Análisis

La donación de esperma en Europa ante un nuevo debate regulatorio

La circulación internacional de esperma y las normas nacionales distintas permiten un uso repetido sin un control único

La donación de esperma ha permitido durante décadas que miles de personas formen una familia. Sin embargo, una investigación reciente afirma que un único donante portador de una rara mutación genética relacionada con el cáncer llegó a engendrar al menos 197 hijos en distintos países del continente, revelando hasta qué punto la industria opera más allá de las fronteras nacionales.

El donante, que desconocía ser portador de una mutación en el gen TP53 asociada al síndrome de Li-Fraumeni, permaneció sano pese al elevado riesgo de cáncer que implica esta alteración genética. No ocurrió lo mismo con algunos de sus hijos: varios desarrollaron la enfermedad y algunos ya han fallecido. De acuerdo con la BBC, el esperma del hombre fue recogido por el European Sperm Bank, en Dinamarca, y posteriormente distribuido a 67 clínicas de fertilidad en 14 países europeos. La cifra final de menores afectados podría ser mayor, ya que no todos los Estados han aportado datos.

El banco reconoció que el uso del esperma fue excesivo y expresó su “más profunda simpatía” hacia las familias. También aseguró que la mutación no podía detectarse con los sistemas de cribado disponibles y que el donante fue bloqueado “inmediatamente” al conocerse el problema.

Reducción de jornada por cuidado de un hijo

Demanda creciente

Este caso extremo ha puesto el foco sobre un mercado en plena expansión. Según datos citados por la BBC, se prevé que el mercado europeo del esperma supere los 2.000 millones de libras en 2033. Dinamarca se ha consolidado como uno de los grandes exportadores, en parte debido a la escasez de donantes aptos.

La mayoría de los hombres que se ofrecen no superan los controles. Menos del cinco por ciento cumple los requisitos de calidad del esperma, que incluyen cantidad, movilidad, morfología y resistencia a la congelación. A ello se suman límites de edad y pruebas médicas y genéticas. El resultado es un número reducido de donantes capaces de abastecer una demanda cada vez mayor.

Sarah Norcross, directora del Progress Educational Trust, señaló a la BBC que esta escasez convierte el esperma en “un bien precioso”, lo que lleva a las clínicas y bancos a maximizar el uso de los donantes disponibles.

Cuando la elección no es aleatoria

Otro elemento clave es la selección de los donantes. Según explicó el profesor Allan Pacey a la BBC, los receptores pueden consultar perfiles con información física y personal, lo que provoca que algunos donantes sean mucho más solicitados que otros: “la gente está deslizando a izquierda y derecha cuando se trata de emparejar donantes”.

Esta lógica ha favorecido especialmente a Dinamarca. El país alberga algunos de los mayores bancos del mundo, como Cryos International. Su fundador, Ole Schou, afirmó al medio inglés que en la sociedad danesa existe “menos tabú” en torno a la donación y una tradición altruista que facilita la participación. También defendió que ciertos rasgos genéticos, como el pelo rubio o los ojos azules, influyen en la demanda internacional.

El problema surge cuando el esperma circula entre países con normativas diferentes. Algunos Estados limitan el número de hijos por donante y otros el número de familias, pero no existe un control transfronterizo efectivo. Esto permite que un mismo donante sea utilizado legalmente en varios países sin que ni él ni las familias sean plenamente conscientes del alcance.

Tras el caso del donante con la mutación TP53, Bélgica pidió a la Comisión Europea la creación de un registro común. El viceprimer ministro Frank Vandenbroucke describió el sector como el “Salvaje Oeste” y lamentó que la misión inicial de ayudar a formar familias haya derivado en “un auténtico negocio de la fertilidad”, según recogió la BBC.

Pruebas de reserva ovárica - Salud
La inseminación artificial de un óvulo (EFE)

Límites

El debate se amplía con otras polémicas. Según Euronews, circuló en redes sociales la afirmación de que Dinamarca exige un coeficiente intelectual mínimo de 85 a los donantes. La información es falsa a nivel nacional, aunque un banco concreto, Donor Network, sí aplica ese criterio, junto con el rechazo a personas con antecedentes penales. Su director, Jakub Knudsen, afirmó que, hasta donde saben, son “el único banco del mundo con estos requisitos”.

En este contexto, el bioeticista John Appleby, de la Universidad de Lancaster, describió a la BBC el uso masivo del esperma de un mismo donante como un “enorme campo minado ético”, donde entran en juego cuestiones de identidad, privacidad y consentimiento. Aunque considera que la industria debe asumir mayor responsabilidad, reconoce que establecer reglas globales será “muy difícil”.

El caso investigado no cuestiona la donación de esperma en sí, pero sí expone los límites de un sistema que ha crecido más rápido que su regulación.

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