Proliferación nuclear

Expira el tratado START: comienza un vacío nuclear sin precedentes desde la Guerra Fría

El fin del New START, el último tratado de control de armas entre EE UU y Rusia, elimina los límites legales a sus arsenales armamentísticos: "El fin del acuerdo podría abrir la puerta a una nueva carrera armamentística", advierten las expertas

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Este jueves expira el último acuerdo que, durante más de cincuenta años, ha contenido el equilibrio nuclear entre las grandes potencias. Porque salvo giro de última hora, el tratado New START no se prorrogará y desde esta medianoche ya no está en vigor para Estados Unidos y Rusia que, por primera vez desde 1972, no tienen ya ninguna obligación legal que limite sus arsenales armamentísticos.

“El cambio inmediato es que desaparece el freno formal a la expansión de los arsenales”, explica Lena Georgeault, directora del Grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Villanueva. “New START era, sobre todo, un sistema de intercambio de datos, notificaciones e inspecciones. Sin ese marco legal, cada parte depende mucho más de su propia inteligencia y de inferencias”, señala en conversación con Artículo14.

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El acuerdo, firmado en 2010 y prorrogado en 2021, fijaba un máximo de 1.550 ojivas nucleares desplegadas y establecía un mecanismo de verificación mutua que obligaba a Washington y Moscú a compartir información sensible sobre sus capacidades estratégicas. Ese sistema, sin embargo, llevaba tiempo debilitado. Las inspecciones quedaron suspendidas por la pandemia y, después congeladas por decisión del Kremlin en respuesta al apoyo militar estadounidense a Ucrania.

Un acuerdo “muy degradado”

Desde entonces, el cumplimiento del tratado se ha basado en evaluaciones indirectas y en la confianza residual entre ambas partes. “La verificación ya estaba muy degradada”, reconoce Georgeault, “pero la desaparición del marco legal deja el terreno mucho más abierto”. Sin reglas comunes, advierte, aumenta el riesgo de errores de cálculo y de interpretaciones defensivas del comportamiento del otro.

Trump

El fin del New START no implica, al menos de momento, una expansión inmediata y masiva de los arsenales. Siguen pesando límites industriales, presupuestarios y estratégicos. Pero sí eleva los incentivos para reforzar capacidades y planificar escenarios de competencia más agresivos. “Sin transparencia, cada actor tiende a anticipar el peor escenario posible”, apunta la experta.

Rusia ha planteado la posibilidad de respetar de forma informal algunos límites durante un periodo transitorio, mientras se explora un nuevo marco negociador. En Estados Unidos, prefieren jugar a la ambigüedad. Trump ha dejado entrever que estaría dispuesto a negociar un acuerdo “mejor”, condicionado a la inclusión de China.

¿China dentro de un nuevo tratado?

Ese es uno de los principales obstáculos. El arsenal nuclear chino, aunque potente, es bastante inferior al de Rusia y Estados Unidos, y precisamente por eso Pekín considera injusto aceptar los mismos límites. “China está inmersa en un proceso de expansión y modernización de su arsenal”, explica Georgeault. “Plantear negociaciones trilaterales puede servir para presionar hacia compromisos graduales de transparencia, pero es poco realista pensar en un acuerdo equilibrado a corto plazo”.

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En Moscú, algunas figuras del entorno del Kremlin ya han comenzado a advertir de las consecuencias que podría tener la expiración del tratado. Entre ellas, Dmitri Medvedev, hoy miembro del Consejo de Seguridad ruso, que ha alertado del aumento de la inseguridad estratégica si no se establece un marco alternativo. Traducción: una carrera armamentística sin precedentes desde la Guerra Fría.

De momento, el escenario ya es más frágil e inseguro que ayer. Sin límites legales, sin inspecciones y sin necesidad de rendir cuentas, la estabilidad nuclear depende de decisiones políticas unilaterales y de equilibrios informales cada vez más precarios.

A partir de hoy, el mundo entra en una etapa inédita en las últimas cinco décadas. No porque las armas vayan a multiplicarse de forma automática, sino porque desaparece la última palanca que obligaba a las grandes potencias a rendir cuentas sobre su poder más destructivo.