Del Ejército de Tierra al estadio de biatlón de Candanchú, el único de España. Allí compite la brigada Mónica Sáez, que ingresó en las Fuerzas Armadas a finales de los noventa, llegó destinada a Jaca en 2006 y ha dominado el fondo nórdico en los campeonatos militares de esquí. Pero su vida deportiva no es la de una profesional: trabaja en comunicaciones durante la semana, compite los fines de semana y asegura que “todo es fruto de mi esfuerzo”. Con casi tres décadas de servicio a sus espaldas, esta militar fue entrevistada por Artículo14, que tuvo la oportunidad de conocer de primera mano cómo compagina la carrera militar con la competición de élite.
¿Cómo ha sido su trayectoria desde entonces?
Ingresé en las Fuerzas Armadas en 1998 y enseguida me di cuenta de que era mi sitio, así que quise promocionar para ser militar de carrera. En 2004 empecé en la Academia de Suboficiales y en 2006 salí destinada a Jaca, donde empezó mi carrera militar.
Por adaptaciones orgánicas he tenido cambios de destino forzosos y he vivido en otras ciudades, pero intentaba volver a Jaca los fines de semana para seguir entrenando. Cuando he podido regresar destinada, siempre lo he hecho. Ahora mismo mi destino está en Jaca.

¿En qué consiste la labor de la Escuela Militar de Montaña?
En la plaza de Jaca hay dos grandes unidades: el Regimiento de Cazadores de Montaña Galicia 64 y la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales. Son unidades que dedican parte de su tiempo a la instrucción en montaña. El equipo militar de esquí del Ejército de Tierra tiene su sede en la Escuela, y parte de su personal forma parte del equipo, ya sea como técnico o como corredor.
El equipo ha celebrado recientemente su 40 aniversario y está muy consolidado. Además de las competiciones internacionales, está muy vinculado a la población civil: participamos en muchas competiciones civiles para preparar los campeonatos y estamos muy integrados en los deportes de invierno de la sociedad civil.
¿En qué consiste su trabajo diario?
Compagino las tareas propias de mi puesto con mi actividad deportiva, pero las competiciones son los fines de semana. Durante la semana trabajo en el centro de comunicaciones, que opera y mantiene las redes permanentes y los servicios de telecomunicaciones del cuartelamiento y de los emplazamientos a los que damos servicio.
¿Qué le aporta el Ejército a su carrera deportiva que no tendría como atleta civil?
Es una pregunta muy importante, porque en la carrera deportiva cualquier cosa que se salga de los entrenamientos y la competición la perjudica. El Ejército me ha aportado estabilidad laboral. En determinados periodos me ha perjudicado: una misión internacional supone seis meses fuera de la competición, el periodo de academia te corta la preparación y los cambios de destino forzosos me impiden subir a entrenar al estadio de Candanchú, que está a 30 minutos de Jaca.
Pero cuando tu vida deportiva se está acabando, tienes una carrera militar consolidada. Tengo que pensar que mi carrera deportiva está acabando, y que me quedan mi trabajo y mi estabilidad laboral.

Lleva varios años dominando el fondo nórdico en los campeonatos militares de esquí. ¿Qué se siente al cruzar la línea de meta?
El equipo militar de esquí participa en muchas competiciones civiles para preparar los campeonatos nacionales militares, que son dos o tres salidas al año. Compito con gente militar y con gente civil, y me da mucha satisfacción. Dentro del ámbito militar hay muy poca gente que practique el esquí de fondo y el biatlón, porque este exige una carabina y un estadio, y solo hay uno en España, en Candanchú. Quien no vive cerca de Jaca no puede practicarlo. Es un deporte muy minoritario entre los militares.
El biatlón combina esquí y tiro. ¿Cómo se gestiona la presión del disparo tras un esfuerzo físico intenso?
En biatlón nunca sabes quién va a ganar. No es como una carrera de cross o de montaña, donde normalmente gana el más fuerte, porque depende mucho del tiro. Todo el mundo lo tiene muy entrenado, pero tirar con pulsaciones altas es muy difícil, y por eso es tan atractivo: nunca sabes cómo te va a ir.
¿Qué papel juega el deporte en la integración de la mujer dentro de las Fuerzas Armadas?
La mujer forma parte de todo, de cualquier proyecto dentro de las Fuerzas Armadas. Con el deporte también hemos unido lazos y nos hemos hecho un hueco.
Usted entró en 1998. ¿Ha cambiado la percepción que tienen los compañeros de las militares a lo largo de estos años?
Yo nunca he tenido la percepción de estar mal vista. Como en todos los sitios, hay gente buena y gente no tan buena o envidiosa, pero eso está en toda la sociedad. En el deporte no veo ninguna razón para sentirse discriminada, y yo nunca me he sentido así.

¿Cree que el deporte de élite abre puertas dentro de la carrera militar o es un camino paralelo que no siempre suma?
Creo que hay que elegir. Si eliges promocionarte profesionalmente, no tienes tiempo para otra cosa, y si te dedicas al deporte de competición, tampoco. No caben las dos cosas. Yo he renunciado a cursos, a misiones y a promocionar más por mi carrera deportiva. Hay que elegir en la vida.
¿Cree que hace falta más apoyo a los deportistas militares?
Totalmente. Estamos esperando a que publiquen una orden ministerial que creo que tendrá algo más de fuerza, pero los deportistas militares no tenemos muchos apoyos y tenemos que buscarnos la vida.
Yo no tengo más facilidades que dejarme ir a una competición el fin de semana, y eso es mi tiempo libre. Todo es fruto de mi esfuerzo, de mi tiempo libre y de sacrificar tiempo de mi familia. Un deportista de alto rendimiento no puede entrenar solo en la hora y media de gimnasia como todo el mundo. Necesita más amplitud de horario, sin tener que entrenar a la una del mediodía quitándole tiempo a la comida. Debería estar regulado que entrenar y competir se puedan hacer dentro de la jornada laboral, sin dejar de cumplir las tareas del puesto.

