Las chanclas son el calzado icónico del verano, siendo sinónimo de comodidad, frescura e informalidad. Sin embargo, su uso prolongado constituye un error generalizado que puede afectar salud podológica, e incluso ser sujeto de multas de tráfico. Entonces… ¿es peligroso usar chanclas en verano?
Los expertos lo tienen claro, y ofrecen una respuesta clara, junto con patologías más habituales y alternativas aprobadas y recomendadas a este calzado estival.
Entonces… ¿es peligroso usar chanclas en verano?

Según indica el Ilustre Colegio Oficial de Podología de la Comunidad Valenciana (ICOPCV), este tipo de calzado debe limitarse estrictamente a playas, piscinas y vestuarios. Su diseño resulta inadecuado, y puede desencadenar un amplio espectro de lesiones que van desde molestias temporales hasta alteraciones estructurales permanentes.
El diseño irregular de las chanclas tradicionales las convierte en un calzado inadecuado para usos prolongados. Resultan inestables, hecho que aumenta drásticamente el riesgo de esguinces de tobillo y caídas. La suela delgada y flexible no amortigua adecuadamente el impacto contra el suelo, transmitiendo la fuerza a articulaciones superiores, las cuales pueden llegar a lesionarse.
Para evitar que la chancla se desprenda, el pie se ve forzado a realizar una contracción constante de los dedos. Este gesto, nada natural, altera el patrón de la marcha, provocando pasos más cortos y arrastrados, sobrecarga de la musculatura del pie y aumento de la tensión en la fascia plantar. Estas descompensaciones al andar pueden llevar a desequilibrios posturales y dolor de espalda.
Muchas chanclas están fabricadas con plásticos o gomas de baja calidad. Estas atrapan la humedad e impiden la transpiración, creando un microambiente ideal para el desarrollo de hongos y otros microorganismos. Asimismo, generan fricción constante en la piel y en zonas de apoyo. Por lo tanto, definitivamente es peligroso usar chanclas en verano continuamente.
Alternativas a las chanclas y otros consejos

Por estos y otros motivos, los podólogos recomiendan optar por calzado que combine frescura con sujeción y soporte, como sandalias con sujeción trasera que eviten el “efecto garra” en los dedos.
Otras opciones son las sandalias deportivas con suela técnica y con amortiguación, las alpargatas con plantilla anatómica, o zapatillas de tela transpirables con buena sujeción. Para uso puntual en entornos acuáticos, se deben priorizar los modelos con suela relativamente rígida y gruesa, de forma ergonómica, con tiras anchas y hechas con materiales transpirables.
El consejo de los podólogos valencianos es que el uso de chanclas sea limitado, no superior a dos horas. Estos usos deben ir acompañados de una buena higiene y limpieza cada día, e incluso una revisión médica si fuera necesario.
El verano no debe ser sinónimo de comprometer la salud podológica. La comodidad de las chanclas oculta un potencial daño a medio y largo plazo para las estructuras del pie. La elección de un calzado estival adecuado, que priorice la sujeción, el soporte del pie y los materiales transpirables, resulta en una buena inversión en salud.
Los podólogos insisten en consultar con un profesional ante cualquier dolor persistente, evitando que un mal uso nos haga ver que es peligroso usar chanclas en verano en todo momento.