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Sad beige mum: las madres que no soportan el color

La era beige no acaba de desaparecer: de la decoración interior a la crianza. Las madres optan por desterrar lo colorido

Al diccionario de términos de la vida moderna, hay que añadirle uno más: sad beige mum, o lo que es lo mismo, “madres tristes color beige”. La expresión nació de un chiste pero ya se usa para definir a madres (de momento, no hay equivalente mascuilino) que optan por mitigar o directamente renunciar a los colores, ya sea en la decoración de sus casas como en la vestimenta. 

La expresión se popularizó gracias a la cómica Hayley DeRoche, que empezó a ironizar en redes sociales sobre esas madres que visten a sus hijos y decoran su mundo en una gama cromática reducida: beige, marrones suaves, grises y blancos. A partir de ahí, TikTok hizo lo que mejor sabe hacer, crear hashtags, vídeos virales y la creación de un microconcepto en el que muchas mujeres pueden verse reflejadas. 

Para entender qué hay detrás de esta idea, hay que remontarse a la década de los 2000, cuando el minimalismo nórdico se expandió por el mundo con una visión reducida y espartana de la decoración de interiores, la ropa o incluso, la cocina. La generación millenial se vio plenamente sumergida en esta estética que IKEA elevó a casa aspiracional con maderas claras, líneas rectas, colores tierra catalogados como “orgánicos” o inofensivos

En este universo monocromático, los colores vivos no tienen cabida: ni rojos, amarillos, naranjas… y aquí viene un nuevo nivel de complejidad porque las sad beige mums trasladan este escenario a la vestimenta y juguetes de sus hijos porque lo colorido se percibe como una agresión a los sentidos de los niños, supuestamente sobreestimulados por las formas y tonos estridentes.

Aun así, la estética manda. En el universo sad beige, los niños se convierten en una extensión decorativa de la casa y de los padres: ropa, juguetes y habitaciones siguen la misma paleta neutra, componiendo un todo armónico que, además, funciona de maravilla en Instagram.

La estética por encima de la ciencia

No hay evidencias científicas que respalden la idea de que los colores intensos resulten dañinos para el desarrollo de un bebé. De hecho, los estudios muestran que en sus primeros meses los bebés distinguen únicamente contrastes básicos —blanco, negro, gris— y que es después cuando empiezan a reconocer los primarios como el rojo, azul, verde, amarillo de forma muy similar a cómo lo hacen los adultos sin que haya ningún tipo de alteración o impacto neurológico tal y como ha demostrado un reciente estudio de la Universidad de Tokyo. 

 

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Si bien esta tendencia lleva unos años presente en las redes, el color  nude y el marrón irrumpieron de nuevo en la moda hace un par de años, fenómeno que se ha estudiado junto a tendencias como el clean look y su vinculación a las políticas conservadoras y la imagen femenina. Los colores beige proyectan la falsa idea de estabilidad, discreción, orden.  

La uniformidad estética de las sad beige mums no es un fenómeno aislado, sino parte de un patrón más amplio: la homogeneización de contenidos en redes sociales y medios digitales. Instagram, TikTok y Pinterest promueven universos visuales idénticos, donde la diversidad o el color en este caso, queda relegada a un segundo plano

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