En un escenario donde los cambios suelen hacerse en silencio, Coco Gauff ha decidido alzar la voz con su raqueta. A sus 21 años, en el escenario más simbólico del tenis estadounidense, la joven estrella ha optado por desmontar uno de los fundamentos más delicados de su juego: el saque. No lo hace en la pretemporada, ni en un torneo menor. Lo hace en pleno US Open, frente a su público, con miles de ojos puestos en cada gesto.
No se trata de un simple ajuste técnico, ni de una búsqueda de matices. Es una apuesta valiente por reinventar por completo un movimiento que la ha acompañado desde su irrupción en el circuito. Un gesto que ha sido a la vez su mayor arma y su mayor debilidad.
Actual número tres del mundo y reciente campeona de Roland Garros, Gauff no solo compite contra las mejores del mundo en Flushing Meadows. También se enfrenta a una mecánica que le ha jugado en contra en momentos clave. Su servicio, explosivo y capaz de superar los 200 kilómetros por hora, ha sido también el origen de 311 dobles faltas en lo que va de año: la cifra más alta de toda la WTA (Women’s Tennis Association).

Reinvención en plena cima
Consciente de que los ajustes progresivos ya no eran suficientes, Coco Gauff decidió apostar fuerte. Para ello, recurrió a Gavin MacMillan, un experto en biomecánica con reputación bien ganada en el alto rendimiento deportivo. Su nombre no es nuevo en el mundo del tenis: fue el artífice silencioso detrás de la metamorfosis de Aryna Sabalenka, quien pasó de protagonizar incontables dobles faltas a conquistar el título del US Open y alcanzar el número uno del mundo.
Gauff, fiel a su estilo directo y reflexivo, fue clara al explicar su decisión: no quiere seguir jugando de una forma que no le representa.
Coco Gauff: “No quiero seguir jugando de una forma que no me representa. Este cambio no es solo para este torneo, es para el futuro”.
Pero el enfoque de MacMillan va mucho más allá de la técnica convencional. Su trabajo se adentra en las raíces del movimiento humano: la biomecánica profunda, el estudio de cómo el cuerpo genera potencia, estabilidad y repetición a partir de su estructura central. En particular, la columna vertebral como eje de la eficiencia en cada gesto.
Según él, los errores recurrentes en el saque no son fruto de la presión o del nerviosismo, sino de una mecánica mal diseñada: lanzamientos fuera de eje, una postura que se desploma al impactar, y un gesto imposible de sostener en situaciones de alta tensión.

Saque renovado, resultado positivo
En su estreno en el US Open, Coco Gauff venció con esfuerzo a la australiana Ajla Tomljanović en un duelo exigente que se resolvió en tres sets: 6-4, 6-7(2), 7-5. Más allá del marcador, el foco estuvo en su nuevo saque. Aún lejos de ser una fortaleza, comienza a dar señales de evolución: menos potencia bruta, más control; menos urgencia, más intención.
La victoria no llegó gracias al servicio, sino desde su esencia competitiva: una combinación de físico incansable, temple en los intercambios y lectura táctica en momentos clave.
A diferencia de Aryna Sabalenka, quien eligió reconstruirse tras tocar fondo, Gauff ha tomado otro camino: reinventarse en uno de los puntos más altos de su carrera. Con un título de Roland Garros en el bolsillo y firme entre las mejores del ranking, tenía motivos para conservar lo que funcionaba. Pero eligió lo contrario.
Y eso dice mucho. No se trata solo de ganar ahora, sino de construir para lo que viene.

El objetivo: dominar el juego
Este cambio en Coco Gauff trasciende lo técnico. Es una transformación estratégica, emocional y simbólica. La joven estadounidense no quiere que su saque siga siendo una moneda al aire, impredecible e inestable. Su objetivo es dominarlo por completo, convertirlo en una fortaleza sólida, un pilar que la sostenga en los momentos clave, y no en un obstáculo que la ponga en jaque.
Gauff sabe que el camino no será fácil. Modificar un gesto tan esencial a mitad de temporada implica asumir riesgos: puede perder partidos, ver caer su confianza y enfrentar incertidumbres. Pero es una inversión consciente en su futuro, un sacrificio necesario para construir algo más valioso que una buena racha pasajera: una carrera consistente, completa y duradera.
Mientras tanto, desde las gradas del Arthur Ashe Stadium, el público la observa con respeto y admiración. No solo está presenciando a una tenista competir, sino a una joven que, desde la cima, decide volver a empezar. Que elige el esfuerzo antes que la comodidad. Y que, en medio de la presión y el torbellino competitivo, mantiene la claridad para desechar lo que ya no le sirve.
Coco Gauff no solo quiere ganar partidos. Quiere evolucionar. Y en el deporte de élite, esa decisión es la expresión más pura de grandeza.