Como muchos otros miles de venezolanos residentes en Florida, Beatriz Roquett no podía creer las noticias que llegaban el pasado 3 de enero, cuando fuerzas estadounidenses capturaban a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, durante una incursión-relámpago en Caracas.
A ella también le costaba salir de la perplejidad, pero no tardó en llegar a sus conclusiones cuando poco después trascendieron los detalles y Donald Trump anunció en rueda de prensa que, aunque Maduro era preso de Estados Unidos, el gobierno de Venezuela quedaba en manos de su vicepresidenta, Delcy Rodríguez.
“Me pareció un juego muy loco en el que se estaba llevando a la persona equivocada”, le contó a Artículo 14 en la pequeña tienda que regenta hace décadas en un conjunto de apartamentos vacacionales en Weston, Florida. “Se llevaron a un hombre que es un títere, pero dejaron a todos sus subordinados, que son los que en realidad le mandaban”, cree.

El paso de los días y el hecho de que todo el resto de dirigentes chavistas siguen en sus puestos parecen darle crédito a las sospechas de una mujer de 74 años que llegó a Estados Unidos hace más de 30 años porque su ex marido, “una persona posesiva” según ella, quiso trasladar a su familia aquí desde las afueras de Caracas, donde se ganaba la vida como maestra.
Para ella, “Maduro es culpable, pero mucho más culpables son los que han quedado después de él”. Convencida de eso, no entendía porque la gente le felicitaba en las horas de euforia que siguieron a la captura de la pareja presidencial venezolana. “La gente me felicitaba, pero yo no sentía alivio en absoluto, porque habían puesto a la persona equivocada”, asegura, en referencia a Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro que ha asumido como presidenta interina en su ausencia y a la que Trump reconoció como gobernante de facto a condición, según dijo, de que cumpla los designios de Washington.
“Dejar a Delcy no tiene ningún sentido porque tanto ella como su hermano (el poderoso presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Jorge Rodríguez) son dos personas resentidas”, afirma Beatriz.
A sus años, ella es de las que recuerda lo ocurrido con el padre de Delcy, un militante de ultraizquierda que murió bajo custodia policial en 1976 tras su presunta participación en el secuestro de un ejecutivo de una empresa estadounidense. Lo ocurrido con su padre marcó a los hermanos Rodríguez y su carrera política posterior hasta convertirse en las dos figuras claves del régimen de Maduro.

“Dejar a Delcy no tiene sentido, porque ella y su hermano son los peores de todos. Da miedo que el país quede en manos de alguien resentido porque mataron a su padre. Sin pensar en los errores que pudo cometer su padre, lleva años culpando a los venezolanos y vengándose de un país al que no quiere. ¿Cómo va a ser ella quien lo dirija?”, dice.
En contacto con la familia que le queda en Venezuela, sabe que la captura de Maduro no ha supuesto una liberación. “La gente no sale de casa por miedo”, cuenta, pocas horas después de que los reportes de prensa informaran de que las fuerzas de seguridad y los colectivos han establecido puntos de control en diferentes lugares del país.
Aunque dice que nunca la entusiasmó, reconoce en María Corina Machado, la líder opositora galardonada con el Nobel de la Paz, que “ha sido una mujer con los pantalones bien puestos que ha luchado por cambiar la situación en el país”, y critica que Trump la haya descartado para liderar el país: “María Corina ha luchado, ha sido valiente, ¿quién es él para juzgarla?”.
Beatriz cree que el motivo por el que Trump descarta a María Corina como presidenta de la Venezuela post-Maduro es que “odia a las mujeres; nos utiliza, pero no cree que seamos capaces de nada”.

Y sobre el verdadero interés de Trump en Venezuela, no tiene dudas. “A él no le importa la gente ni la vida terrible que lleva hace años, solo le importa el petróleo porque tiene intereses económicos en eso”, dice.
“Lo que pasa es que no lo dice abiertamente y tiene una capacidad asombrosa para mentir y que el pueblo americano le crea”, añade.
Sin embargo, cree que esta vez le va a costar más convencer a la opinión pública de que su maniobra en Venezuela ha sido buena idea. “Esto no le va a dar votos”, pronostica, “porque la gente se está dando cuenta de que lo que está haciendo es aprovecharse de que es el presidente (de EE.UU.)”.
A Venezuela aún la ama y le importa, aunque, al contrario que otros venezolanos de Florida, no cree que vuelva a vivir allí. “Ahora me costaría mucho acostumbrarme”, reconoce. “Las cosas no van a empezar a cambiar allí hasta que haya otra elección”. Lo dice el mismo día que Trump ha descartado que se celebren a corto plazo.

