Bad Bunny en la Super Bowl 2026: del reguetón a un fenómeno cultural global

El espectáculo de medio tiempo de la Super Bowl LX con Bad Bunny marca un hito para la cultura latina y desata un intenso debate entre la tradición identitaria y rechazo conservador tras un show casi íntegramente en español

Bad Bunny y Lady Gaga durante su actuación en el medio tiempo de la Super Bowl | Apple Music Super Bowl Halftime Show
Bad Bunny y Lady Gaga durante su actuación en el medio tiempo de la Super Bowl | Apple Music Super Bowl Halftime Show

La mitad de la población iba a cuchillo, y así comenzó Bad Bunny su actuación de medio tiempo de la Super Bowl LX, en una plantación de caña de azúcar. Desde ese primer gesto, el artista puertorriqueño dejó claro que no buscaba la neutralidad ni el consenso. Benito Antonio Martínez Ocasio recordó ante más de 135 millones de espectadores —la audiencia más alta en la historia del evento— que, pese a más de dos décadas de primacía del reguetón en las listas globales, el género sigue siendo leído como una música “local”, orgullosamente latinoamericana, y todavía cuestionada como forma cultural legítima en ciertos espacios de poder.

Ese arranque no fue solo una decisión estética, sino una declaración de intenciones. La caña de azúcar remite a la historia colonial del Caribe, a la explotación económica y al trabajo forzado que marcaron durante siglos a Puerto Rico y otras islas de la región. Convertir ese paisaje en escenario del mayor espectáculo televisivo del mundo fue una forma de inscribir una memoria histórica incómoda en un espacio tradicionalmente despolitizado.

El espectáculo, casi íntegramente en español, celebró la cultura puertorriqueña sin traducciones ni guiños evidentes al público anglosajón. De hecho, en un. Esa decisión convirtió el medio tiempo en un campo de batalla simbólico. La actuación no tardó en generar reacciones encontradas, con un fuerte rechazo desde sectores conservadores y un amplio respaldo desde el ámbito cultural y artístico.

Bad Bunny elige ropa de Zara para actuar en la Super Bowl.

En la historia del medio tiempo de la Super Bowl, reservado durante décadas a artistas capaces de concitar consensos amplísimos y transversales, pocas propuestas habían renunciado de manera tan explícita a “traducirse” para el público mayoritario. Ni siquiera montajes anteriores con presencia latina —como el de Shakira y Jennifer Lopez en 2020— habían llevado tan lejos la apuesta por un repertorio y una lengua no mediadas.

Donald Trump: “Es absolutamente lamentable”

La crítica más dura llegó desde Donald Trump. En una publicación de Truth Social el presidente calificó el espectáculo de “absolutamente lamentable” y “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos”. Criticó que gran parte de la actuación fuera en español —”nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo”, escribió— y tildó la coreografía de “repugnante, especialmente para los niños”. Trump no especificó qué elementos concretos consideraba ofensivos y aprovechó el mensaje para reivindicar los logros económicos de su administración. Bad Bunny no hizo ninguna alusión política directa durante su actuación.

La reacción de Trump no fue un episodio aislado, sino el síntoma más visible de una incomodidad latente ante la normalización de una cultura que durante décadas ha sido consumida, pero no plenamente legitimada. El español, en este contexto, operó como un detonante: no como lengua extranjera, sino como lengua excluida de los grandes rituales del poder simbólico estadounidense.

Más allá de estas críticas, la recepción fue mayoritariamente positiva. El artista, ganador de varios premios Grammy, evitó mensajes explícitamente políticos y optó por ensalzar la cultura latinoamericana y la hermandad entre Puerto Rico y Estados Unidos, reivindicando América más allá de los estadounidenses. Numerosas figuras del mundo de la música, el cine y la cultura pop celebraron el carácter histórico del espectáculo.

En las horas posteriores a la actuación, plataformas como Spotify y YouTube registraron un aumento significativo en las reproducciones del catálogo de Bad Bunny, especialmente en mercados no hispanohablantes, según datos recogidos por la prensa especializada. El impacto no fue solo simbólico, sino también cuantificable, confirmando que la apuesta identitaria no limitó el alcance global del espectáculo, sino que lo amplificó.

Kacey Musgraves escribió en X que la actuación la había hecho sentirse “más orgullosamente estadounidense que cualquier cosa que haya hecho Kid Rock”, en referencia al show alternativo organizado por Turning Point USA. Ben Stiller se limitó a un conciso: “Increíble espectáculo de medio tiempo”, mientras que Camila Cabello compartió una historia en Instagram en español celebrando “nuestra bella cultura latina”. Jennifer Lopez, que actuó en la Super Bowl de 2020 junto a Shakira, mostró su apoyo con una publicación en la que destacaba la bandera puertorriqueña y un mensaje previo deseándole suerte a su compatriota.

Bad Bunny convierte su actuación en la Super Bowl en un elogio a la América más allá de EE.UU.
Bad Bunny convierte su actuación en la Super Bowl en un elogio a la América más allá de EE.UU.

Uno de los gestos más comentados llegó desde Barrio Sésamo, cuando Elmo elogió la actuación refiriéndose al artista como “Conejito Bueno”. A estas reacciones se sumaron mensajes de apoyo de la también ganadora del Grammy Ejae, Doechii, J. Balvin, Nick Jonas o Tracee Ellis Ross, que celebraron su carácter festivo y culturalmente específico del espectáculo. La amplitud de los apoyos reflejó un consenso poco habitual en torno a una propuesta que no buscó la neutralidad. Desde distintos ámbitos se subrayó precisamente ese rasgo: la decisión de no diluir referencias culturales ni suavizar códigos para facilitar una lectura universal.

Las voces críticas, aunque minoritarias, fueron ruidosas. El influencer y boxeador Jake Paul llamó al boicot del medio tiempo, calificando a Bad Bunny de “falso ciudadano estadounidense”. Su hermano Logan Paul respondió públicamente distanciándose de esa postura y recordando que “los puertorriqueños son estadounidenses” y que era positivo que se les hubiera dado un espacio de visibilidad. Chris Brown, por su parte, publicó un mensaje insinuando que él debería haber protagonizado el espectáculo. Estas reacciones evidenciaron hasta qué punto la actuación activó debates latentes sobre identidad, pertenencia y ciudadanía, especialmente en relación con Puerto Rico, territorio estadounidense cuyos habitantes siguen ocupando una posición ambigua en el imaginario nacional.

En cuanto a la crítica especializada, el consenso fue ampliamente favorable: medios como The New York TimesThe Guardian, Variety, The Hollywood Reporter, Billboard o Los Angeles Times coincidieron en definir el show como “alegre”, “entretenido” y culturalmente específico: una oda explícita a la identidad latina sin concesiones. Varios de estos análisis subrayaron además el carácter generacional del momento: una industria del entretenimiento cada vez más condicionada por audiencias globales, plataformas digitales y públicos multiculturales que ya no responden a un único centro lingüístico o simbólico.

Más allá del entusiasmo o el rechazo, la reacción al espectáculo confirma que Bad Bunny ya es, además de una estrella del pop global, un significante cultural sobre el que se proyectan debates identitarios, lingüísticos y políticos que exceden el marco musical. El medio tiempo del Super Bowl, tradicionalmente reservado a figuras de consenso global, acogió esta vez una propuesta que no buscó traducirse ni suavizarse, sino afirmarse desde una identidad concreta. Y ahí reside, precisamente, su dimensión histórica.

TAGS DE ESTA NOTICIA