El cometa 3I/ATLAS vuelve a ser noticia. Tras semanas de especulación y teorías extravagantes sobre su origen, una nueva observación realizada desde Sudáfrica ha aportado datos científicos decisivos. Una señal de radio detectada por el radiotelescopio MeerKAT permite conocer mejor la composición del objeto y descarta por completo las hipótesis más sensacionalistas. Se confirma, una vez más, que estamos ante un cuerpo natural, activo y alineado con el comportamiento esperado de un cometa interestelar.
Una señal que aclara el misterio del cometa 3I/ATLAS
La clave de esta última hora del cometa 3I/ATLAS procede de MeerKAT, un telescopio compuesto por 64 antenas a unos 600 kilómetros de Ciudad del Cabo. El 24 de octubre, los investigadores registraron una señal en forma de absorción provocada por moléculas de hidroxilo (OH). Un compuesto que se genera cuando el hielo del cometa se sublima al acercarse al Sol.
Michael Küppers, científico de la Agencia Espacial Europea, explica que esta detección confirma que uno de los principales componentes del núcleo del cometa 3I/ATLAS es agua. Exactamente igual que ocurre en la mayoría de cometas del sistema solar. Señales similares se han encontrado en decenas de cuerpos helados. Esto refuerza la interpretación científica frente a las hipótesis que apuntaban a naves o tecnologías extraterrestres.

Durante las semanas en que el cometa 3I/ATLAS permaneció oculto tras el Sol, algunos grupos alimentaron especulaciones sobre movimientos anómalos. Sin embargo, cuando reapareció el 4 de noviembre estaba justo donde lo predecían las órbitas calculadas. La señal recuperada confirmó un patrón de comportamiento completamente natural.
Las emisiones observadas son líneas espectrales, auténticas huellas moleculares. Como aclara Küppers, todas las moléculas emiten o absorben luz en longitudes de onda características. Y en el caso del hidroxilo estas líneas se sitúan en frecuencias de radio muy largas. Para que esta absorción sea detectable, el cometa 3I/ATLAS debe estar lo suficientemente activo como para liberar gas al espacio, lo cual encaja perfectamente con su situación actual.
Más datos que confirman la composición natural del cometa
El cometa 3I/ATLAS ya había ofrecido pistas similares semanas antes. El telescopio espacial Swift, de la NASA, había detectado hidroxilo en la región ultravioleta del espectro. La observación de MeerKAT, realizada en otra longitud de onda, refuerza la idea de que el núcleo contiene agua y sigue en plena actividad.
El investigador Javier Peralta recuerda en El País que estas señales se detectan mejor cuando el cometa 3I/ATLAS está cerca del perihelio, justo cuando el hielo se calienta, se sublima y libera grandes cantidades de vapor. Ese proceso, explica, genera moléculas que pueden observarse desde diferentes instrumentos repartidos por el planeta.

Elena Manjavacas, astrónoma del Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial, señala también en El País que no hay nada misterioso en estas detecciones. Las señales de radio son simplemente otra forma de luz. Si el cometa 3I/ATLAS emite en múltiples longitudes de onda, es normal que algunas solo sean perceptibles con radiotelescopios especializados.
Un objeto interestelar que aún guarda secretos
Los datos actuales permiten estimar cuánta agua desprende el cometa 3I/ATLAS y cómo varía esa actividad según su distancia al Sol. Pero, como subraya Küppers, una sola molécula no basta para reconstruir el origen del objeto. Sospecha que el cometa lleva tanto tiempo viajando por el espacio interestelar que su trayectoria actual ya no revela su punto de partida.
Los científicos coinciden en que estos cometas procedentes de otros sistemas estelares son raros, pero probablemente más comunes de lo que se pensaba. El cometa 3I/ATLAS, junto a Oumuamua y Borisov, abre la puerta a estudiar procesos de formación planetaria en lugares remotos de la galaxia.

Pronto habrá nuevas oportunidades de observación. En febrero de 2026, la misión JUICE de la ESA realizará nuevas mediciones de radio aprovechando el paso del cometa 3I/ATLAS cerca de Júpiter. Sus instrumentos permitirán analizarlo desde una nave espacial por primera vez.
