresión era muy rara y que nadie la iba a entender. Al final el libro se publicó con el título violencia doméstica. Eso muestra hasta qué punto el concepto todavía no estaba asentado. Hoy, en cambio, forma parte del debate público y de la legislación.

¿Cree que hoy la sociedad entiende realmente que la violencia de género es un problema social?

Yo creo que mayoritariamente la sociedad española está muy sensibilizada frente a la violencia de género. El cambio ha sido enorme si lo comparas con hace 30 o 40 años. Antes una mujer iba a la policía a decir que su marido le pegaba y le aconsejaban que no denunciara porque al volver a casa podría ser peor. Hoy existen mecanismos de protección y una conciencia social mucho mayor. Otra cosa es que se pueda erradicar completamente.

¿Cree que la forma en que se informa sobre estos casos puede influir en cómo se producen?

Yo empiezo a pensar que, igual que existe un pacto tácito de no hablar demasiado de los suicidios porque puede crear emulación, quizá también deberíamos ser más prudentes con los detalles en los casos de violencia de género. Al agresor muchas veces le gusta que se hable de lo que ha hecho. Aunque vaya a la cárcel, le gusta que conste públicamente. Eso puede generar imitación en personas desequilibradas.

Inés Alberdi ha sido una de las primeras sociólogas expertas en género
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Cuando se habla de violencia de género aparece con frecuencia el argumento de las denuncias falsas. ¿Por qué cree que esa idea sigue tan presente?

Siempre puede haber algún caso de denuncia falsa, porque las leyes dan protección a las víctimas y eso puede ser utilizado de forma interesada en algún caso. Pero creo que en la reacción actual contra el feminismo se utiliza mucho ese argumento para desacreditar el problema de la violencia de género.

Los datos muestran que la mayoría de las agresiones machistas no se denuncian. ¿Por qué sigue siendo tan difícil para muchas mujeres acudir a la justicia?

Muchas mujeres temen el proceso judicial porque implica revivir el trauma. También pesa mucho la vergüenza, que tradicionalmente ha recaído sobre la víctima cuando debería recaer sobre el agresor. Por eso hay que facilitar la denuncia y apoyar a las víctimas, pero también entender que hay personas que no quieren atravesar ese proceso.

En los últimos tiempos, estamos viendo a más mujeres romper el silencio y denunciar públicamente abusos. ¿Cree que está cambiando algo en ese sentido?

Sí, creo que cada vez hay más mujeres que se atreven a hablar, aunque sigue siendo difícil. Durante mucho tiempo ha habido mucho silencio y todavía hoy muchas mujeres tienen miedo o no quieren pasar por el proceso judicial.

¿De dónde cree que surge en última instancia esta violencia machista?

Tiene que ver con la idea histórica de que las mujeres son inferiores o dependientes y que el hombre puede controlar su comportamiento. En una minoría de la población esa mentalidad sigue existiendo y de ahí vienen estas agresiones.

Lleva décadas estudiando la familia. ¿Cree que hoy una familia puede ser realmente igualitaria?

Es posible, sobre todo porque las leyes lo favorecen, algo que antes no ocurría. No es fácil, pero si ambos miembros de la pareja se lo proponen puede serlo. Desde luego, el punto de partida es mucho más democrático e igualitario que hace cuarenta años.

Sin embargo, las encuestas muestran que el trabajo doméstico y el cuidado siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres, sobre todo cuando hay hijos. ¿Por qué ocurre?

Efectivamente, la igualdad está mucho más en la ley que en la realidad. Con la llegada de los hijos aumenta muchísimo la carga de trabajo familiar y tradicionalmente ese trabajo lo han asumido más las mujeres. Las encuestas siguen reflejando que, especialmente cuando hay niños, las mujeres cargan con la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado.

¿Dónde está la raíz de esa desigualdad?

Tiene que ver con siglos de organización social. Durante mucho tiempo existió una especie de pacto: el hombre protegía físicamente y económicamente a la familia y la mujer se ocupaba del cuidado del marido, de los hijos y de la casa. Eso ha durado siglos y cambiar esa mentalidad no es fácil. Lo tenemos en la literatura, en la historia y en la forma en que hemos sido educados.

La socióloga Inés Alberdi
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¿Hasta qué punto ha influido la maternidad en esa división de roles?

Muchísimo. La vinculación de las mujeres al trabajo doméstico ha estado tradicionalmente ligada a la maternidad. Durante siglos, cuando se tenían hijos, las mujeres se ocupaban necesariamente de su cuidado. Y hay que recordar que la posibilidad real de decidir si tener hijos o no es muy reciente, ligada a la aparición de anticonceptivos fáciles de usar y controlados por las mujeres.

Algunos datos muestran que hoy las chicas jóvenes desean casarse menos que hace unas décadas. ¿Cómo interpreta ese cambio?

Tiene que ver con lo que el matrimonio aporta a hombres y mujeres. Tradicionalmente a las mujeres les ofrecía seguridad y compañerismo, pero también dependencia. Hoy muchas mujeres tienen más alternativas, pueden trabajar, tener independencia económica y desarrollar su propia vida sin depender de un marido. En cambio, para muchos hombres el matrimonio suele aportar estabilidad y una domesticidad que ellos no siempre están preparados para resolver solos.

También hay quien señala que desde pequeños niños y niñas se socializan de forma distinta. ¿Sigue ocurriendo?

Sí, todavía ocurre. A los niños se les educa con más seguridad en sí mismos y con más orientación hacia su futuro profesional. A las niñas también se les anima a estudiar y trabajar, pero muchas veces se les educa pensando que además tendrán que ocuparse de la familia. Esa diferencia en la socialización influye mucho después en cómo se comportan hombres y mujeres en la vida adulta.

Incluso en los colegios se ha estudiado cómo niños y niñas ocupan el espacio de forma distinta, por ejemplo en el patio.

Sí, hay estudios sobre eso. Muchas veces los niños ocupan el espacio central jugando al fútbol y las niñas tienden a situarse en los márgenes, hablando entre ellas. Las niñas suelen desarrollar más habilidades de comunicación y de lectura, lo cual también es valioso, pero a veces eso no fomenta tanto la seguridad o el atrevimiento que vemos con más frecuencia en los niños.

Después de décadas estudiando estos temas, ¿qué cree que todavía no se comprende bien sobre la desigualdad entre hombres y mujeres?

Los cambios sociales son lentos. Durante mucho tiempo se valoró más a los niños que a las niñas dentro de las familias. Ahora eso está cambiando y cada vez se valora más tener hijas, pero todavía estamos en un proceso de transformación que requiere tiempo.