“Es más fácil cambiar de trabajo que de pareja”: el 29% de las mujeres deja su empleo tras la llegada de su primer hijo

Seis de cada diez mujeres que viven en pareja en España asumen la mayor carga del hogar. La investigadora Laura Sagnier advierte de que esta brecha nace en casa

En España, la desigualdad de género sigue teniendo uno de sus principales focos en el ámbito privado. Según los últimos estudios dirigidos por la investigadora Laura Sagnier, 6 de cada 10 mujeres que conviven con un hombre continúan asumiendo la mayor parte de las responsabilidades del hogar y la crianza, incluida la carga mental.

En términos absolutos, esto supone cerca de seis millones de mujeres que soportan lo que la propia experta denomina la “losa de hormigón”: un peso invisible, pero constante, que condiciona su vida diaria.

Avances lentos, desigualdad estructural

La investigación “Las mujeres y los hombres, hoy. ¿Igualdad o desigualdad?” evidencia que, aunque se han producido avances —el porcentaje de mujeres afectadas ha descendido del 70% al 62% en los últimos años—, el ritmo de cambio sigue siendo lento. De mantenerse esta tendencia, serían necesarias al menos dos generaciones para alcanzar un reparto equitativo real dentro de las parejas.

Pero más allá de las cifras generales, hay un dato que destaca por su impacto: el 29% de las mujeres ha abandonado el mercado laboral por motivos familiares, frente a apenas un 7% de los hombres. Una brecha que no solo refleja desigualdad, sino que también señala el origen estructural del problema.

“Es más fácil cambiar de trabajo remunerado que cambiar de pareja. Sobre todo, cuando esta pareja es el padre de tus hijos. Entonces la primera renuncia, el primer intento que hacen las mujeres cuando están sobrepasadas es… cambio de trabajo”, explica Sagnier.

El punto de inflexión en esta desigualdad suele coincidir con la llegada de los hijos. Según el estudio, las parejas que inicialmente presentan un reparto equilibrado de tareas se reducen en un tercio tras la maternidad, evidenciando que es en ese momento cuando se dispara la desigualdad. La crianza no solo implica más trabajo, sino también una reorganización de roles que, en muchos casos, recae de forma desproporcionada sobre las mujeres.

Jornadas invisibles y agotamiento

“Las mujeres en España están trabajando de media trece horas al día. Siete en el ámbito laboral y el resto en casa. Las que tienen hijos, la mitad en casa y la mitad en los hijos. Entonces, están agotadas”, subraya la investigadora.

Esta sobrecarga no es únicamente física, sino también mental: implica planificar, anticipar y responsabilizarse de que todo funcione en el entorno familiar.

De hecho, Sagnier insiste en que el problema no es solo la cantidad de tareas, sino quién asume la responsabilidad última: quién actúa como “director general” de la familia. Esta carga invisible, difícil de medir, tiene consecuencias directas en la salud, el bienestar y las oportunidades de desarrollo laboral de las mujeres.

El impacto también se extiende al ámbito económico. Muchas mujeres que reducen su jornada o abandonan el empleo acaban perdiendo independencia financiera, lo que puede generar dinámicas de poder dentro de la pareja.

Dependencia económica y dinámicas de poder

“Acabas perdiendo independencia económica, que esto es algo que en nuestra generación no estamos acostumbradas a que ocurra. Y luego, el hombre pasa a tener un poder que no sabía que existía. Que es… el dinero lo tengo yo, te lo doy yo, cuando yo quiero y para lo que yo quiero”, advierte Sagnier.

Esta situación no solo afecta a las mujeres, sino al conjunto de la sociedad. La sobrecarga femenina tiene consecuencias directas en el sistema económico y social: desde el aumento de los costes para la Seguridad Social hasta el incremento de bajas laborales, reducciones de jornada o excedencias.

“Afecta a las empresas, porque muchas bajas laborales son por causa de los problemas que tienen las mujeres de sobrecarga. Son costes muy elevados como pastillas para dormir, psicólogos o bajas laborales”, señala la investigadora.

Educar para cambiar el modelo

Además, la desigualdad doméstica se perpetúa de generación en generación. Los modelos familiares influyen en las expectativas y comportamientos futuros de hijos e hijas.

“Si en casa ellos han visto a una madre cargando una ‘losa’ y a un padre viviendo libremente su vida, no se van a creer que van a hacer lo mismo”, explica Sagnier. Así, los roles tradicionales continúan reproduciéndose, dificultando el avance hacia una sociedad más equitativa.

En este contexto, la experta subraya la importancia de tomar decisiones conscientes antes de formar una familia. La corresponsabilidad no surge de manera automática, sino que debe ser acordada y sostenida desde el inicio.

“Hemos sido educadas como que somos las mejores cuidadoras de la galaxia y que vamos a cuidar a nuestros hijos e hijas mejor que nuestra pareja. Esto, desde que somos pequeñitas y nos dan una muñeca, ya va calando en nuestra educación”, apunta.

El desafío, por tanto, no es solo redistribuir tareas, sino transformar creencias profundamente arraigadas. Mientras la “losa de hormigón” siga recayendo mayoritariamente sobre las mujeres, la igualdad real continuará siendo una meta lejana. Y los datos —contundentes— dejan claro que el coste de esta desigualdad no es solo individual, sino colectivo.

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