Hoy es el Día Internacional de la Mujer. Desde hace 51 años nada menos. Más de medio siglo de lucha por la igualdad en todo el mundo por una causa necesitada aún de enorme aliento. “El mundo no te regalará nada. Si quieres conseguir algo, lúchalo”, escribió Lou Andreas Salomé. En las calles de España, sin embargo y seguramente como excepción, se escuche hoy el grito no a la guerra más que el sí a la mujer. Una rareza propiciada por el tiempo de urnas en el que vivimos.
La mayoría de los españoles está contra la guerra. En efecto. Y tiene todo el derecho a manifestarse, faltaría más. Lo único que tenemos realmente propio son nuestras creencias y hay que defenderlas. Sólo hay un Día de la Mujer al año. Uno solo. Hay muchos días para atender la proclama de Pedro Sánchez, para escuchar las invocaciones pacifistas, tan justificadas, para gritar contra Trump, desde luego. Hay sólo un día al año para que todo el planeta se convierta en un clamor a favor de la mujer. En especial en estas fechas en las que un régimen teocrático las persigue y las asesina por pretender ser libres.

En un día como el de hoy no resultaría extravagante el que en algún rincón de nuestro país se escucharan exhortaciones en recuerdo de las mártires iraníes. Miles de casos se contabilizan ya en estas últimas semanas de represión. Y por todas las mujeres del mundo, por supuesto. Resulta extraño que haya que recordarlo. Y descorazonador. Muy especialmente en España, donde tantas noticias penosas todavía ocurren. Donde tanto trabajo queda por hacer. Donde parece que el cansancio algunas veces se impone y donde algunos movimientos en defensa de la mujer se han convertido en meras factorías de consignas o en triste reducto de oportunistas.
Bastaría un repaso para confirmar que el monstruo sigue ahí. Permanecen los datos terribles de la violencia de género, el machismo brutal tanto en el vértice del poder (casos repugnantes que emergen cada día) como en los sótanos de los hogares, o la brecha laboral, las injusticias sociales de toda condición, el insoportable desfase salarial, y, desde luego, el peligroso horizonte de unos jóvenes que descreen de la idea igualitaria entre hombre y mujer, que no parecen enterarse de que han de ir a la par, caminar con los mismos derechos y las mismas posibilidades. Sí. Todavía esto está sucediendo.
La realidad es pesada, difícil, vulgar, como dijo Pla. No llegan al 40% los españoles menores de 30 años que se manifiestan feministas. O que simpatizan con la idea de feminismo. Quizás no abrazan el concepto porque las redes lo desacreditan cada día. Objeto de memes, burla constante, groserías sin fin. Pero late en buena parte de lo que llaman la generación Z ese sentimiento refractario a la defensa de la lucha de la mujer y a cuanto representa. Seguramente algo se está haciendo mal. Y es preciso reflexionar sin apriorismos, sin orejeras ideológicas, sin gritos ni aspavientos inútiles. Hay que trabajar mejor y predicar con el ejemplo. Cada día, desde cada despacho, sin populismos ni eslóganes manidos.

Llega este 8M en un ambiente doloroso, con una guerra desatada en el polvorín de Oriente Medio y cuyo futuro se perfila terrible. El presente ya nos confirma datos espeluznantes. Miles de muertos y una realidad económica que atemoriza. Y acaba de empezar. Cuentan las estadísticas que las mujeres rechazan los conflictos bélicos en mayor medida que los hombres. Aquí y en medio mundo. Basta con asomarse a la historia de la humanidad y a la literatura universal para confirmar el dato. No es un tópico.
Se escucharán hoy gritos contra la guerra en las calles por todo el país. Ojalá no se olvide el enorme drama de los miles de mujeres que padecen persecución, sufren horror, son asesinadas en tantos lugares del planeta, como ocurre en Irán donde el zarpazo de la represión, el hostigamiento, las torturas, el desprecio, el odio por no plegarse a los designios del amo, del clérigo, del verdugo, es todavía la ley. Que son escupidas, golpeadas, encerradas, lapidadas o asesinadas por sacudirse el trapo que oculta sus cabezas. Que están encerradas en una pocilga sometidas al dictado de un verdugo implacable. Que mueren cada día sin que apenas nadie diga nada, sin que nadie escuche su queja, sin que nadie se mueva por su llanto.
En suma, que en este Día de la Mujer la guerra no oculte es espíritu que lo creó, el de la de la libertad, la de la igualdad, el derecho a opinar, a vestir como se le antoje, a decidir, a pensar, a actuar, a todo eso por lo que nació hace medio siglo y que corre el riesgo de resultar manoseado y desvirtuado por intereses estrictamente particulares. Hay rectas conciencias en pie que, sin duda, rendirán hoy el apoyo al objetivo que marca esta jornada. No a la guerra, bien, vale, pero hoy, sí a la mujer. Hoy es 8M.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.
