Epstein files

El caso Epstein sacude también a la industria musical: artistas rompen con Wasserman e impulsan un debate ético

Las revelaciones de los archivos de Epstein empujan a varias artistas a romper con la agencia Wasserman y reabren el debate sobre la responsabilidad ética en la industria musical y cultural

La artista Chappell Roan ha cortado con la agencia Wasserman por sus conexiones con Jeffrey Epstein
La artista Chappell Roan ha cortado con la agencia Wasserman por sus conexiones con Jeffrey Epstein

La publicación de nuevos documentos de los llamados Epstein Files ha provocado una sacudida que ya no se limita a los márgenes habituales del poder político y financiero y empieza a sentirse con fuerza en la industria cultural. En los últimos días, varias artistas y bandas han anunciado la ruptura de su relación profesional con la agencia Wasserman, después de que el nombre de su fundador y director, Casey Wasserman, apareciera vinculado a intercambios de correos con Ghislaine Maxwell, condenada a 20 años de prisión por su papel central en la red de abusos sexuales de Jeffrey Epstein.

La decisión más visible ha sido la de Chappell Roan, una de las figuras emergentes más influyentes del pop estadounidense, que anunció públicamente el fin de su relación con la agencia. En un comunicado difundido en redes sociales, la artista explicó que no podía seguir representada por una empresa dirigida por alguien cuyo nombre aparece en documentos relacionados con Epstein y Ghislaine Maxwell, y subrayó que ningún creador debería verse obligado a ignorar hechos que entran en conflicto con sus valores morales. El gesto de Roan ha sido leído como un punto de inflexión por su claridad y por el momento político y cultural en el que se produce.

Chappell Roan, durante su actuación en los MTV VMAs
Chappell Roan, durante su actuación en los MTV VMAs

Poco después, el grupo Wednesday confirmó que también rompía con Wasserman. En su comunicado, la banda afirmó que seguir vinculada a una empresa que lleva el nombre de Casey Wasserman era incompatible con sus principios. A esta decisión se sumaron otras salidas relevantes, como las de Beach Bunny y Chelsea Cutler, que coincidieron en señalar que el silencio o la pasividad ya no eran opciones asumibles en un contexto marcado por la indignación social y el cansancio ante la impunidad de las élites.

Las reacciones no se han limitado a las rupturas contractuales. Varias artistas y figuras del sector han expresado públicamente su incomodidad ante el hecho de que uno de los grandes nombres de la representación musical internacional aparezca vinculado, aunque sea de forma indirecta y temporal, a personas clave del entramado Epstein. Wasserman Music gestiona las carreras de artistas de primer nivel y tiene una presencia estructural en la industria del entretenimiento global, lo que ha convertido el debate en algo más amplio que una controversia individual.

El comunicado que ha compartido Chappell Roan en su cuenta de Instagram
El comunicado que ha compartido Chappell Roan en su cuenta de Instagram

Casey Wasserman ha respondido asegurando que lamenta profundamente el tono de los mensajes intercambiados con Ghislaine Maxwell a principios de los años 2000, pero ha insistido en que estos contactos se produjeron mucho antes de que salieran a la luz sus crímenes y que nunca mantuvo relación personal ni profesional con Epstein. Según su versión, su vínculo con Maxwell y Epstein se limitó a un viaje humanitario en 2002, organizado en el marco de una delegación vinculada a la Fundación Clinton. Aun así, estas explicaciones no han frenado las críticas ni las peticiones de responsabilidades.

El impacto del caso trasciende el ámbito musical. Wasserman es también presidente del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, un cargo desde el que ya se le ha pedido públicamente que dé explicaciones e incluso que dimita. Para algunos sectores, resulta incompatible liderar un evento que se presenta como símbolo de valores universales mientras su nombre aparece asociado a documentos relacionados con una de las mayores redes de abuso sexual conocidas en Estados Unidos.

En paralelo, el debate ha reabierto una discusión más amplia sobre la responsabilidad ética en la industria cultural y sobre hasta qué punto las relaciones profesionales pueden o deben desligarse del contexto moral y político. A diferencia de otros momentos, en los que estas revelaciones quedaban amortiguadas por el peso económico de las grandes agencias, en esta ocasión son los propios artistas quienes están marcando el ritmo, utilizando su visibilidad para señalar límites y exigir coherencia entre discurso público y estructuras privadas.

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