Estados Unidos

Los mensajes borracha que llevaron a una presunta espía rusa a prisión

Sus abogados atribuyeron la conducta errática al consumo de alcohol, pero gracias a ello el FBI descubrió que era una agente doble

La madrugada del 2 de diciembre durante una audiencia de emergencia, un juez federal en Estados Unidos decidió revocar la fianza de Nomma Zarubina y ordenar su ingreso inmediato en un centro de detención preventiva. La razón no fue una nueva acusación formal, sino la reiteración de una conducta que ya había condicionado su libertad: el envío constante de mensajes de texto amenazantes y erráticos, en estado de ebriedad, a un agente del FBI directamente involucrado en su caso.

Zarubina, de 34 años, conocida por las autoridades bajo el nombre en clave “Alisa”, había sido arrestada por primera vez en diciembre de 2024. Desde entonces, su proceso judicial se fue complicando. En abril de 2025, un gran jurado añadió cargos por presuntamente transportar mujeres a través de fronteras estatales con fines de prostitución. Para julio, la fiscalía ya advertía que la acusada acosaba de forma persistente al denominado “Agente de Caso 1” del FBI mediante mensajes interminables.

Los mensajes que la delataron

Algunos de esos textos, incluidos en los expedientes judiciales, reflejan un tono paranoico. “Estoy bajo vigilancia rusa en el consulado. Llámame. Puedo darte la foto. Me vigilan… Te necesito. Me están jodiendo el cerebro”, escribió Zarubina en uno de los mensajes enviados al agente. En otro, más agresivo: “Tú eres una puta”.

Nomma Zarubina
Facebook: Nomma Zarubina

¿Espía rusa?

Pese a este comportamiento, la acusada evitó inicialmente la prisión preventiva. El tribunal optó por imponerle condiciones estrictas, entre ellas someterse a una evaluación psicológica. Sin embargo, el acoso no cesó. Según la fiscalía, el 13 de septiembre de 2025 envió alrededor de 50 mensajes adicionales, muchos de ellos durante la madrugada. Sus abogados atribuyeron la conducta al consumo de alcohol y al estrés acumulado por el proceso judicial y la atención mediática. Como respuesta, el tribunal ordenó una evaluación ambulatoria y tratamiento por abuso de alcohol, además de la prohibición absoluta de consumir bebidas alcohólicas.

La paciencia de la fiscalía se agotó en noviembre, cuando se presentaron nuevas denuncias por el envío de más mensajes, pese a las advertencias previas del tribunal. Esa reiteración fue clave para la decisión adoptada en la audiencia de emergencia de diciembre: la revocación de la fianza y el traslado de Zarubina a detención preventiva.

El caso ha despertado atención no solo por el comportamiento errático que terminó por hundir su estrategia de defensa, sino también por el perfil público que Zarubina había construido durante años. Nacida en 1990 en Tomsk, Rusia, obtuvo una maestría en seguridad internacional en la Academia Rusa de Economía Nacional y Administración Pública. En 2016 se trasladó a Estados Unidos, donde se casó y tuvo una hija.

Con el tiempo, se presentó como una voz creíble en círculos anti-Kremlin. Participó en paneles organizados por las Naciones Libres de la Post-Rusia y habló en eventos en la Colina del Parlamento en Ottawa, donde compartió escenario con la exdiputada del Parlamento Europeo Anna Fotyga y otros funcionarios y analistas. Esa presencia le permitió cultivar una apariencia de legitimidad que le abrió puertas en ámbitos políticos y académicos, aunque, según los investigadores, no logró disipar todas las sospechas sobre sus verdaderas lealtades.

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Las acusaciones de espionaje

Para los fiscales, la trayectoria de Zarubina es un ejemplo de cómo una operación que se movía entre el activismo político y las acusaciones de espionaje terminó descarrilando por causas internas. De infiltrarse en eventos y foros críticos con el Kremlin, pasó a convertirse en una acusada que, según la fiscalía, arruinó su propia situación legal con mensajes enviados bajo los efectos del alcohol y un comportamiento cada vez más imprevisible.

Incluso su defensa ha reconocido que el problema central no fue un nuevo delito concreto, sino la incapacidad de cumplir con las condiciones mínimas impuestas por el tribunal. En palabras de su abogado, los mensajes eran “en gran medida un subproducto de que ella estuviera intoxicada y enviara mensajes al agente mientras estaba borracha”, una explicación que, esta vez, no bastó para evitar la cárcel.

Ahora, a la espera de los próximos pasos judiciales, Zarubina permanece detenida.

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