Desde hace semanas, en Venezuela parecía haberse instalado el alivio. La captura de Nicolás Maduro y el inicio de una transición tutelada por Estados Unidos hicieron que el país empezara a acostumbrarse a imágenes impensables hasta hace poco: presos políticos saliendo de la cárcel, anuncios de amnistía y promesas de cierre de centros de detención emblemáticos del chavismo. Este domingo, la secuencia se rompió.
Juan Pablo Guanipa, una de las figuras más relevantes del entorno opositor de María Corina Machado, fue detenido apenas doce horas después de haber sido excarcelado. La noticia cayó como un jarro de agua fría en un momento que el propio Gobierno había presentado como de desescalada. La alegría, hasta el momento contenida pero inevitable, ha dado paso, de nuevo, al miedo.
🚨 Exigimos fe de vida para Juan Pablo Guanipa al cumplirse más de 15 horas de su desaparición forzada.
Su familia y todo el país lo espera de vuelta en casa lo más pronto posible. #LiberenAGuanipa pic.twitter.com/AxzuM1RR6T
— Primero Justicia (@Pr1meroJusticia) February 9, 2026
El arresto se produjo en Caracas, en la urbanización Los Chorros. Familiares y aliados políticos denunciaron un secuestro, según explicaron, perpetrado por hombres armados, vestidos de civiles y sin ninguna identificación. Más tarde, fue la propia Fiscalía la que confirmó que había solicitado su arresto domiciliario por un supuesto incumplimiento de las condiciones de su liberación. Aunque el chavismo ahora defiende que fue un procedimiento legal, para la oposición y para el resto del país fue un secuestro que ha reabierto las dudas sobre una transición para muchos de pega.

Más de 600 presos políticos liberados
Desde el 8 de enero, al menos 383 presos políticos han sido liberados, según datos de la ONG Foro Penal. Este domingo, tras una nueva tanda de excarcelaciones, la cifra ascendía a 687. Entre los liberados había colaboradores directos de María Corina Machado y dirigentes opositores de alto perfil. La secuencia parecía confirmar que el Gobierno interino de Delcy Rodríguez avanzaba, aunque presionado por Washington, hacia una apertura controlada.
Ese contexto explica el impacto del caso Guanipa. No tanto por su perfil político -que también- sino por el contraste temporal: liberado por la mañana y detenido por la noche. “El mensaje es demoledor”, resume un dirigente opositor. “Te pueden sacar, pero también te pueden volver a meter cuando quieran”.
La amnistía, bajo sospecha
El episodio llega en plena tramitación de la ley de amnistía anunciada por Delcy Rodríguez y que se debatirá por última vez esta semana. El texto, presentado como un gesto para cerrar heridas desde 1999, ha sido recibido con mucha cautela por organizaciones de derechos humanos y por la oposición. El último borrador conocido limita las excarcelaciones a episodios concretos de convulsión social, lo que puede dejar fuera a decenas de presos detenidos por motivos políticos fuera de esos marcos.
A ese escepticismo se suma el precedente del Helicoide, cuyo cierre fue anunciado recientemente como uno de los símbolos del nuevo tiempo. Un gesto relevante, pero insuficiente para disipar las dudas. “Cerrar un centro no equivale a desmantelar un sistema”, repiten activistas venezolanos. Uno de ellos, entrevistado hace apenas cuatro días por este periódico: “La clave es erradicar la tortura y determinar responsabilidades”, explicaba Lorent Saleh, preso en el penal durante dos años, a Artículo14.

Zapatero y el nuevo escenario
La madrugada del viernes el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero aterrizaba en Caracas. Esta vez lo hizo de forma oficial, anunciando un viaje que se alargó casi 48 horas y que con el que buscaba apuntalar el proceso de diálogo. Se reunió con dirigentes opositores, con víctimas y con los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge).
Su papel, sin embargo, no despeja todas las incógnitas. Para los sectores más críticos, el chavismo sigue manejando tanto los tiempos como los gestos y de poco sirve el viaje del expresidente, criticado por la oposición venezolana, por considerar que buscaba en este viaje “anotarse un tanto” más que favorecer a una transición democrática justa.

Del alivio al recelo
El caso Guanipa ha reabierto heridas y ha puesto sobre la mesa dónde está la frontera entre la legalidad y la arbitrariedad del régimen. En los próximos días se sabrá si la ley de amnistía se aprueba tal y como está prevista y si las liberaciones prometidas se completan. Como tarde el jueves. También si la detención de Guanipa queda como un episodio aislado o marca un límite claro a la apertura anunciada. De momento, el opositor continúa preso mientras la Fiscalía sigue sin concretar cuáles fueron los motivos por los que se le volvió a arrestar apenas 12 horas después de ser puesto en libertad.
