Entrevista

“No todas las discapacidades se reconocen, aunque incapaciten”

Chelo Álvarez, presidenta de la asociación Alanna y psicoterapeuta especializada en trauma y violencia de género, explica la negada "discapacidad sobrevenida"

Chelo Álvarez, fundadora de la Asociación Alanna Kike Taberner


El 23,4% de las mujeres con discapacidad que han sufrido violencia física o sexual por su pareja o expareja afirma que su discapacidad es consecuencia de esta, así lo recogió la Macroencuesta del Gobierno contra la Violencia de Género de 2019. Esto se llama ‘discapacidad sobrevenida de la violencia’. Y aunque es algo muy común, muy pocas personas hablan de ello.

Chelo Álvarez, presidenta de la asociación Alanna y psicoterapeuta especializada en trauma y violencia de género, explica que hay dos tipos de discapacidad sobrevenida: la que el sistema considera “grave” para dar una minusvalía y la ‘incapacitante’, aquella que no permite a la víctima retomar su rutina del día a día después de haber salido de un episodio de violencia de género pero la cual no está reconocida oficialmente como discapacidad.

¿Qué es la discapacidad sobrevenida?

La discapacidad sobrevenida es una discapacidad que sucede a través de un hecho, como puede ser, por ejemplo, a partir de un accidente de coche, una caída o una borrachera. Pero también por violencia de género.

A nivel físico, los golpes van normalmente a la cabeza, a los oídos, a la nariz, a los ojos, incluso al cerebro. Todas esas secuelas pueden acabar en una discapacidad sobrevenida. Pueden ser medias o severas. Yo, por ejemplo, conozco a dos mujeres que tienen una paraplejia porque los golpes en la cabeza pueden derivar en daños muy graves.

Por estrangulamiento, una mujer se puede quedar sin oxígeno en el cerebro, lo que supone un daño neuronal grave. Otras mujeres han quedado con el brazo mal o una pierna mal para toda su vida. Porque además, muchas no acuden a urgencias después de recibir estos golpes porque las parejas no se lo permiten. Por eso las cifras de la macroencuesta tampoco son reales.

Nosotras tenemos a una compañera que su pareja le dio con un bate de béisbol metálico en una pierna y no le dejó salir de casa. Se recuperó la rotura de la tibia en su casa, con lo que conlleva eso para el dolor y la soldadura. Ahora esa mujer está coja. Hay un montón de casos que explicar así.

Luego, por otra parte, están las enfermedades mentales graves como puede ser la esquizofrenia. Todo eso se queda para siempre. Entonces algunas van y piden el certificado de minusvalía, las evalúan y se lo dan en los centros de diagnóstico. Aunque hay muchas otras que ni lo intentan.

Además, esto también les puede ocurrir a los menores, a los hijos e hijas de las víctimas. Pasa exactamente lo mismo y las cifras son muy similares, lo que pasa que al ser niños, si la minusvalía no es muy alta, no se suele valorar. Pero también hay un montón de criaturas con diagnósticos graves a consecuencia de la violencia de género y los abusos sexuales. Esto es gravísimo y es un tema del que no se habla y del que hay que hablar.

Otro tema son los menores mal diagnosticados en psiquiatría. Niños abusados sexualmente que les diagnostican un trastorno del espectro autista.

¿Son muchas las mujeres que tienen una discapacidad sobrevenida por la violencia de género?

Hay un montón. La macroencuesta reflejaba un 23,4% de las mujeres con una discapacidad reconocida. Pero no hay que olvidar que ese dato es equivalente a las mujeres que han denunciado y denunciamos menos del 30% por desgracia. Por eso, si empiezas a hacer números, la discapacidad sobrevenida a consecuencia de la violencia de género es altísima.

¿Cómo es para estas mujeres vivir con una discapacidad sobrevenida?

Es más complicado. Ellas son conscientes de que el trauma físico o psíquico que ha derivado en una discapacidad para toda la vida viene sobrevenido del de la violencia que han sufrido y es terrible. Es doblemente terrible porque además del trauma que has sufrido por la violencia machista, esta también te ha dejado secuelas de por vida.

¿Cómo es el proceso de solicitar la minusvalía?

En el Boletín Oficial del Estado, en 2022, se publicó un Real Decreto que sacó el Ministerio para agilizar en determinadas circunstancias sociales el certificado de discapacidad. Y uno de ellos era la violencia de género. Logro que fue de CERMI dado que había personas con ELA que fallecían antes de que les llegara el certificado.

No obstante, conseguir el reconocimiento es un periplo impresionante. No consiste en pedir cita, una evaluación, llevar todos los informes médicos y que te reconozcan la discapacidad. Es que es un tema que se puede alargar durante un año como mínimo, dependiendo de la comunidad autónoma.

Además tú puedes no estar de acuerdo y recurrirlo. Entonces, otra vez tienes que pasar por el tribunal médico. Es un proceso largo y revictimizante porque encima de todo lo que has vivido vuelves a repetir toda la historia.

Otra cosa que es importante señalar es que no hay una salud mental adaptada a estas mujeres y eso es muy grave.

También hay discapacidades que son incapacitantes pero que no están reconocidas como tal, como por ejemplo una depresión o la agorafobia

Claro, por ejemplo, aunque sea una ansiedad sostenida en el tiempo, no dan un certificado de minusvalía por eso. El trastorno de estrés postraumático está presente en más del 50% de las víctimas y uno de los síntomas son los estados ansiosos o depresivos que pueden durar un montón de años. Es que puede ser que en cinco años, la mujer se vea bien y de pronto con algún hecho que suceda en su vida comience a rememorarse en su memoria momentos y comience a hacer conexiones neuronales que ya tenía escondidas.

Entonces vuelve a empezar el estado ansioso, depresivo y con todo lo que conlleva que es discapacitante totalmente, por ejemplo, el miedo a salir a la calle. No se puede mover de su casa porque le duele todo y tiene miedo, con lo cual se queda sin trabajo. Es una espiral que es terrible. De hecho la OMS advierte de que salir de un proceso de violencia de género cuesta una media de ocho años.

Además, como no sea una enfermedad mental grave tipo una esquizofrenia no suelen dar la minusvalía porque pese a todo, una depresión o un transtorno de ansiedad no es reconocible como una discapacidad aunque eso las inhabilite.