La publicación de nuevas imágenes y documentos que sitúan a Noam Chomsky en el entorno de Jeffrey Epstein ha supuesto un fuerte impacto para la figura del influyente lingüista y pensador, durante décadas referencia intelectual de la izquierda global. Las fotografías lo muestran viajando en el avión privado del financiero estadounidense, un detalle especialmente sensible por tratarse del mismo aparato con el que Epstein trasladaba a invitados a su isla privada, epicentro de los abusos sexuales por los que acabaría detenido y que hoy forman parte del imaginario del caso.
No se trata, como en otros episodios conocidos, de apariciones puntuales en fiestas multitudinarias o encuentros circunstanciales. La documentación difundida por el Departamento de Justicia de Estados Unidos revela una relación más estrecha, con viajes compartidos y comunicaciones directas, lo que ha generado una profunda decepción entre admiradores y seguidores del pensador. Para muchos, el golpe simbólico ha sido comparable al que en su día supuso la caída de otros referentes culturales vinculados al entorno de Epstein, como Woody Allen.

Chomsky, que tiene 97 años y sufre un delicado estado de salud que le impide comunicarse tras un derrame cerebral en 2023, no ha podido responder públicamente. Ha sido su esposa, Valeria Chomsky, quien ha salido al paso de las críticas mediante un comunicado en el que reconoce la relación que ambos mantuvieron con Epstein y asume la responsabilidad por no haber investigado adecuadamente su pasado. La califica ahora sin ambages como un “grave error” y afirma que ambos se sienten “engañados”.
Los documentos recientemente desclasificados muestran, entre otros aspectos, que cuando Epstein fue investigado en 2019 por tráfico sexual, recurrió a Chomsky en busca de consejo sobre cómo afrontar la presión mediática. En uno de los mensajes, firmado simplemente como “Noam”, el lingüista sugería ignorar la tormenta pública. El tono de los intercambios refleja una relación de confianza previa, algo que ha alimentado aún más la polémica. “He visto el horrible trato que te están dando la prensa y el público. Es doloroso decirlo, pero creo que la mejor manera de proceder es ignorarlo”, escribió Chomsky en un mensaje firmado “Noam”, que Epstein compartió por correo electrónico con un colaborador.
Chomsky califica los abusos de “histeria”
“Lo que los buitres anhelan es una respuesta pública, que a su vez proporcione una oportunidad pública para una avalancha de ataques venenosos, muchos de ellos provenientes de simples buscadores de publicidad o chiflados de todo tipo”, escribió Noam Chomsky en el mensaje. “Esto es especialmente cierto ahora con la histeria generada por el abuso a las mujeres, que ha llegado al punto de que incluso cuestionar una acusación es un delito peor que el asesinato”, ahonda.
A pesar de ello, no existe ninguna prueba que vincule a Chomsky con los delitos sexuales cometidos por Epstein ni con la red de abusos por la que fue condenado su socia y expareja, Ghislaine Maxwell, que cumple una pena de 20 años de prisión. La amistad, sin embargo, se mantuvo incluso después de la declaración de culpabilidad de Epstein en 2008, un punto de inflexión tras el cual muchas figuras públicas optaron por distanciarse. Durante la década siguiente, los abusos continuaron hasta que la investigación periodística —en especial la del Miami Herald— sacó a la luz el alcance del sistema de explotación de menores.

Valeria Chomsky ha reconocido que la pareja conocía algunos artículos periodísticos sobre Epstein, pero sostiene que no comprendieron la magnitud real de sus crímenes hasta su segundo arresto en julio de 2019. Según su versión, Epstein se presentó ante ellos como un filántropo interesado en la ciencia y el pensamiento crítico, una narrativa que terminó por ganarse la confianza del académico.
El comunicado completo
“Fuimos negligentes al no investigar a fondo sus antecedentes. Fue un grave error, y por ese error de juicio, me disculpo en nombre de ambos. Noam me contó, antes de su derrame cerebral [fue en 2023], que sentía lo mismo. Fue profundamente perturbador para ambos darnos cuenta de que habíamos tenido una relación con alguien que se presentaba como un amigo servicial, pero que llevaba una vida oculta de actos criminales, inhumanos y pervertidos”, sostiene ahora la esposa del académico.
En su declaración, Valeria Chomsky insiste en que el consejo que su marido dio a Epstein en 2019 debe leerse en su contexto. Afirma que Epstein se describía a sí mismo como víctima de una persecución injusta y que Chomsky reaccionó desde su propia experiencia personal con la presión mediática y las controversias políticas. “Ahora está claro que todo fue una construcción manipuladora”, señala, subrayando que una de las intenciones de Epstein habría sido mejorar su imagen pública asociándose a figuras intelectuales de prestigio.

La esposa del lingüista también rechaza que las declaraciones críticas de Chomsky sobre la llamada “cultura de la cancelación” puedan interpretarse como un ataque al feminismo. Según explica, Epstein instrumentalizó esas posiciones para presentarse como una víctima más de ese fenómeno, algo que —dice— Chomsky nunca pretendió avalar.
Otros mensajes hechos públicos muestran a Epstein describiendo como “muy valioso” su “contacto regular” con Chomsky, además de intercambios de tono informal y referencias a su isla caribeña. Valeria Chomsky confirma que ambos asistieron a cenas en la casa de Epstein en Nueva York, se alojaron en sus apartamentos de esa ciudad y de París, visitaron su rancho en Nuevo México y coincidieron con él en reuniones académicas. Niega, no obstante, que hayan estado jamás en la isla privada o que conocieran lo que allí sucedía.
Según su relato, la pareja conoció a Epstein en 2015 y desconocía su condena de 2008 por solicitación de prostitución, incluida la de una menor. “Se presentó como un filántropo interesado en la ciencia”, insiste. Ese perfil fue el que, asegura, despertó el interés intelectual de Chomsky y dio inicio a una relación epistolar que con el tiempo se revelaría profundamente problemática.
“Abrimos la puerta a un caballo de Troya”
Al presentarse de esta manera, Epstein captó la atención de Noam y comenzaron a escribirse. “Sin saberlo, abrimos la puerta a un caballo de Troya”, afirma. “Epstein comenzó a rodear a Noam, enviándole regalos y creando oportunidades para conversaciones interesantes en áreas en las que Noam ha estado trabajando extensamente. Lamentamos no haber percibido esto como una estrategia para tendernos una trampa y socavar las causas que Noam defiende”.

La declaración aborda también dos operaciones financieras que han generado suspicacias. Valeria Chomsky explica que Epstein envió a su marido un cheque de 20.000 dólares como parte de un reto lingüístico y que, en otra ocasión, le ayudó a recuperar 270.000 dólares tras detectar irregularidades en sus fondos de jubilación. Según afirma, Epstein actuó únicamente como asesor en ese episodio concreto y nunca tuvo acceso a sus cuentas bancarias ni a sus inversiones. Asegura, además, que ni Chomsky ni ella mantuvieron dinero invertido en la oficina del financiero.
El caso vuelve a poner en cuestión la relación entre poder, prestigio intelectual y ceguera moral, y plantea incómodas preguntas sobre cómo figuras públicas de enorme influencia pudieron moverse durante años en el entorno de Epstein sin detectar —o sin querer ver— la dimensión real de sus crímenes.
