La ONU se alarma por el retroceso de los derechos de las mujeres en uno de cada cuatro países. El debilitamiento de las instituciones democráticas, las nuevas tecnologías y el cambio climático figuran entre los factores de amenaza. Aunque la representación femenina en los parlamentos se ha más que duplicado desde 1995, tres cuartas partes de los parlamentarios siguen siendo hombres.
Las diferencias en materia de empleo llevan décadas estancadas. Aproximadamente el 63% de las mujeres de entre 25 y 54 años tienen un trabajo remunerado, frente al 92% de los hombres. Según las cifras de la ONU, los casos de violencia sexual relacionada con los conflictos han aumentado un 50% en diez años, y el 95% de las víctimas son menores. A nivel mundial, la violencia contra las mujeres y las niñas se mantiene en niveles alarmantes. 840 millones de mujeres, es decir, una de cada tres, han sido víctimas alguna vez en su vida de violencia física o sexual por parte de su pareja, o de violencia sexual por parte de otro agresor.

Mujeres y poder en 2026
En 2026, se observarán dinámicas contrastadas para las mujeres en el poder: por un lado, un retroceso en algunas instancias políticas mundiales y europeas (menos países que alcanzan la paridad ministerial, estancamiento/descenso de la representación), acentuado por políticas presupuestarias percibidas como perjudiciales para los sectores feminizados, como la educación y la salud. Por otro lado, avances notables en Europa con la extensión de la paridad a los pequeños municipios y las cuotas para los comités de dirección de las empresas (objetivo del 30% de mujeres en puestos directivos). El término «retroceso» es, por tanto, relativo, ya que refleja tanto algunas resistencias globales como avances legislativos específicos.
En política internacional, menos países han alcanzado la paridad ministerial en 2025 en comparación con 2024, y ha aumentado el número de países sin ninguna mujer ministra. En los Estados miembros de la Unión Europea persisten las desigualdades, con la violencia de género y la discriminación salarial aún presentes, lo que ha llevado a la elaboración de estrategias para la igualdad (2026-2030). Además, tanto en Europa como en el resto del mundo, se está produciendo un auge de los movimientos conservadores, se analiza una «reacción violenta» (backlash, en inglés) mundial contra los derechos de las mujeres, que busca frenar los avances: así lo demuestra la eclosión de los partidarios y aliados de Abascal en España, Trump en EE UU, Orbán en Hungría, Erdogan en Turquía y, más recientemente, Kast en Chile.

Las consecuencias son visibles en términos de retroceso de los derechos de las mujeres en 2025, un fenómeno agravado por los conflictos y el debilitamiento de las democracias. Las mujeres líderes y defensoras de los derechos humanos son objeto de amenazas y represalias, y aumenta la violencia política contra las mujeres y las niñas. Si bien se han logrado avances notables en los últimos 30 años, especialmente en materia de educación y legislación, el año 2025 y el futuro 2026 muestran una fuerte resistencia y un retroceso en la representación política y los derechos fundamentales, lo que requiere una movilización internacional para invertir la tendencia. Una movilización más que necesaria ante el machismo que se endurece al frente de muchos países, occidentales y no occidentales.
Tanto en España como en otros lugares, la infrarrepresentación de las mujeres persiste en la vida pública y la economía. Aunque hay mujeres en el poder, siguen siendo minoría en los parlamentos y los ejecutivos de todo el mundo, lo que frena la igualdad de género. Por otra parte, en el ámbito institucional, las mujeres elegidas en las elecciones locales son objeto de agresiones, lo que pone de relieve la inadecuación de las estructuras para gestionar la seguridad, un problema que a menudo está relacionado con el género en el liderazgo.

Aunque no existe una lista oficial de «líderes machistas» al nivel internacional, el término hace referencia a figuras influyentes (políticas, culturales, económicas) que perpetúan actitudes, comportamientos o estructuras que favorecen la dominación masculina, especialmente en sectores como la cultura o los bailes latinos, donde hay iniciativas que tratan de romper estos códigos, lo que demuestra que la lucha contra el machismo sigue siendo relevante frente a estos líderes. La lista sería demasiado larga, pero podemos mencionar algunas figuras machistas internacionales que marcarán la actualidad de este año.
En este año 2026, las mujeres seguirán estando alejadas del liderazgo internacional en todos los continentes. La causa es la cultura política, ya que la sociología política nos enseña que, cuando un Estado se encuentra en situación de crisis, los viejos esquemas con tintes sexistas atribuyen los poderes soberanos a los hombres. Las elecciones presidenciales, generales o nacionales que se celebraron en muchos países en 2025 lo confirman.

La amenaza de una guerra o una crisis aguda empuja al electorado, tanto masculino como femenino, a elegir a un representante masculino. La guerra y la paz incierta en Ucrania han contribuido a la consolidación de la masculinidad en el poder. Así, Trump, conocido por sus múltiples insultos sexistas —apenas velados— hacia sus homólogas femeninas, cedió poco protagonismo a las mujeres durante la reunión entre los equipos de Zelenski y Trump en Mar-a-Lago el pasado 28 de diciembre. Sin embargo, cabe destacar una paradoja —y, sin duda, una esperanza—. Son figuras femeninas las que se oponen, como pueden, a los viriles amos de la Casa Blanca (Trump), del Kremlin (Putin) o de Zhongnanhai (Xi Jinping), como las europeas Von der Leyen y Mette Frederiksen o la mexicana Claudia Sheinbaum. Pero en este mundo de testosterona política, están muy solas.
Muy solas cuando sus homólogos conservadores adoptan políticas o pronuncian discursos que perjudican la causa de las mujeres. Así pues, Sanae Takaichi, la primera ministra de Japón, es menos directamente sexista, ha manifestado su negativa a comprometerse públicamente con las cuestiones de género, lo que suscita inquietudes sobre una postura conservadora hacia la igualdad entre hombres y mujeres. Por su parte, Giorgia Meloni encarna una forma de «feminismo nacionalista» que valora a la mujer como madre y pilar de la nación, al tiempo que se opone a los avances sociales progresistas.

En 2026, el machismo en el poder internacional seguirá siendo una realidad compleja y persistente a escala mundial, a pesar de los avances feministas —especialmente en España— que denuncian la violencia patriarcal y reivindican la autonomía corporal, lo que ilustra la lucha contra el machismo sistémico. Un machismo que se manifiesta en la infrarrepresentación de las mujeres en los puestos de decisión, el aumento de la violencia sexista contra las mujeres elegidas y la lucha continua por la igualdad salarial y de trato, con países como Islandia a la vanguardia, pero con importantes retos aún por superar en muchas democracias y más allá, que requieren medidas para combatir el sexismo y transformar las mentalidades.


