La reunión entre Donald Trump y Gustavo Petro llega precedida por roces diplomáticos, amenazas comerciales y gestos que han tensado una relación históricamente sólida entre Estados Unidos y Colombia. Sin embargo, más allá de la agenda oficial -migración, narcotráfico, Venezuela o cambio climático- hay un terreno donde ambos mandatarios parecen reconocerse: la manera en que han convertido su intimidad, o al menos el relato sobre ella, en parte de su personaje público.
No es habitual que los jefes de Estado hablen de sexo, pero Trump y Petro han optado por otro camino. En contextos distintos, con estilos opuestos y trayectorias políticas irreconciliables, los dos han deslizado comentarios sobre su vida sexual que terminaron ocupando titulares.

“¡El mejor sexo que he tenido!”
En el caso de Trump, el episodio más célebre se remonta a 1990, en pleno divorcio con Ivana Trump y en medio de su relación con Marla Maples. Jill Brooke, entonces periodista del New York Post, relató años después cómo se gestó uno de los titulares más famosos del sensacionalismo estadounidense. Según su testimonio, Trump llamó furioso a la redacción exigiendo una portada y preguntó qué hacía falta para lograrla. La respuesta fue directa: “matar, dinero o sexo”. Trump no dudó en ofrecer la frase que haría historia: “Marla dice que conmigo es el mejor sexo que ha tenido”. De ahí nació el legendario “¡El mejor sexo que he tenido!”, un golpe maestro de autopromoción que consolidó al magnate como experto en dominar la conversación mediática.
Brooke reconoce que nunca pudo estar segura de que Maples hubiera pronunciado realmente esa frase. Años más tarde se supo que Trump imitaba voces para periodistas, lo que añade una capa de duda al episodio. Pero lo relevante no fue la veracidad, sino el efecto: el titular funcionó, vendió periódicos y reforzó la imagen de un hombre que no solo presumía de poder y dinero, sino también de desempeño sexual. “Desvergonzado y astuto, ya entonces sabía instintivamente cómo dirigir la conversación mediática”, escribió Brooke.

Esa relación desacomplejada con el sexo se repitió durante años en las conversaciones de Trump con el locutor Howard Stern. En esos diálogos, revisados posteriormente por CNN, el entonces empresario habló sin filtros de mujeres, edades, infidelidades y prácticas sexuales. Trump no ocultaba su entusiasmo por el tema, “me gusta el sexo, igual que a ti”. En otra ocasión, al ser interrogado sobre su vida íntima, insistió en que no veía ningún problema en abordarla públicamente y remató: “Mira, me gusta el sexo”.
En ese mismo programa, aceptó discutir prácticas íntimas como mantener relaciones sexuales durante la menstruación y admitió: “He estado ahí, he estado ahí, Howard, como todos nosotros”. Cuando Stern le preguntó si le resultaba desagradable, Trump respondió con desdén: “Bueno, a veces llegas ahí por error”. En ese mismo intercambio, el empresario también se prestó a comentarios sobre diversidad racial en sus relaciones, afirmando que todo dependía de “lo que consideres negro”.
Tampoco dudó en responder afirmativamente cuando se le preguntó por experiencias con tríos, corrigiendo incluso el cálculo del peso combinado de las mujeres implicadas: “No diría 300, diría más bien 375”. Para Trump, estas conversaciones no parecían requerir justificación alguna.
Trump también afirmó que perdió la virginidad “como a los 14 años”. “Era una jovencita realmente hermosa, la chica guapísima del instituto o la primaria o lo que sea”, dijo Trump.
Incluso ya casado con Melania, aseguró en antena que seguía manteniendo una vida sexual activa, afirmando que todavía tenía “mucho” sexo con su esposa. Para Trump, la sexualidad es otro escenario donde exhibir dominio, exceso y una deliberada ausencia de pudor.

“Yo en la cama… hago cosas muy buenas”
Gustavo Petro ha sorprendido recientemente con declaraciones que también colocan la intimidad en el centro del debate público. Durante un extenso discurso en Bogotá, en el marco de la reapertura del Hospital San Juan de Dios, el presidente colombiano se apartó varias veces del guion institucional para reflexionar sobre el amor, la conquista y su propia vida sexual. “A ningún periodista chismoso le debe interesar qué hago yo en la cama… hago cosas muy buenas”, afirmó, antes de calificarse como “inolvidable” en la intimidad.
Petro fue más allá al vincular inteligencia y atractivo, asegurando que “los hombres inteligentes siempre son amados por las mujeres, no importa cómo sea su cuerpo”. Entre risas y aplausos, defendió la idea de que el baile y la palabra pesan más que el músculo, y remató con comparaciones entre mujeres colombianas y europeas. En otro momento, incluso aventuró una interpretación personal de la vida amorosa de Jesús, afirmando que “hizo el amor” y que estuvo rodeado de mujeres que lo amaban.
El propio Petro conectó estas reflexiones con su inminente encuentro con Trump. “No me interesa qué hizo el señor Trump en la cama. Ni le preguntaré”, dijo, para acto seguido reivindicar su derecho a la privacidad y sentenciar que “el poder no se puede meter en la cama íntima, porque muere la libertad en el mundo inmediatamente”.
Tiene gracia que mientras reclama intimidad, el presidente la expone abiertamente.

Desigualdad
Ese tipo de declaraciones serían casi inimaginables en boca de una presidenta. No porque las mujeres no tengan vida sexual o no puedan hablar de ella, sino porque el coste político sería radicalmente distinto. Mientras estos líderes se permiten alusiones a su desempeño íntimo como una forma de reafirmar carisma, poder o virilidad, una mujer en el poder difícilmente podría hacerlo sin ser reducida al escándalo o al descrédito.
Este martes, cuando se reúnan en Washington para intentar recomponer una relación bilateral dañada por desencuentros sobre migración, narcotráfico o Venezuela, difícilmente hablarán de sexo. Pero el telón de fondo estará ahí, Trump y Petro se parecen más de lo que ambos estarían dispuestos a admitir.
