Tras dieciocho meses escondida, reaparece con un diagnóstico severo. Sin reglas claras, sin garantías y sin una elección cuyo resultado sea respetado, cualquier negociación corre el riesgo de convertirse en una escenificación.
—No voy a hablar de dónde estuve en la clandestinidad. Tengo que proteger a quien me cuidó.
Delsa Solórzano (Caracas, 1971), dirigente de la oposición venezolana, regresó a la vida pública el 27 de enero tras dieciocho meses bajo resguardo. Entre el encierro y el regreso escribió un libro de cuentos, Relatos ocultos, que promete publicar cuando en Venezuela haya libertad. “Antes no. Allí narro lo que viví durante esos meses”.
Es diputada de la Asamblea Nacional electa en 2015 y presidenta de Encuentro Ciudadano, organización integrada en la PUD (Plataforma Unitaria Democrática), coalición que agrupa a los principales partidos de oposición.
Salió de la clandestinidad el martes 27 de enero y antes de que terminara la semana su agenda estaba llena. Concede entrevistas en el automóvil, mientras se desplaza de una reunión a otra y come, ya frío, su almuerzo vegetariano. El tiempo bajo resguardo parece haber auspiciado una revitalización de sus energías.

Recuerda el 28 de agosto de 2024. “A un mes de las elecciones presidenciales del 28 de julio, quedaban pocos dirigentes visibles en la calle. Muchos se habían ido. Otros se habían escondido. El día anterior habían detenido a Perkins Rocha. Antes, a Freddy Superlano y a muchos otros. De los dirigente más visibles quedábamos María Corina Machado, Biagio Pilieri, Juan Pablo Guanipa y yo.”
Ese 28 de agosto llegaron al punto de encuentro para subir al camión que los trasladaría. A Solórzano le extrañó que Pilieri no apareciera, aunque lo había visto estacionarse. Cuando finalmente llegó, dijo que lo estaban persiguiendo. Durante el trayecto los siguieron. También al bajarse. Ese día detuvieron a Pilieri. Guanipa y ella lograron escapar. Fue entonces cuando entendió que debía resguardarse.
El aprendizaje del silencio
—Mi familia y yo estábamos perseguidos, pero ese día tuve que irme de mi casa. Alejarme de todo. Aprender a guardar silencio sin dejar de trabajar por lo que creo. Un país donde se respeten los derechos humanos, donde haya institucionalidad y garantías constitucionales, donde todos podamos expresar nuestra opinión libremente, donde actuar dentro de la ley no sea un crimen.
Desde el 28 de agosto de 2024 hasta el 27 de enero de 2026 permaneció en un lugar seguro. Venía de dos campañas intensas, la primaria y la presidencial. Durante meses estuvo en la calle a tiempo completo, recorrió el país varias veces, participó en actos multitudinarios. De pronto pasó a la soledad. Cambió de vida, de hábitos, de expectativas, de contacto humano.

El país que dejó en agosto de 2024 mostraba en las calles su anhelo de democracia. Durante su clandestinidad, dice, el miedo se expandió. Miedo a ser encarcelado. A que detuvieran a un familiar. A ser delatado por un vecino. A que revisaran el teléfono en una alcabala. A la humillación, la tortura, la desaparición.
“Cuando salí encontró un país que no ha vencido del todo el temor, pero en el que prevalece una esperanza concreta de libertad. Una esperanza que exige unidad”.
Transición o cambio de sistema
Solórzano, que ha estudiado durante años los procesos de transición política, sostiene que no hay dos iguales. “Lo que comparten, eso sí, es la necesidad de reglas que garanticen la no repetición”.
—En Venezuela- afirma- todavía no puede hablarse de transición. Desde Estados Unidos se han descrito etapas y se habla de una fase de consolidación. Pero, a su juicio, una transición real solo es posible si hay un cambio de sistema. No basta con sustituir a una persona ni con introducir ajustes económicos. Se trata de una transformación profunda que garantice democracia y derechos.

Desde su perspectiva, ese cambio pasa por elecciones genuinas. “Una elección en la que los venezolanos puedan decidir y en la que su decisión sea respetada. Para ello, es indispensable avanzar en la reinstitucionalización del país”.
Los presos y las listas borrosas
Tras su regreso a Caracas se la ha visto en concentraciones de familiares de presos políticos.
—La situación es dolorosísima -dice-. Más que nunca porque el número ha crecido. El régimen habla de 800 liberaciones, pero no presenta listas. Según mis registros, hasta el jueves habían excarcelado 360 personas. Pero aún quedan cerca de 900 detenidos. Además hay desaparecidos. Madres que llevan años sin saber nada de sus hijos.
Menciona el caso de los llamados “gedeones”, personas que cumplieron su condena y recibieron boleta de excarcelación. Las autoridades avisaron a los familiares para que los buscaran, pero nunca aparecieron. Nadie informó adónde los trasladaron.
“En El Helicoide una mujer se me acercó llorando. A ella y a su esposo los detuvieron sin explicación. La llevaron a una casa clandestina, fue torturada y liberada días después. El esposo sigue preso y ella no sabe dónde está. También hay casos en los que, junto al funcionario investigado por corrupción, detienen al chofer o a terceros sin vínculo con el hecho. Todos acusados de terrorismo”.
Solórzano enfatiza que el 8 de enero se generó una expectativa cuando desde el poder se anunció la apertura de las cárceles para liberar los presos de conciencia. “Y eso no ocurrió. Solo han excarcelado, que además no es lo mismo, a menos de la mitad”.
La negociación pendiente
Al evaluar el clima político actual, subraya el papel de Estados Unidos y los contactos que mantiene con representantes del régimen venezolano. Toda transición, sostiene, implica negociación entre las partes.
Sin embargo, advierte que en esas conversaciones debe estar presente la voz de los venezolanos. De lo contrario, sería una escenificación que solo prolongue la permanencia del poder. Ya ocurrió antes, recuerda. “Y eso no puede repetirse“.
A su juicio, esa interlocución podría canalizarse a través de la Plataforma Unitaria Democrática, instancia que articuló las primarias y la estrategia electoral de 2024. “Eso es posible porque en la unidad existe un liderazgo legítimo”.
