Mariam Naficy lleva más de dos décadas explorando la intersección entre tecnología, creatividad y comercio. Tras fundar Eve.com y transformar el diseño colaborativo con Minted, la empresaria estadounidense impulsa ahora Arcade, una plataforma que utiliza inteligencia artificial para diseñar y producir objetos físicos bajo demanda. Naficy se mueve al borde del precipicio que separa la tecnología de la creatividad, lo digital de lo analógico, el dato del deseo. No es una frontera cómoda. Tampoco un lugar donde quedarse quieta.
Con Arcade el objetivo es permitir que cualquier persona diseñe y compre objetos únicos, desde textiles hasta cerámica, dialogando con una máquina. “He fundado una empresa llamada Arcade, una plataforma de creación de productos donde, si puedes soñarlo, puedes tenerlo“, resume Naficy. “Conectamos a consumidores creativos con fabricantes de alta calidad y usamos la IA para que puedan comunicarse a través de imágenes“, añade.
En términos simples, Arcade funciona como un estudio de diseño algorítmico abierto al público. En términos económicos, aspira a convertirse en un nuevo eslabón en la cadena de intermediación entre consumidores, creadores y fabricantes, dentro del mercado del hogar y la decoración, históricamente fragmentado y poco digitalizado.

Funcionamiento
La propuesta de valor se apoya en sustituir la búsqueda por la conversación. “En lugar de navegar durante horas por páginas y páginas buscando el cojín marrón chocolate perfecto, puedes describir exactamente lo que quieres y verlo aparecer al instante”, explica Naficy. “Queremos fomentar la personalización y hacer que la búsqueda online sea más fácil”. Arcade no quiere ser un catálogo infinito, se trata de buscar atajos hacia el deseo del consumidor.
Detrás de esa aparente simplicidad hay una arquitectura técnica compleja. Los modelos generativos de Arcade traducen texto e imágenes en diseños viables, los conectan con fabricantes reales y asignan un precio de compra casi inmediato. “Es añadir a la larga lista de cosas que puede hacer la IA el desarrollo de productos“, resume Naficy.
Inmersión tecnológica
Aunque su trayectoria está asociada al diseño y al comercio, Naficy pasa hoy gran parte del día en territorio puramente tecnológico. “Probablemente no se ve en mi perfil hasta qué punto estoy inmersa en la tecnología ahora”, admite: “Mucho más que cuando dirigía Minted”.
Su rutina oscila entre dos mundos. “Un minuto estoy en una llamada con una diseñadora de interiores hablando de cómo llevar un producto al mercado. Al siguiente, trabajo con el equipo de IA para resolver un problema de generación de imágenes o escribo extensiones de prompts para mejorar los resultados”. En ese vaivén se define el tipo de empresa que quiere construir. “Vivo en un ir y venir constante entre el mundo del diseño y la aplicación más avanzada de la IA a la experiencia del consumidor”, dice. “Ahí es donde creo que está el futuro”, reconoce.
Artistas dentro del algoritmo
Uno de los puntos más sensibles del proyecto es el uso de estilos artísticos entrenados por inteligencia artificial. En un contexto de creciente conflicto entre creadores y plataformas tecnológicas, Naficy subraya que Arcade se basa en acuerdos explícitos. “Nuestro modelo generativo se ha entrenado con el trabajo de artistas que aceptaron participar y enviaron sus portafolios”, explica. “Si un usuario crea y compra un producto que utiliza la aportación de un artista, este artista recibe una parte de la venta”, asegura.

No concreta el porcentaje ni el alcance exacto de la aportación, pero sí establece una comparación: “Es superior a lo que suele ofrecer una marca minorista en un acuerdo de licencia, que normalmente está entre el 5% y el 6%”.
Para Naficy, este sistema no es solo una cuestión ética, sino económica. “Si los artistas no participan del valor que se genera, el modelo no es sostenible“. Su proyecto favorito dentro de Arcade refleja bien esa lógica. “Ha sido trabajar en nuestros modelos de artista“, cuenta. “Colaboré con creadores que conocía de mi etapa en Minted y, con su permiso, entrenamos modelos con su obra”, justifica.
Desafío económico
Ella misma se implicó en el proceso: “Seleccioné los datos de entrenamiento y diseñé los prompts para extraer los mejores resultados”. El resultado es una síntesis poco habitual. “Hemos usado el cerebro de comerciante y, al mismo tiempo, trabajamos con tecnologías de IA para asegurarnos de que el diseño se materialice”, asevera.
El otro pilar del sistema son los fabricantes. Arcade no produce nada. Colabora con talleres y casas históricas como la francesa Christofle, la firma marroquí Salam Hello o el fabricante de muebles Crafted Glory. “Ellos reciben la mayor parte de los ingresos de cada pedido“, explica Naficy. Arcade se queda con una comisión fija del 20%, un modelo transparente en un sector acostumbrado a márgenes opacos.
El mayor desafío económico es el precio. “Reclutamos a los fabricantes, los probamos exhaustivamente y negociamos con ellos los precios”, explica. “Después integramos esas fórmulas en nuestros modelos”, añade. La empresa ha registrado dos patentes para esta tecnología, a la que llama prompt to price. En la práctica, el sistema genera precios que oscilan desde unos 20 dólares por una funda de cojín impresa digitalmente hasta casi 1.000 dólares por una alfombra marroquí. En piezas más complejas, el usuario debe solicitar un presupuesto directo al fabricante.
Transformación
El lanzamiento de Arcade no ha sido lineal. La plataforma debutó en versión beta con joyería, atrajo atención mediática y, poco después, fue retirada. “Descubrimos que la gente sufría ansiedad ante la página en blanco“, reconoce Naficy. “Es muy difícil para la mayoría de las personas describir un producto desde cero”. La solución fue guiar más al usuario. “Sentimos que teníamos que llenar el sitio con puntos de partida que se pudieran editar”, explica. “Hemos ido incorporando diseños creados por la comunidad y lanzamos un agente que ayuda a conducir el proceso”.
Ese agente, llamado Maia, funciona como un asistente conversacional especializado en diseño de objetos. Si no logra afinar el resultado, la plataforma permite que un diseñador humano intervenga. Aunque Arcade está pensada para el público general, Naficy ve un potencial claro en el ámbito profesional. “Un uso sencillo es crear algo personalizado con un cliente”, dice. “Pero hay otro más potente que son los diseñadores que pueden lanzar rápidamente una línea completa basada en su estética y producirla bajo demanda”.
El proyecto no está exento de críticas. En un momento en que la IA generativa empieza a saturar redes sociales y mercados creativos, parte del público reacciona con desconfianza. Naficy lo asume. “Creo que parte del rechazo es un acto reflejo, no tanto de cómo funciona realmente la plataforma”. Las incógnitas de fondo siguen abiertas. “Este es un campo completamente nuevo”, admite. “Nadie sabe cómo se hace esto porque nadie lo ha hecho antes“. Su conclusión es prudente. “No sabemos cómo reaccionarán los consumidores. Es un proceso de aprendizaje continuo”.
Una biografía entre mundos
La historia personal de Naficy ayuda a entender su mirada. Nació en Irán y pasó su infancia en cinco países de Oriente Próximo y África. A los nueve años, tras la Revolución Islámica, huyó con su familia a Estados Unidos, dejando todas sus pertenencias atrás. Esa experiencia de desarraigo y mezcla cultural marcó su trayectoria. Minted, fundada en 2007, se construyó sobre un modelo de concursos abiertos que permitió descubrir talento oculto y llevarlo a más de 40 millones de hogares.
Antes, Naficy había sido directiva en The Body Shop y vicepresidenta fundadora de Movielink, uno de los primeros servicios de streaming impulsados por los grandes estudios de Hollywood. Ha sido reconocida por Fortune y Fast Company, y participa activamente en consejos de administración y organizaciones sociales.
Hoy, con Arcade, vuelve a situarse en terreno incierto. “La tecnología cambia, pero la pregunta es siempre la misma: ¿cómo usarla para amplificar la creatividad humana, no para sustituirla?”, zanja.


