El PP tiene motivos para estar preocupado (y lo está), pero menos que el PSOE (que continúa arrastrándose por su suelo electoral). Las elecciones de Aragón celebradas ayer dejaron una triple lectura: el PP es la formación mayoritaria (consiguió otra victoria, aunque pírrica), el PSOE encajó otro resultado de mínimos y Vox, disparado, volvió a ser el gran beneficiado del desgastado mandato de Pedro Sánchez.
Los populares confiaban en que Aragón proyectara —al menos igual que Extremadura— un cambio de ciclo político que pudiera entenderse como el anticipo de un relevo inminente en el Palacio de la Moncloa. Pero el resultado no fue el esperado.
Elecciones AragónNº de Diputados
escrutado
34 escaños
Si bien el PP pudo celebrar otra victoria, ni pudo mejorar sus datos respecto a los de 2023 (pasó de 28 a 26 escaños y cayó un 1,24% en votos) ni pudo liberarse de Vox (que dobló sus escaños, de 7 a 14 parlamentarios). Jorge Azcón, por tanto, tendrá que negociar en peores condiciones con Vox para revalidar la presidencia del Gobierno de Aragón. En todo caso, Azcón interpretó el guion que hubiera querido Alberto Núñez Feijóo tras cerrarse el escrutinio: “Hoy desde Aragón decimos también tic-tac, tic-tac, el sanchismo se acaba”.
Las señales de Aragón
En efecto, hay motivos de sobras para pensar que el sanchismo transita por una pendiente hacia la puerta de salida de Moncloa. Los hay porque todas las encuestas (salvo el CIS) detectan que la suma de PP y Vox (ayer por encima del 52% de los votos) supera con holgura la mayoría absoluta a nivel nacional.
Y los hay porque las dos recientes citas electorales, tanto la de Extremadura del pasado 21 de diciembre como la de Aragón, han dejado a la vista el severo desgaste de las siglas de un PSOE en mínimos: cosechó una debacle histórica en Extremadura y se asomó anoche en Aragón a su peor resultado (18 escaños, aunque con más votos que en 2015).
El proceso electoral de Aragón, en todo caso, es una señal más creíble que la de Extremadura. Para el PP porque, en este caso, la campaña no se diseñó a medida del candidato (a diferencia de lo ocurrido con María Guardiola), sino que la dirección nacional participó de lleno. Y aún más importante: la estrategia de avanzar elecciones autonómicas para alzarse como un partido que roza la mayoría absoluta no ha funcionado.
“Tal y como está el país, que perdamos escaños es inconcebible”, lamentaron algunas voces del PP, contrariadas por retroceder de 28 a 26 escaños. Y más aún: “Esto es un desastre. ¿En qué momento permites que se convoquen unas elecciones para bajar escaños?”
Las fugas en el PSOE
El PSOE, por su parte, no pudo tener peores noticias porque presentó a la contienda de Aragón a una candidata completamente identificada con Sánchez como la exministra y exportavoz Pilar Alegría, que se anotó un nefasto resultado electoral.
Los socialistas ya están examinando cómo y por qué han perdido unos 40.000 votos (y un 5%) en Aragón. Y las primeras conclusiones no son muy tranquilizadoras, puesto que las fugas se producen en todos los sentidos: hay un electorado socialista que se desmoviliza, hay otro que se marcha a otras opciones de izquierda (la Chunta Aragonesista pasó de 3 a 6 escaños) y también lo hay que se marcha a la derecha, al PP y —atención— también a Vox.
Así las cosas, tanto PP como PSOE tienen hoy que preguntarse —y hacerlo muy seriamente— qué estrategia política deben seguir unos y otros si quieren evitar que Vox siga engordando antes de la celebración de las próximas elecciones generales.
Es obvio que los de Santiago Abascal solo hacen que crecer y así lo celebran en cada noche electoral. En Aragón avanzaron anoche un +6,6% (del 11,24% al 17,88% de los votos) mientras que en Extremadura también se anotaron un avance de +8,77% (del 8,13% al 16,90% de los votos). ¿Han tocado techo? Por el momento, no lo parece.
