Madeleine Westerhout ocupó durante años una de las posiciones más delicadas del poder en Washington: fue asistente ejecutiva y luego directora de Operaciones del Despacho Oval para Donald Trump. Su oficina estaba justo frente a la puerta del presidente estadounidense, que llegó al poder en enero de 2017 tras ganar sus primeras elecciones en noviembre de 2016. Era, en palabras del propio Trump, “la llave”, “el secreto”, la guardiana del acceso al hombre más poderoso del país. Y, sin embargo, en los márgenes de ese poder -en correos privados, mensajes de texto y borradores de libros que hoy reaparecen en los archivos del difunto pederasta Jeffrey Epstein– su figura queda reducida a objeto de burla, deseo o desprecio por parte de algunos de los hombres más influyentes del entorno trumpista.
Los documentos desclasificados este viernes en el marco de la investigación sobre Epstein, el financiero acusado de tráfico sexual de menores, no revelan delitos cometidos por Westerhout. Pero sí la cultura interna de un círculo político que hablaba de las mujeres de la Casa Blanca ya fueran empleadas, esposas o hijas, con tono machista, ordinario y, en ocasiones, abiertamente obsceno.
Quién es Madeleine Westerhout
Westerhout salió del Comité Nacional Republicano y aterrizó en el universo Trump. Durante la transición presidencial fue vista a menudo en la Torre Trump de Nueva York escoltando a visitantes; Michael Wolff la describió en un correo a Epstein como “la chica del ascensor”. Pronto pasó a convertirse en asistente personal del presidente y, con el tiempo, en una pieza central del funcionamiento diario del Despacho Oval. Tenía 28 años cuando asumió ese rol. Trump se refería a ella públicamente como “mi belleza”.

En una conversación fechada el 30 de diciembre de 2018 entre Steve Bannon -ex estratega jefe de Trump- y Jeffrey Epstein, ambos se refieren a Westerhout con términos explícitamente sexuales y despectivos. Bannon la llama recepcionista y la describe como buena chica e incompetente. Epstein la tacha de “kneepads” (rodilleras), haciendo el “trabajo de dios”, comentarios que trivializan y cosifican a las mujeres del entorno presidencial. Pero así es cómo ciertos hombres con acceso directo al poder se permitían hablar de trabajadoras de la Casa Blanca durante la primera presidencia de Trump.

Ese mismo tono aparece en referencias a Melania Trump y a Ivanka Trump. En esos mensajes, Ivanka es descrita como la única que “sabe cómo tratar” a su padre; Melania Trump, la actual primera dama, aparece como una figura distante, irritada, al margen. La intimidad familiar del presidente es puro chisme político, y las mujeres que lo rodean quedan reducidas a estereotipos funcionales al ego masculino que domina la conversación.
En el libro de Michael Wolff
El nombre de Westerhout reaparece también en correos de Michael Wolff a Epstein, mientras el periodista trabajaba en uno de sus libros sobre Trump. En un borrador enviado en enero de 2019 al pederasta para preguntarle qué le parecía este pasaje, Wolff describe una escena en la que Westerhout sube documentos a la residencia presidencial y encuentra a Trump en ropa interior. En ese mismo texto se sugiere que el presidente contaba a amigos que se quedaba en la Casa Blanca porque estaba “acostándose” con ella. Wolff plantea la duda: ¿bravuconería de vestuario, fanfarronería en medio del cierre del Gobierno o una realidad alternativa construida por Trump?

Nada en los archivos prueba una relación entre Trump y Westerhout. Lo que sí muestran es cómo se hablaba de ella, cómo su cercanía profesional al presidente era reinterpretada por hombres externos como una historia sexual conveniente para alimentar rumores, libros y conspiraciones.
En agosto de 2019, fue despedida abruptamente. Trump supo que había conversado con periodistas en una cena off the record, en la que, según CBS News, había bebido y presumido de su acceso al presidente durante unas vacaciones en Bedminster. Fue suficiente. Tras trabajar con él desde el primer día de su presidencia y ocupar un puesto valorado en 145.000 dólares anuales, salió de la Casa Blanca sin ceremonia ni defensa pública.
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— Madeleine Westerhout (@mewesterhout) July 28, 2020
Meses después, Westerhout escribió un libro sobre ello. En 2020 publicó “Off the Record”, unas memorias sobre su tiempo en la Casa Blanca en lo que ella describe como “su trabajo soñado” y ahonda en lo que perdió y lo que aprendió.
Madeleine Westerhout después de la Casa Blanca
Hoy es vicepresidenta y jefa de gabinete del presidente de American Global Strategies LLC. En su web resumen su currículum recordando que fue “asistente especial del presidente y asistente ejecutiva del presidente de Estados Unidos, donde desempeñó la función de principal filtro del presidente Donald J. Trump”. En este cargo, “gestionaba las llamadas del presidente, su agenda y el funcionamiento general del Despacho Oval”.
It was such a joy to do this interview with the Upper Room Presents! Take a look. https://t.co/cWi25Chl2S via @YouTube
— Madeleine Westerhout (@mewesterhout) October 13, 2020
También recuerda que fue “ascendida a asistente especial del presidente y directora de operaciones del Despacho Oval”. Describe su puesto como el “enlace entre el Despacho Oval y las oficinas del Ala Oeste, los secretarios del Gabinete, los miembros del Congreso, la campaña de reelección del presidente, el comité nacional del partido y muchas otras partes interesadas”. Asimismo, “tuvo el privilegio de organizar los viajes al extranjero tanto del presidente Trump como de la primera dama Melania Trump“.
