Lidia Guinart es diputada por Barcelona en el Congreso de los Diputados. Casada y madre de una hija, se define como una persona que cuida especialmente sus espacios personales para mantener el equilibrio con la vida política.
“Me gusta mucho el senderismo, andar por la montaña”, explica al hablar de cómo desconecta del día a día parlamentario. La lectura es otra de sus grandes pasiones: “Me encanta leer, desde novela negra hasta ensayo político o feminista”, confiesa, reconociendo que es “feliz cuando entra en una librería o en una biblioteca”. También la música ocupa un lugar importante en su vida: “Me gusta el rock, el rock indie, y soy muy fan de Bruce Springsteen”.
Nacida el 30 de diciembre de 1966 (60 años), explica que es “una profesional del periodismo” al relatar su llegada a la política. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universitat Autònoma de Barcelona, con un posgrado en periodismo digital y estudios de Ciencias Políticas, Guinart recuerda que fue el Partido Socialista de Cataluña quien “vino a buscarme” al considerar que podía ser “un activo para la política municipal”. Aquel paso, reconoce, supuso un reto atractivo: “Siempre me había interesado la política, si bien desde el otro lado, ejerciendo como periodista, y me pareció que servir a mi ciudad era un reto que me apetecía”.

Desarrolló una etapa política vinculada al ámbito local, como teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet entre 2011 y 2015 y consejera nacional del PSC. Desde ahí dio el salto al Congreso, donde ha seguido desarrollando su trayectoria.
La diputada ha sido especialmente activa en la defensa del feminismo. “Yo soy feminista y estoy en política por la lucha, en la que creo de verdad”. Es así, como no elude una de las cuestiones que, admite, atraviesa de forma transversal la vida política de una mujer: la desigualdad. “Vivimos en una sociedad en la que la igualdad formal existe, pero la igualdad real todavía está por conquistar”, afirma, subrayando que esa realidad “impregna todos los ámbitos de la sociedad, evidentemente también la política”.
Sin embargo, reconoce que ciertos avances. “En mi partido desde hace muchos años tenemos listas cremallera”, recuerda, señalando que el PSOE fue pionero en este terreno y que la posterior ley de paridad ha extendido ese modelo al conjunto de formaciones. Aun así, advierte de que persisten obstáculos estructurales: “Hay otras cuestiones, como el problema de los horarios y de los usos del tiempo, que a veces dificultan que las mujeres den el paso adelante, sobre todo en la representación política”.
Desde su experiencia, observa que persisten inercias de género en la distribución de responsabilidades. “Hay comisiones demasiado feminizadas y hay comisiones demasiado masculinizadas”, indica, aunque reconoce que se están produciendo cambios progresivos. En este sentido, destaca el papel del PSOE en la implantación de medidas de paridad. “En mi partido desde hace muchos años tenemos listas cremallera”, recuerda, poniendo en valor que estas políticas se hayan extendido posteriormente al conjunto del sistema político.
Confiesa que en los pasillos del Congreso puede haber mucho “heavy metal”, pero también reivindica una concepción de la política alejada del enfrentamiento permanente. “La política que hacemos en el Congreso va mucho más allá de lo que se ve en los medios o en las redes”, explica. A su juicio, la imagen pública suele centrarse en el choque, pero invisibiliza el trabajo cotidiano de negociación. “También hay mucho diálogo, mucho consenso y mucho intento de acercamiento entre rivales políticos”, afirma. Como ejemplo, cita el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que se aprobó “por casi unanimidad” tras meses de trabajo conjunto entre fuerzas políticas muy diferentes.
Pese a las dificultades inherentes al ejercicio político, Guinart asegura no haberse planteado abandonar. “No, la verdad es que no, porque es una decisión voluntaria”, responde cuando se le pregunta si alguna vez se ha arrepentido. Reconoce que hay momentos complejos, pero insiste en que mantiene intacta la motivación: “Creo que lo que hago cada día vale la pena”.
Finalmente, lanza un mensaje directo a las mujeres que quieren adentrarse en la política. “Que si de verdad lo quieren, lo hagan”, anima, convencida de que la política necesita más voces femeninas. Cree que “vale la pena entrar en política para hacerla más igualitaria”, especialmente para aquellas que tienen ese objetivo de transformar la sociedad. Según comenta, el fin es claro: “Mejorar la vida de las personas”.
