La decisión de George Clooney y Amal Clooney de adquirir la nacionalidad francesa, junto a la de sus dos hijos, va mucho más allá de un simple cambio de residencia. La naturalización, confirmada por un decreto oficial publicado en el Journal officiel francés, es una elección meditada en respuesta al desencanto político con su país que el actor ha ido expresando públicamente.
La publicación del decreto puso fin a semanas de especulación y confirmó que el actor estadounidense, su esposa Amal (abogada británico-libanesa especializada en derechos humanos) y sus gemelos de ocho años, Alexander y Ella, son ya ciudadanos franceses. Clooney había anticipado esta aspiración a comienzos de diciembre, cuando elogió abiertamente las leyes de privacidad francesas en una entrevista con la emisora RTL. “Amo la cultura francesa, amo la lengua francesa, aunque sigo hablándola más o menos regular”, declaró entonces, admitiendo con humor las dificultades de dominar el idioma pese a llevar más de 400 días de cursos.

La cuestión de la privacidad es central en esta decisión. Clooney ha insistido en que Francia ofrece un entorno mucho más protector para los menores que Estados Unidos, especialmente frente al acoso de los paparazzi. “Aquí no hacen fotos a los niños. No hay paparazzi escondidos a las puertas de los colegios. Eso es lo número uno para nosotros”, explicó. En varias entrevistas posteriores, el actor ha subrayado su inquietud ante la posibilidad de criar a sus hijos en Los Ángeles, inmersos en la cultura de Hollywood. “Me preocupaba criar a nuestros hijos en LA, en la cultura de Hollywood. Sentía que nunca iban a tener una oportunidad justa en la vida”, dijo, contraponiendo esa realidad a una Francia que, según sus palabras, “no da importancia a la fama”.
“Quiero que mis hijos tengan una vida normal”
La familia Clooney mantiene desde hace décadas una relación estrecha con Europa. Mucho antes de su matrimonio en 2014, el actor ya había adquirido una propiedad en el lago de Como, en Italia, en 2002. A esa residencia se sumaron con el tiempo una casa señorial en Inglaterra y, más recientemente, una finca en el sur de Francia: el Domaine du Canadel, una antigua explotación vinícola situada cerca de Brignoles, en el departamento del Var, comprada en 2021.
Aunque conservan un apartamento en Nueva York y una propiedad en Kentucky, Clooney ha reconocido que su hogar francés es “donde somos más felices”, pese a que la familia viaje con frecuencia.
En una entrevista con The New York Times, el actor evocó su infancia en Kentucky para explicar este retorno a una vida más sencilla. “Crecí en Kentucky y lo único que quería era escapar de una granja. Ahora me encuentro de nuevo en esa vida. Conduzco un tractor y hago todas esas cosas. Es la mejor oportunidad de una vida normal”, afirmó. La idea de “normalidad” aparece en todas sus declaraciones recientes. “Quiero que mis hijos tengan una educación y una vida normal”, insistió, recalcando que esa aspiración es compartida por su esposa.

Disputa con Trump
Sin embargo, en un segundo plano, la coyuntura política estadounidense también ha tenido peso en esta decisión. Clooney ha manifestado en los últimos años su preocupación por las amenazas contra la libertad de prensa en Estados Unidos durante la presidencia de Donald Trump. El enfrentamiento verbal entre ambos fue público y áspero: el entonces presidente llegó a calificarlo de “actor de segunda categoría”, mientras Clooney denunciaba las presiones y amenazas dirigidas contra periodistas y empresas periodísticas. Aunque el actor nunca presentó su naturalización como un gesto explícitamente político, diversas fuentes coinciden en que este clima de confrontación reforzó su deseo de establecerse definitivamente en Francia.
El caso de Clooney no es aislado. Otros creadores estadounidenses miran a Francia como refugio cultural y político. El director Jim Jarmusch anunció recientemente su intención de solicitar la nacionalidad francesa. “Me gustaría un lugar que me permita escapar de Estados Unidos”, afirmó, citando razones culturales y un rechazo explícito al clima político bajo Trump.
Con dos premios Oscar —uno como actor por Syriana y otro como productor por Argo— y una carrera que abarca décadas, George Clooney podría haber elegido cualquier lugar del mundo. Su apuesta por Francia, compartida con Amal y sus hijos, responde a una búsqueda de privacidad, estabilidad y valores alejados a los americanos.
