Activistas, periodistas -sobre todo mujeres– y civiles que ha decidido manifestarse por sus derechos han sufrido más represiones en este año alrededor del mundo, de acuerdo con el informe anual de Poder Ciudadano 2025, de CIVICUS Monitor, la alianza global de organizaciones y activistas dedicada a fortalecer la sociedad civil. 2025 ha quedado como marcado como el año en el que la democracia sufrió un gran batacazo en América y Europa.
Ana María Palacios, investigadora para las Américas del CIVICUS Monitor asevera que 2025 ha sido un mal año para la mayoría de las democracias que han monitoreado en el mundo durante los últimos 12 meses. “Hemos documentado diferentes dinámicas de restricciones al espacio cívico y afectaciones al espacio democrático”, asegura la experta en videollamada con Artículo14.

Según Palacios, un espacio cívico abierto es aquel donde se puede ejercer el derecho a la protesta, hay libertad de expresión y asociación, y donde no hay miedo a las represalias por organizarse en espacios públicos. “Menos del 10% de la población puede ejercer esas tres libertades cívicas. Según nuestros datos, solamente el 7% de la población vive en un espacio cívico abierto”, explica.
¿Democracias consolidadas?
De acuerdo con el informe, los espacios cívicos se dividen en cinco categorías: abierto, reducido, obstruido, reprimido y cerrado -de mejor a peor calificación- y este año países como Estados Unidos y Argentina han girado hacia unas restricciones cada vez más intensas. Según Palacios, ambas naciones, que son categorizadas como democracias consolidadas, ahora se encuentran en la tercera peor calificación del monitoreo: obstruido. “Esto hace que el 90% de la población en toda la región del continente americano viva en un espacio donde las restricciones al espacio cívico son frecuentes”, explica la experta.

Palacios relaciona el empeoramiento de las categorías directamente con la llegada de los presidentes de ambas naciones, Donald Trump y Javier Milei, respectivamente. En el caso argentino, ha habido opresiones en contra manifestantes, pero una de las más representativas es la escalada represiva contra los defensores del medio ambiente. “La población mapuche ha sido reprimida por años en Argentina y también en Chile, pero lo que ha ocurrido este año es bastante emblemático del uso del del derecho penal como forma para perseguir y para silenciar a las voces más críticas”, agrega.
Zoe Tojo, coordinadora de proyectos en Consciente Colectivo, una ONG argentina, concuerda con esta aseveración. “Desde hace años el hostigamiento ha sido constante, pero es verdad que por lo menos en Buenos Aires sí se vio un aumento en el hostigamiento en todos los niveles”, indica la activista.

Uno de los ejemplos más visibles fue el Protocolo Antipiquetes, una normativa del Ministerio de Seguridad que regula la actuación de las Fuerzas Federales y que el presidente Milei aprobó a finales de 2023, días después de su llegada a la Casa Rosada. “Su aplicación en marzo de este año llevó a la represión más brutal por parte de las fuerzas del Estado argentino. Resultó en al menos 700 personas heridas, más de 100 personas detenidas de forma arbitraria con casos de tratos crueles y humanos degradantes, incluso casos de violencia sexual”, añade Palacios.
Uno de los casos más graves ha sido el del fotoperiodista Pablo Grillo, quien fue herido con una granada de gas lacrimógeno en marzo de este año y estuvo ocho meses en terapia intensiva. “Aún hoy está peleando por su vida y con secuelas cognitivas después de ese enfrentamiento con la policía”, comparte Tojo.

Pero la represión física no es la única amenaza bajo la que los argentinos viven, sino que también se les ha amenazado con cobrar los costos de los operativos policiales a organizaciones que lideran convocatorias. “Es algo que impracticable, pero que también abona al clima de reprimir la movilización. Esto es un poco más una estrategia narrativa, pero sí funciona como un dispositivo para desmovilizar. Para organizaciones como la mía, que somos una organización relativamente chica, lo tenemos que pensar dos veces al decidir participar en una movilización porque sabemos los riesgos”, señala Tojo.
Y Argentina es tan solo uno de los ejemplos más recuentes en el continente americano. Estados Unidos también ha utilizado la misma dinámica de utilizar a las fuerzas del Estado como un mecanismo de represión en las calles, señala Palacios. La comunidad de personas migrantes en ciudades como Los Ángeles también han sufrido el uso excesivo de la fuerza, e incluso las armas no letales.
Europa también se ve afectada
Pero América no es el único continente que se ha visto afectado a niveles represivos, pues en Europa, Francia, Italia y Alemania también han tenido un descenso debido a las represiones contra las personas que se manifestaban en solidaridad con el pueblo Palestino.
Palacios apunta que países del norte global tienen un sesgo en contra de quienes se manifiestan por Palestina. “El 60% de todas las restricciones al espacio civil que documentamos en Europa tenían que ver con restricciones a la represión a favor del pueblo palestino”, finaliza.

